Como en la Copa: Coudet volvió a perder y no encuentra la fórmula para ganarle a River

Fuente: LA NACION - Crédito: Daniel Jayo
Nicolás Zuberman
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10 de febrero de 2019  • 22:05

"No me puedo perdonar que un equipo mío sea tan liviano. Le quiero pedir disculpas a la gente porque no estuvimos a la altura. Estos partidos se juegan al 100. Nosotros no jugamos al 100". La frase es de Eduardo Coudet , después de la derrota por 3 a 0 ante River, por Copa Libertadores, en agosto pasado. Seis meses después, cuando Racing llegaba al Monumental para revalidar su chapa de puntero y candidato, volvió a mostrar esa cara. Se fue de Núñez con un 2 a 0 que lo lastima: por momentos la diferencia de actitud, intensidad y juego fue otra vez notoria.

Para Coudet este partido era un desafío casi personal. Desde el domingo pasado se ocupó en cada entrevista de marcar que Marcelo Gallardo era el mejor entrenador de América. Y que partidos importantes, como estos, son los que definen a los equipos importantes. Estudió detenidamente a River, pensó mil veces cuál era la mejor manera de lastimarlo. Como nunca, probó distintos sistemas y nombres en la semana. Decidió dejar a Ricardo Centurión , el jugador al que había bancado siempre, en el banco de los suplentes. Jugó a mentirse con Gallardo para intentar influir en el armado del sistema millonario. Pero todo terminó igual que en el cruce de octavos de final.

Esta vez salió a jugar al Monumental con Marcelo Díaz metido entre los centrales y Neri Cardozo como volante por izquierda. La intención pareció ser bajarle el ritmo al partido, impedir que River imponga su intensidad. Durante la primera hora funcionó, hasta que Juan Fernando Quintero rompió el partido con ese zurdazo formidable. Después de eso el puntero nunca apareció. "No es una revancha con River ni con sus jugadores. Sí una revancha interna. Nos quedamos incompletos aquella noche. Y eso no nos puede volver a pasar. La actitud, la intensidad y la disputa son el ADN de este equipo. Es otra historia, otro partido: queremos escribirla de otra manera", dijo el Chacho el viernes pasado. No hubo revancha: la Academia volvió a mostrar su peor cara, esa que no aparecía desde la eliminación en la Libertadores 2018, en este mismo escenario.

Después de aquel 0-3 las críticas para el Chacho fueron que intentó jugarle a River igual que a cualquier rival. Para este choque eligió otra estrategia: no salió a presionar arriba, no buscó salir jugando del fondo, no hizo ancho el equipo con los laterales. Apostó a vaciar el medio del campo para que el local no pueda generar el ritmo que le dan Exequiel Palacios y Nacho Fernández a la mitad de la cancha. Pero se quedó sin sorpresa. En los 90 minutos, el arquero Armani no tuvo ninguna intervención. El líder de la Superliga, el equipo que más goles había marcado en 17 fechas, el que más había rematado en lo que va del campeonato, se fue de Núñez sin patear al arco.

La Academia se vistió distinto para venir al Monumental pero mostró la misma imagen. Alejandro Donatti, Eugenio Mena, Marcelo Díaz, Augusto Solari y Jonatan Cristaldo no estuvieron en el partido de Copa. Cambió medio equipo, pero la diferencia entre los dos equipos fue enorme. Modificó el sistema, pero la actitud fue la misma. Como en aquel juego de agosto, Cardozo se quedó en el vestuario en el entretiempo porque sus primeros 45 minutos fueron muy flojos.

Lo de Racing con River, de todos modos, parece exceder a cualquier entrenador o futbolista: jugaron 201 partidos oficiales en Primera, de 102 que River fue local sólo perdió 18 veces. Al Chacho ya se le volvió un karma el equipo de Gallardo: de las 41 veces que dirigió a Racing, su equipo no convirtió goles sólo seis veces. Cuatro fueron ante River.

Después del golpe de la eliminación de la Libertadores, Racing juntó sus cenizas para prender el sueño de ser campeón de la Superliga. Al partido siguiente, le ganó a Central y quedó como líder, posición que mantiene al menos hasta la fecha que viene. Habrá que ver si también puede repetir la exitosa estrategia de fugar para adelante después de un golpe tan duro. Será necesario para la Academia, no sólo porque faltan nada más que siete fechas para terminar el campeonato sino porque en el horizonte aparecen la llave ante Corinthians por la Copa Sudamericana y el clásico ante Independiente.

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