El riesgo de legitimar la violencia

Eduardo Ahmar Dakno
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1 de julio de 2013  

Un nuevo capítulo se incorpora a una larga historia nunca resuelta, más bien progresivamente agravada. La lucha contra la reventa, la falsificación de entradas, las incomodidades, la consuetudinaria desconsideración con el público, la violencia y la inseguridad que implican presenciar un partido de fútbol en la Argentina hoy tienen forma de tarjeta.

AFA Plus coexistirá con operativos policiales que crecen en número y costos, pero no en eficiencia. Acompañará a barras con escoltas que pagamos todos y allanan su llegada a cada cancha como si fueran celebridades. Facilitará el ingreso en estadios con mayores pulmones de seguridad, vergonzoso símbolo del oxígeno que ganan los violentos, injustificable vacío para hacinar a los hinchas genuinos. No habilitará la asistencia de visitantes cuando el enésimo parche lo decida para impedir lo que quienes detentan el poder se empecinan en impedir: que los mercenarios de las tribunas se adueñen del espectáculo o le pongan fin cuando se les ocurre irrumpir con su salvajismo.

AFA Plus tampoco permitirá ver partidos a puertas cerradas por más que el portador sea el papa Francisco. Ni obligará a mejorar las instalaciones o a cumplir con el olvidado compromiso de contar con estadios sólo con espectadores sentados. El insondable espectro de posibles aplicaciones no contempla ponerle fin a la demora en la salida del público local para evitar enfrentamientos con los visitantes. No impedirá partidos programados en días y horarios insólitos para evitar cruces entre barras. Mucho menos servirá para que los organizadores del fútbol argentino consulten o atiendan más la necesidad de la gente que los intereses políticos o la lucha por un punto de rating.

Con AFA Plus seguirán siendo peligrosas las banderas, las radios, los paraguas, los cinturones con hebillas metálicas... Sin embargo, no impedirá el ingreso de ataúdes ni amenizar los entretiempos con marchas fúnebres. Sí convivirá con los cacheos, el derecho de admisión, el sistema Sabed, presentado por el Gobierno hace menos de un año, el morpho touch, los molinetes, las tarjetas magnéticas, los monitoreos, las cámaras de seguridad, el endurecimiento de sanciones previstas en leyes que nunca se aplican, los reglamentos que se reescriben para no ser cumplidos...

Esta claro, AFA Plus no es ni aspira a ser la panacea para un fútbol "apocalíptico, tramposo e histérico", como definió Gerardo Martino, el DT del campeón del Final. Su irrupción es "a favor de la familia", "a favor de la seguridad".

Pero no deja de ser una nueva oportunidad. Un instrumento para saber si, por fin, existe la firme decisión política de atacar en su núcleo a las lacras de las tribunas. Es otra ocasión para desterrarlas del fútbol. Es una inmejorable excusa para que todos los involucrados, por una vez, al menos, dejen de lado la hipocresía, los mezquindades y se propongan, juntos, un objetivo indeclinable: aniquilar el Frankenstein creado por los dirigentes, alimentado con empleos públicos, usado como fuerza de choque, prebendas, complicidades, entradas, indumentaria deportiva, concesiones, tráfico, viajes, impunidad, negocios... ofrecidos por políticos, sindicalistas, policías, jugadores, técnicos... y los mismos dirigentes que hoy imploran por ayuda y, como respuesta, encuentran "la entrega" y zonas liberadas... Está claro, no todo es culpa del fútbol y quienes lo conducen.

Sería ideal, entonces, que ninguno de los "300 tarados que estropean la fiesta en las canchas" reciba AFA Plus. "Son conocidos por todos", se escudan y miran para otro lado quienes tienen la obligación de combatirlos. Registrarlos será reconocerse como rehenes, admitir que son funcionales a intereses que van más allá del terreno de juego. Será, en definitiva, transitar otra vez el fracaso, pero con un plus: el de la legitimación de la violencia.

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