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Ayer, a los 11 minutos del primer tiempo, cuando Néstor Ortigoza acomodó la pelota para ejecutar el penal, los hinchas de San Lorenzo no dudaban en que sería gol. Y así fue: convirtió para el Ciclón en lo que finalmente sería el empate 1-1 contra Toluca, por el Grupo 6 de la Copa Libertadores. Pero, ¿por qué tanta confianza? Porque los números del volante del Ciclón desde los 12 pasos son indiscutibles: ejecutó 32 disparos desde los 12 pasos en su carrera y ¡sólo falló uno! Es decir, tiene una efectividad del 97,3%. Pero, ¿qué técnica utiliza? Es la pregunta que se hacen los arqueros rivales. Él, sin miedo a que le descubran el secreto, la explicó tiempo atrás en una entrevista con FIFA.com. ¿El secreto? La decisión en el último paso y el factor sorpresa.
"Te empiezan a estudiar y se complica, pero igual yo nunca cambié la técnica. Espero al arquero hasta lo último. Si no se mueve, le pego fuerte a un palo. Lo decido en el momento, pero hay que tener mucha coordinación, porque es difícil cambiar a un paso de la pelota, pero yo ya lo tengo incorporado", contó Ortigoza en aquella entrevista.
Mi tío Manuel me llevaba de muy chico a jugar campeonatos de penales los viernes desde las 10 de la noche hasta las 6 de la mañana. Se jugaba por plata
Y las preguntas siguen surgiendo: ¿cómo incorporó la técnica? Por necesidad. Cuando era chico, y durante su adolescencia, Ortigoza, que se crió en González Catán, jugaba torneos de penales por dinero. La presión y el hambre, los factores más determinantes.
"Mi tío Manuel me llevaba de muy chico a jugar campeonatos de penales los viernes desde las 10 de la noche hasta las 6 de la mañana. Se jugaba por plata", recuerda. "Durante un año y medio me paraba detrás de mi tío y lo miraba patear. Después iba por la calle apuntándole a los árboles hasta que empecé a patear yo. Ahí le agarré el golpe. Había que ganar para poder comer, viajar, comprarte algo de ropa".
Hasta hoy, un sólo arquero tiene el privilegio de haberle parado un penal: Nelson Ibáñez, hoy arquero suplente de Racing. En el Clausura 2012, en un San Lorenzo-Godoy Cruz en la Bombonera, el mendocino le detuvo el penal a Ortigoza, quien hasta aquel día había convertido sus 19 ejecuciones.
Los dos penales más recordados. Ortigoza lleva en su memoria dos disparos que hicieron historia en San Lorenzo. El primero, y el más "difícil, según su opinión, fue el 1° de julio de 2012, en la Promoción ante Instituto, que ganaba 1-0. "La gente nos insultaba y la autoestima estaba mal. Cuando agarré la pelota vi a un nene y al padre llorando, rezando al cielo. Y yo me preguntaba ‘¿qué estoy pateando?’ Era irse a la B, pero me gusta la presión, el desafío. Me siento cómodo, me agrando", recordó. ¿Dónde terminó la pelota? En el ángulo, para sellar el 1-1 y la permanencia en primera.
Luego, el 13 de agosto de 2014, en la vuelta de la final de la Copa Libertadores 2014. Tras el empate 1-1 en la ida, Ortigoza selló el 1-0 en el Nuevo Gasómetro y desató la fiesta azulgrana. "Cuando agarré la pelota, empecé a mirar alrededor… la cancha explotaba, pero hice lo de siempre. El arquero de Nacional estaba como para esperarme, pero iba a ser muy difícil que me esperara. Tenía demasiada ansiedad y yo bajé mis revoluciones. Yo me decía ‘soy el mejor, soy el mejor’… No quise ni ajustarla al palo ni pegarle arriba. Lo esperé, jugué con su desesperación. Él iba a moverse antes, y se movió antes".
El secreto parece no tener solución.
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