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La pregunta, a partir de las decisiones opuestas tomadas ante un caso con semejanza (ofertas, en teoría, imposibles de rechazar), se dispara sola: ¿es Alario más millonario que Tevez xeneize?
Se trata de dos jugadores que enriquecieron el alicaído fútbol argentino en los últimos tiempos. Uno eligió quedarse en River a pesar de los 6 millones de euros anuales que le ofrecía un club chino; el otro se fue a China por un cheque irresistible, por casi US$ 40 millones por cada temporada de las dos pactadas, apenas un año y medio después de haber coronado un viejo anhelo: volver al club de sus amores, Boca . Casos que encierran sus particularidades y curiosidades.
Tevez tiene 33 años, jugó en grandes equipos de Europa y era millonario mucho antes de recibir la prouesta del Shanghai Shenhua. A diferencia de los Roger Federer, Rafael Nadal o Novak Djokovic, que a cierta altura de su carrera piensan más en la gloria que en los premios (sin renegar de ellos, obvio) y por eso la obtención de un Grand Slam los sigue conmoviendo, el Apache no se fue a China por un desafío profesional ni mucho menos. Sólo lo impulsó una cuestión económica. Razonable fue su aceptación. Aunque, claro, cabe preguntarse: si ya era millonario, con gloria, había reformado durante meses su casa para el regreso a la Argentina y podía retirarse en Boca, a la vez que China no le representa deportivamente un matiz relevante a su trayectoria, ¿por qué se fue? Sin dudas que el desorden del fútbol argentino, más cuando se lo compara con el europeo, y la incomodidad inesperada que sintió puertas adentro en su relación diaria con el mundo Boca lo empujaron a tomar la decisión. Nada fácil, con hijas en edad escolar y los afectos en su país, para instalarse en un hábitat diferente, con una cultura probablemente indescifrable.
Alario tiene 24 años, es oriundo de Tostado, Santa Fe, se hizo conocido en Colón y mucho más en River, que cambió su vida. Se convirtió en millonario de Núñez, pero no de cuenta bancaria, más allá de la mejora sustancial de sus ingresos respecto de lo que percibía en Santa Fe. No cumplió dos temporadas en River, aunque ya grabó su nombre a fuego con algunos goles importantes, sobre todo los de la Copa Libertadores 2015 a Guaraní (semifinal) y Tigres (final). No necesitaba un cheque de US$ 40 millones para tambalear: con uno de 6 millones de euros le sobraba. Por eso, según propia confesión, le costó dormir las últimas noches. La gente en la calle le decía que no se fuera. Su padre, Abel, también. "Vos te tenés que ir a Europa, no a China", fue la frase paternal que le taladró la cabeza. Sin "estar hecho" a su edad, irse a China "lo hubiera hecho", a él y a su familia. Largamente. ¿Los sentimientos por la camiseta? Relativos: Alario no lleva a River en la sangre. Es el club que le abrió la puerta grande de la consideración y él respondió con su sello: haciendo goles. Eligió quedarse, lo que en algún aspecto suena a locura. Lesiones e imponderables han frustrado más de una carrera. Pero definió lo que quería para su futuro pensando más en lo deportivo. En los objetivos próximos: pelear por la Libertadores 2017 y por un lugar en el seleccionado. ¿Por eso sólo se quedó? Es probable que no. Aún cuando debe sentirse tan incómodo (como Tevez) con el caos que es el fútbol argentino, el confort que hoy le representa River puertas adentro, institucional y de vestuario, también lo empujaron a decir "me quedo".
Las paradojas nunca terminan. Puede haber millonarios (de bolsillo) tentados por más millones y también millonarios (de club) que anteponen los objetivos a la primera gran tentación. Son decisiones personales. Está claro que Tevez y Alario, con edades y experiencias distintas, tienen espaldas para tomarlas sin perder su esencia.

