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MELBOURNE.- “Sí,ya sé, parezco Sampaoli.” Walter Fadini lleva un rato trepado al árbol. Desde allí, su mirada cruza la calle Crissane e intenta descubrir de quién es cada silueta azul entre todas las que corren por las dos canchas del campo de entrenamiento de Melbourne City. Aunque lleve 30 años viviendo en esta ciudad, no se le escapa el detalle: lo que él está haciendo ahora es lo mismo que hizo el flamante técnico de la selección en 1995. La anécdota es conocida, y sobre todo la foto que sacó esa tarde en Casilda el fotógrafo del diario La Capital de Rosario Sergio Toriggino: Sampaoli aparece trepado a un árbol para ver el partido que está jugando Alumni, su equipo, después de haber sido expulsado.
Fadini llegó a este lugar de las afueras de la ciudad con el mismo deseo que otras 60 personas, aproximadamente: observar la práctica de la selección y si era posible, sacarse una foto con un jugador. Entre los hinchas está su hijo Flavio (25 años), que viste una clásica camiseta argentina. Se irán sin nada: ni pasaron la cerca que divide la vereda del predio ni, mucho menos, los jugadores reaccionaron ante sus gritos una vez terminada la sesión.
La escena es curiosa: por primera vez en tres días, guardias de seguridad rodean el lugar. Son alrededor de 35, distribuidos por todo el perímetro: uno cada dos hinchas. Desde la delegación que encabeza Jorge Miadosqui, secretario de selecciones nacionales, desmienten que haya una relación entre las súbitas medidas y la paranoia que generó en Melbourne el ataque a una mujer (luego revindicado por el Estado Islámico) perpetrado por un hombre que terminaría siendo asesinado por la policía un día atrás; en la AFA confirman que los colados a la práctica del lunes, que llegaron hasta el borde del alambrado, fue lo que los obligó a reforzar el cuidado.

Por esa imposibilidad de entrar al predio, Fadini, de 50 años, se trepó al árbol. Cuando se baje volverá a lo suyo: el trabajo en la construcción. Al lado suyo, unos centímetros más abajo, pispea también Jorge Ventureira (64), otro veterano argentino en la ciudad, que trabaja por su cuenta arreglando y pintando techos en casas y edificios. Los dos estarán el viernes en el Melbourne Cricket Ground como parte de las 100 mil personas que verán el clásico Argentina-Brasil. Los dos estuvieron hace 10 años viendo a un Lionel Messi “de pelito largo”, la vez que con Alfio Basile al mando, la selección le ganó a Australia 1 a 0 un amistoso. Y los dos, sobre todo, recuerdan muy bien el viaje a Sidney en noviembre de 1993, cuando no se trataba de visitas de cortesía: la Argentina se jugaba la clasificación al Mundial de Estados Unidos contra los locales en el repechaje. Maradona fue el capitán y Abel Balbo el goleador en aquel partido de ida que terminó 1-1; en la vuelta, en el Monumental, la agonía argentina se transformaría en clasificación.
“Fue una locura aquello”, dice Fadini. Ventureira, que pagó 90 dólares australianos para el viernes (unos 1100 pesos argentinos), asiente, y cuenta que llegó aquí con “33 años, 7 valijas y 7 mil dólares de deudas”. Hoy vive cómodo en su propia casa, crió sus hijos y ya disfruta de los nietos, pero la nostalgia es la nostalgia: “Un asado con amigos, eso extraño”, suspira.
A lo lejos se escucha la voz enérgica de Sampaoli, que trabaja un ejercicio con un grupo. Muy a lo lejos.

