Italia y las razones de su tercera ausencia consecutiva en un Mundial: otro sonoro fracaso
Perdió 4-1 por penales ante Bosnia-Herzegovina, tras el empate 1-1 en los 120 minutos; el equipo balcánico se clasificó por segunda vez a un Mundial
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Sobre los cuatro títulos mundiales de Italia se proyecta la sombra ominosa de tres ausencias consecutivas en la máxima cita futbolística. La selección que se codeaba con las potencias ahora no puede hacerse un lugar ni en el formato ampliado a 48 participantes. Estarán Curazao y Cabo Verde, no la Azzurra, que suspira por su pasado y se lamenta por su presente. El calcio dejó de ser motivo de orgullo en un país que deportivamente se muestra pujante en el tenis, el automovilismo, motociclismo, vóleibol, natación...
Por tercera vez consecutiva se le atragantó un repechaje, última instancia, a la que llegó después de no haber ganado su grupo. Para el Mundial 2018 se le interpuso Suecia. Fue un shock, pero si se echaba la mirada atrás estaban las dos eliminaciones en la etapa grupos de 2010 y 2014. Ahí ya había un alerta, pero igual se esperaba una reacción que no llegó, como quedó evidenciado cuando no pudo con ¡Macedonia del Norte! para ir al Mundial 2022.
La crisis se extendía y tampoco se solucionó en el siguiente cuatrienio, que se acaba de cerrar con la dolorosa derrota por penales (4-1) ante Bosnia-Herzegovina, tras el 1-1 en 120 minutos, en un estadio con 9000 espectadores en la ciudad de Zenica, donde explotaron fuegos artificiales como si hubiera muchos miles más. El equipo balcánico disputará el segundo Mundial tras el de 2014, cuando debutó con una caída ante la Argentina.
La modesta actualidad futbolística de Italia corre riesgo de desplome cuando se ve obligada a aguantar con 10 jugadores desde los 41 minutos del primer tiempo, por la expulsión de Alessandro Bastoni, que recibió la tarjeta roja directa por un foul fuera del área en una situación manifiesta de gol. Irreprochable sanción del árbitro francés Clement Turpin.
Ahí se empezó a torcer para Italia lo que había empezado con un rumbo promisorio, con el gol de Moise Kean a los 15 minutos, tras la presión de Mateo Retegui sobre el arquero Vasilj, cuyo pase apurado fue interceptado por Barella, que asistió a Kean para el derechazo alto. Fue un golazo, parecía una buena premonición, pero el sufrimiento y la angustia estaban esperando.
Lo más destacado de Bosnia Herzegovina 1 (4) - Italia 1 (1)
En una Italia de pocas luces en la creación de juego y limitada profundidad ofensiva, la dependencia de Kean se acentuó en los últimos tiempos. La Azzurra cayó al repechaje por haber perdido los dos partidos ante Noruega en la etapa de grupos, y en ambos no estuvo por lesión el delantero de Fiorentina. No sobran los recursos ni las variantes en un fútbol que desde hace años dejó de producir futbolistas con condiciones para integrar la elite internacional. Y ninguno de los grandes equipos europeos se sostiene en figuras de la península.
Hijo de padres que dejaron Costa de Marfil para buscar una vida más próspera en Italia, Moise nació en Vercelli, en la región del Piamonte. La madre Isabelle calificó su alumbramiento como un “milagro” porque los médicos le habían dicho que no iba a poder tener más hijos tras el nacimiento de Giovanni, hermano mayor de Moise. Convirtió seis goles en los últimos cinco partidos y es el delantero más en forma de la selección, pero ni siquiera entra en una lista sábana de candidatos al Balón de Oro.

Quizá en Italia le hubieran levantado un monumento a Kean si a los 14 minutos de la segunda etapa, con Italia aun 1-0 arriba, no definía por encima del travesaño tras la corrida de 60 metros que lo puso cara a cara con el arquero. Ese es otro déficit de Italia: no cuenta con individualidades que puedan decidir el curso de un partido. Necesita de la suma de todos, pero la cuenta final sigue dando poco. El compañero de ataque de Kean volvió a ser Retegui, que en 2023 se fue a jugar a Genoa con el sueño que se le hizo realidad de llegar a la selección argentina. Hace un año le dio prioridad a lo económico y emigró a Arabia Saudita, destino donde crecen más las cuentas bancarias que las aptitudes futbolísticas.
Con la expulsión de Bastoni, Retegui fue el sacrificado para que ingresara el zaguero Gatti y mantener la línea de cinco. Bosnia no solo pasó a dominar porque tenía un jugador más, también lo hizo porque futbolísticamente tenía más control y mejor pase que Italia, que se empequeñecía a medida que se arrinconaba más sobre su área. Ni siquiera la seña de identidad del rigor defensivo le queda a Italia. Hasta el culto al cerrojazo del catenaccio resignó.
Bosnia movió la pelota con criterio hasta tres cuartos de campo, sin que Tonali ni Locatelli pudieran imponer otro ritmo. Los centros cruzados pasaron a ser un calvario para Italia; el empate se demoraba entre algunas atajadas de Donnarumma o definiciones deficientes.
En el segundo tiempo ingresó Kerim Alajbegovic, un flacucho de 18 años al que Italia no le adivinaba las gambetas, como ya le había pasado a Gales en la etapa anterior del repechaje. Gennaro Gatusso hacía cambios para refrescar la contención y le ponía una ficha en el ataque a Pio Esposito, el delantero de Inter que le marcó a River en el Mundial de Clubes.
A duras penas soportaba Italia el asedio local, que sumó tonelaje con el centro-delantero Haris Tabakovic, de 1,96m y casi 100 goles para marcar el empate a 11 minutos del final. Bosnia tuvo alguna oportunidad más para ganar en los 90 minutos y también en el suplementario de 30. Salvo algún contraataque aislado, como en una tapada de Vasilj a Esposito, Italia se encomendaba a los penales.
Se ponía en manos de Donnarumma, que tanto había sacado en los 120 minutos, pero en los penales apenas si pudo adivinar la dirección del remate de Bajraktarevic, sin poder desviar la pelota que sentenció el 4-1. Minutos antes, el penal de Esposito se había ido a la tribuna y el de Cristante se estrelló contra el travesaño. Otra vez Italia afuera, por tercera vez. Lo impensado e increíble se hace costumbre. Del respetuoso y reverencial “es Italia” se pasó al “por Dios, en lo que se ha convertido Italia”.
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