La decisión táctica de Marcelo Gallardo que cambió el destino del partido en el empate de River con San Pablo

Julián Álvarez tiene 20 años y convence a Gallardo: un gol y una asistencia.
Julián Álvarez tiene 20 años y convence a Gallardo: un gol y una asistencia. Fuente: Reuters
Ariel Ruya
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17 de septiembre de 2020  • 21:04

La fotografía de la parte final del espectáculo no fue la síntesis perfecta del valioso 2-2 conseguido por River en Brasil. El equipo millonario, un siglo después, volvió a jugar. Lógicamente, se quedó sin piernas, resistió los tímidos embates de San Pablo, una formación inexperta, impropia de su antigua leyenda. En buena parte del recorrido, una vez más, se impuso el ojo clínico de Marcelo Gallardo. Tomó una decisión estratégica fundamental, que no suele crear. No es habitual un cambio de mando brusco, una táctica que provoca una pequeña revolución interna.

Lo hizo esta vez y desde entonces River se sintió cómodo en casi todo el encuentro, en el campo abierto, ancho y largo, del Morumbí, en el regreso a la Copa Libertadores para los equipos argentinos.Los tres delanteros fueron decisivos. Primero, porque volvieron a ser los primeros defensores de un equipo agresivo, prepotente, aun en la inactividad más profunda. Luego,porque se asociaronen el gol de la igualdad, apenas ocho minutos después del primer batacazo. La definición de Julián Álvarez, antes del segundo gol en contra, confirmó la teoría: fue una decisión fundamental.

Sobre todo, porque San Pablo prefirió salir jugando, prolijo, estructurado, arriesgado.Álvarez tiene apenas 20 años: corre, mete, marca y, cuando lo dejan, es un delantero desatado. Jugó por el sector derecho, como un antiguo número 7. Borré es un número 9 consagrado en nuestro medio, no se encoge, es guapo y, de paso, tiene gol. Matías Suárez se confunde, de vez en cuando, por el sector izquierdo, pero es útil a la causa. El colombiano y el cordobés, en realidad, suelen ser el ancho de espada y el de basto de los ataques del Muñeco: solían dejar a un costado a Lucas Pratto, hoy lesionado, y a Nacho Scocco, que va a acabar su carrera en Newell's.

Rafael Borré sigue cumpliendo con su cuota goleadora y, además, corre y marca.
Rafael Borré sigue cumpliendo con su cuota goleadora y, además, corre y marca. Fuente: Reuters

No se incomodaron Borré y Suárez con la inclusión del chico de 20 años, uno de los preferidos de Gallardo, que jugó 23 minutos en la finalísima del Bernabéu -ingresó por Exequiel Palacios- y que actuó 21 en el choque decisivo de Lima, cuando entró por Nacho Fernández. De Boca a Flamengo, de la alegría más grande de la historia a un dolor de cabeza mayúsculo, Álvarez siempre se ofreció como una alternativa, un recambio con mayúscula. Esta vez, fue titular y una de las figuras: recibió un pase de Suárez antes de lanzar la asistencia para el 1-1 conseguido por Borré.

Los tres corren, meten. Los tres juegan, atacan. Presionaron a los jóvenes defensores de San Pablo, que se equivocaron poco, es cierto, pero no tuvieron una salida armoniosa, limpia, influyente como el primer pase de un ataque. La prisión fue asfixiante. Parecida, tal vez, a la última vez que River actuó con tres delanteros... los mismos de esta noche. Sin Pratto, sin Scocco, al menos, desde el primer minuto: fue el 1° de diciembre de 2019, cuando superó a Newell's por 3 a 2 luego de estar dos goles en desventaja.

Lo que siguió fue la clásica postura de los equipos del Muñeco: agresivos, audaces, dueños del espectáculo, con la idea de siempre. Dos delanteros, Suárez y Borré. La estación Morumbí exigía un cambio drástico, influyente. River lo hizo todo en Brasil: marcó cuatro goles, incluidos dos en contra. Los que fueron en favor, los que tomaron el pulso del espectáculo, arrancaron con la destreza de tres delanteros que defienden, que atacan. Que hacen todo lo que sea necesario para mantener a River con el colmillo afilado en las noches de Copa.

Por: Ariel Ruya

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