La final más larga ahora también es incierta: lo que hay que saber de un choque que aún puede naufragar

El presidente de Boca, Daniel Angelici, ayer en el edificio de la Conmebol, en las afueras de Asunción: “No vamos a jugar hasta que el Tribunal se expida”
El presidente de Boca, Daniel Angelici, ayer en el edificio de la Conmebol, en las afueras de Asunción: “No vamos a jugar hasta que el Tribunal se expida” Fuente: Reuters
Pablo Vignone
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27 de noviembre de 2018  • 23:59

La Conmebol fue al rescate de su Copa Libertadores , sacándole la final a la Argentina; Boca amenaza con no jugar, River quiere hacerlo en el Monumental y hasta el presidente Mauricio Macri olvidó por un instante el inminente G-20 para dedicarle su atención al tema. Una jornada intensa en Asunción del Paraguay y que, en Buenos Aires, dejó una serie de interrogantes que vale la pena examinar de cerca:

¿Por qué la Conmebol decidió sacarle la final a la Argentina?

La final que fue imaginada con hinchas visitantes ni siquiera pudo jugarse con los fanáticos locales; para la Conmebol, " resulta prudente que el partido FINAL (sic) no se juegue" en nuestro país, la patria de River y de Boca, a causa de los "hechos de violencia" registrados el sábado.

La entidad que conduce el paraguayo Alejandro Domínguez tomó esa medida para asegurar la concreción de la final, después de entender que existen suficientes indicios como para creer que aquí no puede sacarse adelante. En el comunicado aclara que se hará cargo de "los gastos de viaje, hospedaje, alimentación y traslado interno de hasta 40 personas por delegación", sugiriendo que el partido se disputará en el estadio que disponga.

Pero hace una aclaración necesaria: su decisión está sujeta "al fallo del tribunal disciplinario", porque está obligada a dejar la puerta abierta a la resolución sobre el reclamo de Boca, que en 61 fojas pidió la descalificación de River y la adjudicación por vía de escritorio de la Copa. En el club que preside Daniel Angelici hay dudas sobre esa independencia de criterio.

Las declaraciones de Alejandro Domínguez, presidente de la Conmebol

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¿Dónde y cuándo se jugará?

No está decidido. La primera especulación fue en Asunción, dónde la Conmebol tiene su sede. Autoridades policiales paraguayas se explayaron ayer por la mañana sobre posibles operativos de seguridad para proteger la disputa. Por la tarde parecía diluirse esa chance y se descartó Miami.

Otras posibles sedes mencionadas fueron Doha, la capital de Qatar, una alternativa que se baraja pese a que la línea de bandera del emirato qatarí es auspiciante de Boca, y Medellín. Solo la opción de Doha quedaría fuera de los límites de la Conmebol y requeriría de un permiso especial de la FIFA.

La fecha de la final es ambigua: "Entre los días 8 y 9 de diciembre", asegura el comunicado oficial; el sábado 8 es la fiesta de la Virgen María y, de acuerdo con la sede elegida, eso podría resultar un inconveniente. El domingo 9 es la fecha límite: el campeón de la Libertadores tiene que hacerse presente el 15 de diciembre en los Emiratos Árabes Unidos, para disputar el Mundial de Clubes. Y a la FIFA no hay que desafiarla.

En cualquier caso, sede y fecha serán decididas "por la administración de la Conmebol, a la mayor brevedad".

¿Es posible que, al cabo, ese partido no se juegue?

Es lo que amenaza Boca. "No vamos a jugar ningún partido hasta que el Tribunal de Disciplina se expida. Una vez que tengamos esos argumentos los leeremos, y si no estamos de acuerdo, iremos al tribunal de apelaciones. Y si tenemos que ir al TAS, iremos al TAS", dijo el presidente de Boca, Daniel Angelici.

Entre los dirigentes del club circula un punto de vista particular sobre el tema: el antecedente de 2015, cuando Boca fue descalificado en los escritorios de la Conmebol, reclama revancha. "No hay motivos para ser benévolo ahora. El mundo Boca quiere los puntos", son palabras que sintetizan esa postura.

Entonces, ¿la final depende de lo que decida la Unidad de Disciplina de la Conmebol?

En parte. Eduardo Gross Brown (Paraguay), Amarilis Belisario (Venezuela) y Cristóbal Valdés (Chile) son los jueces que deben determinar la validez de la protesta de Boca. Su fallo podría conocerse entre hoy y mañana, pero tiene hasta 48 horas antes del partido para expedirse. ¿Podría dar curso al reclamo y coronar a Boca? Sí, pero es poco probable que eso ocurra.

Si, en cambio, el fallo no es del gusto de Boca, el club puede recurrir al Tribunal de Apelaciones. Y más allá del ámbito sudamericano, puede concretar su reclamo ante el Tribunal de Autoridad Deportiva (TAS), con sede en Lausana (Suiza); este organismo cuenta con una unidad de rápida resolución, generalmente muy activa durante la disputa de los Juegos Olímpicos.

Sin embargo, un camino sucesivo de reveses judiciales para Boca no impediría que el equipo se presentase a jugar. Esa versión cobraba fuerza ayer: no desperdiciar la opción deportiva de ganar la Copa mientras la vía legal sigue su curso.

Asunción, otra posible sede alternativa para el superclásico

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¿La Copa podría declararse desierta?

Es improbable. Circula la teoría de que una Libertadores desierta que castigue tanto a River (por no haber podido asegurar la disputa de la vuelta de la final, el sábado en su estadio) como a Boca (por su insistencia en pedir la descalificación de de su rival) sería el más lógico cierre a este papelón de todos los tiempos, otorgando a Gremio, de Porto Alegre, –el campeón vigente de la Libertadores– el derecho a participar del Mundial de Clubes. Pero la determinación de la Conmebol para que la Copa se decida en el terreno de juego derriba esa posibilidad: el escenario más extremo muestra a River presentándose a jugar y siendo coronado en ausencia de Boca.

¿River mantiene la localía de esta segunda final?

No está claro. A poco de regresar de Asunción, Rodolfo D´Onofrio sacó un as de la manga: el deseo del presidente Macri de que el partido se juegue en el Monumental .

La Conmebol se arroga su derecho a disponer de la final ante estas circunstancias. De alguna manera, la entidad adelanta un año lo que ya determinó para 2019: una final a un partido único en una sede neutral, controlando los resortes económicos. Hasta qué punto el presidente Domínguez puede tomar nota de una oferta oficial de la Argentina para retener la organización de la final de la Libertadores, es imposible establecerlo.

Si la voluntad de la Conmebol se mantiene, es probable que River se vea obligado a devolver el importe de las entradas vendidas para el partido del sábado, lo que redundaría en un enorme perjuicio económico para el club que ya pagó unos 20 millones de pesos en seguridad y organización durante sábado y domingo. No se descarta una catarata de juicios de hinchas perjudicados.

La entidad sudamericana todavía no informó si admitirá hinchas de ambos clubes en la nueva final.

Pero si el fallo de la Unidad Disciplinaria resuelve alguna sanción contra el Monumental por los incidentes, eso respaldaría automáticamente la decisión política de la Conmebol de sacar el partido del ámbito riverplatense.

¿Será posible volver a ver un River-Boca en el país?

Esa chance está a dos partidos de distancia. El equipo de Marcelo Gallardo juega esta noche la semifinal de la Copa Argentina, contra Gimnasia; si supera esa instancia y luego la final contra Central –en fecha por determinar– como campeón del certamen jugará en marzo próximo la Supercopa Argentina contra el campeón vigente de la Superliga… que es Boca. Este año, ese partido se disputó en Mendoza con hinchas de ambos equipos en el estadio Malvinas Argentinas y sin incidentes.

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