La racha positiva se agigantó con un goleador imprevisible

Fuente: LA NACION - Crédito: Diego Lima
Un invicto de seis partidos reafirma la reestructuración que ensayó Gallardo para relanzarse; “Nos pudimos adaptar y resolver lo que pedía el partido”, dijo el DT
Enrique Vivanco
(0)
11 de septiembre de 2016  • 22:51

CÓRDOBA.– Una racha positiva que se agigantó con un goleador imprevisible. River suma y sigue. Lo sufrió Talleres, que padeció en la red al ecuatoriano Arturo Mina, el zaguero central que definió como delantero en el corazón del áera. Un inicio que, al mirar el pasado, retrotrae a las imágenes que posibilitaron construir un ciclo que ya es histórico. Los números, los hechos, los funcionamientos, las respuestas... todas las aristas confluyen y los millonarios pisan sobre suelo firme.

Pasó más de un año para que River volviera a encadenar seis partidos sin perder. Después de aquella seguidilla de nueve juegos entre julio y agosto de 2015 –con cinco victorias y cuatro empates–, que incluyó la final de la Copa Libertadores y la Suruga Bank, el ciclo entró en un subibaja en el que los rendimientos y los resultados se poblaron de grises.

El arranque del año parecía devolverle la frescura, pero fue una suave brisa de verano. La serie de cinco cotejos sin derrotas entre febrero y marzo –4-0 a Trujillanos y 1-0 a Independiente; empates 3-3 con Central; 0-0 frente a Boca y 1-1 ante San Pablo– se diluyó y ahogó. Este comienzo de semestre lo encuentra al equipo más sólido, más allá de que las cifras le juegan a favor en todas las competencias. En la Copa Argentina se mueve con soltura, con las victorias 3-0 sobre Sportivo Rivadavia, de Venado Tuerto, y el agónico 2-1, ante Estudiantes, de San Luis; levantó la Recopa Sudamericana, después de igualar 0-0, en Bogotá, y superar 2-1, en el Monumental, a Independiente Santa Fe, y los primeros pasos en el campeonato son contundentes: 4-1 a Banfield y el trabajoso 1-0 de anoche. Doce goles encajados y apenas tres recibidos enseñan las respuestas de la apuesta.

Porque para este semestre, la renovación que planteó Gallardo fue profunda. Más allá del rearmado del plantel y la importante reestructuración con la llegada de los refuerzos, la decisión de modificar el sistema de juego –desempolvó un 4-2-2-2– trajo consigo algunos cambios fundamentales: las reubicaciones de Ignacio Fernández, quien pasó a jugar de doble cinco, junto a Leonardo Ponzio, y de Pity Martínez, quien se volvió uno de los pilares en la generación de juego, más la resurrección de Sebastián Driussi, que pasó de delantero de recambio a titular indiscutido para el Muñeco.

“Es bueno, es una muestra de carácter. Fuimos inteligentes y nos pudimos adaptar y resolver lo que pedía el partido. Tengo jugadores solidarios. Quizás nos faltó ser más intensos para ir hacia adelante”, fue el rápido análisis de Gallardo.

Resultados y retoques de lado, Gallardo consiguió una regularidad y una repetición de nombres: con Talleres impuso por cuarta vez consecutiva, y por primera vez desde que es entrenador del club, a la misma formación. El once de memoria que salía de memoria será archivado, con la lesión de Milton Casco, que a los 9 minutos debió salir con una molestia muscular en el isquiotibial izquierdo.

Enfocado en sumar en el campeonato y repartir fichas en la Copa Argentina –la llave para clasificarse para la próxima Copa Libertadores–, el trajín menos agitado le devolvió a River una tranquilidad y una confianza que extrañaba.

MÁS LEÍDAS DE Deportes

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.