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Lo que se vivió ayer en el Nuevo Gasómetro fue mucho más que una alegría o un alivio. Fue una de esas sensaciones que ocurren muy de vez en cuando, en ocasiones especiales y momentos puntuales, que se transforman en memorables. Fue una explosión del alma. Cuando sedimenta un estremecimiento como el que provocó el tercer gol que convirtió Gigliotti, la realidad se mira con otros ojos, ya nada es tan sombrío como parecía.
El futuro de San Lorenzo sigue en el aire, está todo por decidirse en las próximas tres fechas, pero para creer en la salvación son imprescindibles triunfos como este increíble 3 a 2 contra Newell's. Conseguido a tres minutos del final, después de haber ido al descanso del primer tiempo con una derrota 2 a 0 que se intuía condenatoria para el día y para lo que queda del torneo, porque las consecuencias anímicas podían ser devastadoras.
A muchos hinchas se les caían las lágrimas y se les salía el corazón del pecho. Los futbolistas eran héroes reblandecidos por la proeza que acababan de concretar. San Lorenzo es un grande en estado de angustia. No da pelea por la gloria, sino por el honor, por salir de la emergencia a la que lo arrastró en los últimos años un autodestructivo proceso institucional-económico-deportivo. Porque ya vivió en 1981 la afrenta de un descenso, salir ahora del pozo tiene un significado equiparable con instantes orgullosos por otros motivos.

En medio del paroxismo, muchos simpatizantes, entre ellos el senador porteño Daniel Filmus, comparaban lo que se desencadenó tras el gol de Gigliotti con la épica noche de Copa Libertadores 2008 en el Monumental, en el 2 a 2 ante River con dos hombres menos y los goles de Bergessio; o con el llanto del Bambino Veira y el gol del Gallego González en el Gigante de Arroyito al obtener el Clausura 95 que se le escapó a Gimnasia La Plata. Son cosas diferentes, es cierto. Acá no está la ilusión de una vuelta olímpica o de una nueva estrella en el escudo, sino el sufrimiento para que no se repita el destierro de hace más de 30 años. San Lorenzo ya lo vivió en carne propia y tiene muy cercano el ejemplo de River.
Hay apuro y desesperación por hacerse fuerte desde adentro para no seguir desangrándose en peleas intestinas. Los hinchas apoyaron durante la semana con un banderazo y algunos históricos, gente con años en la popular, le transmitieron al plantel el apoyo y la confianza. Coincidieron en que es momento para estar unidos y guardar las facturas que puedan pasarse de un lado a otro. Por eso fue una multitud a alentar y no permitirse ninguna reacción más negativa que la impaciencia cuando todo venía torcido en el primer tiempo.
El equipo se siente bajo presión y le cuesta disimularlo. Fueron 90 minutos en una montaña rusa que lo hizo pasar por el abismo antes de salir a flote. Hubo ovaciones para Romagnoli, que hace una década gambeteaba para salir campeón y ahora, aun con una rodilla a la miseria, se inventa un desborde como si fuera un pibe para enviar el centro del tercer gol. Pipi había sido la figura en el vital triunfo en Córdoba ante Belgrano y ayer volvió a demostrar que del talento siempre pueden surgir soluciones. También hay gente nueva que en un par de meses se ganó el corazón del hincha con un despliegue conmovedor, como es el caso de Buffarini, que en todos los partidos debe tener el récord de kilómetros recorrido, ya sea de volante o como lateral, puesto al que se retrasó cuando salió el nervioso Alvarado, que no se recuperó del error en el pase que posibilitó el segundo gol de Newell's.

Con la soga al cuello, a Caruso Lombardi no le quedaba otra alternativa que la audacia. La entrada de Romagnoli coincidió con el adelantamiento del grandote Kannemann para quedar con una defensa de tres. La fórmula ofensiva se potenció con el ingreso del uruguayo Bueno por un defensor; con tres delanteros, Salgueiro se ubicó como un N° 8 sin preocuparse por lo que pasaba a su espalda.
Mientras padece por la lentitud y la escasa influencia en el juego de Ortigoza, San Lorenzo ajustó su libreto, el que abunda en centros y pelotazos cruzados. Así llegaron los goles, con los tanques Gigliotti y Bueno dispuestos a cazar todo lo que cayera en el área. San Lorenzo necesitaba una gran victoria para no seguir gastando energías en sospechas por los arbitrajes (ver Pitana en página 4). En dos semanas visitará nada menos que a Tigre, una batalla que ya asoma en medio de la vista nublada que dejaron las emociones fuertes de ayer.
Para el crucial partido con Tigre, San Lorenzo no tendrá a un jugador importante, Julio Buffarini, que ayer acumuló cinco amonestaciones (arrastraba una de Ferro). Los que están al límite con cuatro amarillas son Migliore, Alvarado, Kalinski, Bianchi Arce y Romagnoli.



