Las claves del triunfo de River: las atajadas de Barovero, el olfato goleador de Alario y los cambios de Gallardo

Gallardo movió el banco y encontró soluciones
Gallardo movió el banco y encontró soluciones Fuente: Reuters
El arquero millonario respondió en el primer tiempo con tres intervenciones claves; el Muñeco encontró en Lucho González y Tabaré Viudez un recambio fundamental
Alberto Cantore
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16 de diciembre de 2015  • 10:05

OSAKA, Japón.- River sufrió más de la cuenta para vencer al Sanfrecce Hiroshima de Japón. Consiguió el 1-0 gracias a un cabezazo salvador de Lucas Alario, como en otros partidos importantes. Por momentos, Barovero respondió cuando los japoneses avanzaron. Salvó tres jugadas fundamentales. La otra clave fueron los cambios de Gallardo : Lucho González y Tabaré Viudez por Pisculichi y Ponzio. Allí el conjunto millonario cambió el panorama y logró justificar la victoria.

El olfato de Alario. De un comienzo colmado de ansiedad, porque en el arranque del primer tiempo y en su afán de ser protagonista cometió cuatro foules, a ser el futbolista que provocó el desahogo, desató el nudo que River no podía resolver por su escasa capacidad para generar juego asociado. Lucas Alario, el goleador de los festejos importantes, el que siempre tiene una definición ajustada para los momentos más trascendentales del año. Esta vez, sacó a relucir por qué es un hombre de área, aunque durante el desarrollo le gusta desenvolverse retrasado, intentando provocar el espacio para un compañero. Un tiro libre de Tabaré Viudez que el arquero Takuto Hayashi resolvió mal ante el salto de Maidana, el escenario para que el delantero santafecino presentara sus credenciales: cabezazo al arco vacío y a correr con la boca llena de gol.

Poco de Mora en el triunfo de River
Poco de Mora en el triunfo de River Fuente: LA NACION - Crédito: Rodrigo Néspolo / Enviado Especial

Las manos de Barovero. Fue el jugador que sostuvo durante el primer tiempo a River en el partido. Tres atajadas lo convirtieron en una pieza determinante en una victoria que en su capítulo inicial resultó una encrucijada para los millonarios. La sobriedad siempre es una de las virtudes de Barovero, un arquero que no precisa de la espectacularidad para enseñar las razones que lo elevan como uno de los mejores en el puesto del fútbol argentino. En 15 minutos las hizo todas: manotazo para desviar la entrada franca de Yusuke Minagawa; mano cambiada para corregir un disparo de Yusuke Chajime y un vuelo para volver a ahogarle el festejo a Minagawa. En el segundo tiempo fue casi un espectador –contuvo un remate, casi en el descuento-; claro, ya había pagado su entrada en el primer episodio.

Los retoques de Gallardo. Desde el banco de los suplentes, el entrenador siempre demostró calma, a pesar de que lo que ofrecía su equipo en el arranque era una figura difusa, sin vuelo para atacar y demasiado endeble para controlar los pocos pero riesgosos ataques que armó con orden el rival. En el segundo tiempo, el Muñeco tomó riesgos: primero, con el ingreso de Lucho González por Ponzio, rompiendo un doble cinco que tenía poco fuego y nula creación; más tarde, con Viudez por Pisculichi hizo un cambio de figuritas que le sirvió para que el equipo tuviera más aire y se parara siempre en el campo rival.

tb/av

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