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Es la fábula de Maradona y la enfermera Sue Ellen Carpenter en el Mundial 94. La caza de brujas, el complot, la maniobra de la CIA y todas las conspiraciones que se puedan imaginar… Pero, ¿la maldita efedrina quién la había tomado? Del ‘me cortaron las piernas’ al ‘están vaciando a la AFA para acabar con los clubes’. Nadie atiende culpas propias. Los malos gestores reclaman otra oportunidad. Y no es de valiente esconderse en la herencia. Se alarma el gremio y parece un paso de comedia. Una burla de otro mandato sin legitimidad. En 2009, cuando la AFA rompió el anterior contrato con la TV para venderse al Fútbol Para Todos kirchnerista, los clubes debían 800 millones. Ahora su pasivo trepa a 3000 millones. Es hasta impúdico levantar la voz.
El fútbol señala al Gobierno. Lo responsabiliza de ser el operador de los hilos, el ideólogo de un plan de aniquilación. Quizá los clubes tengan buen olfato, quizá el fondo persiga un severo adoctrinamiento, pero aparece Pablo Toviggino, el presidente del Consejo Federal de la AFA, el integrante rebelde del Comité de Regularización, y aclara en su cuenta de Twitter (@TovigginoPablo): “ATENCIÓN, NO Confundamos!! El Gobierno se comprometió en 900 M y CUMPLIÓ. Los 350 M, hoy faltantes, había que generarlos por dentro de AFA”. Al menos asume el estalido interno.
Los 900 millones llegaron desde Casa Rosada en el segundo semestre, pero en la primera parte del año el desembolso había sido de otros 671 millones. Sí, más de $ 1500 millones en 2016 destinó el Gobierno para el fútbol y ahora nadie sabe si se reanudará. Arcas desvalidas… o desvalijadas. Cómo mínimo, mal administradas. El Comité de Regularización garantizó fondos adicionales –renegociaciones con Adidas, préstamos bancarios, un cheque saudí…–, pero no convenció a nadie. Los clubes se quejan porque diagramaron sus presupuestos en base a aquella promesa. ¿$1500 millones no eran suficientes? ¿El escenario no reclamaba austeridad? No. Mejor dilapidar a cuenta y luego imputar.
La inconsistencia del fútbol argentino le impide negociar con autoridad. Como un menesteroso, casi que agradece migajas. Aceptar nuevas reglas con las manos atadas. ¿Qué el Gobierno extorsiona a los clubes? ¿Que sólo le prestaría 350 millones para sobrevivir si aceptan entregarle la TV a Fox-Turner? Acá no hay ángeles y eso alienta las teorías desestabilizadoras. Pero instituciones robustas y un espíritu de cuerpo generoso, creativo y profesional hubiesen expulsado a cualquier cuerpo extraño. No hubiera habido lugar para ningún Monje Negro. El fútbol, creador de tantos Frankenstein, se metió solo en la olla hirviendo.
