Los interrogantes que River no contesta

Fuente: Archivo
Antonio De Turris
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21 de marzo de 2015  • 19:47

Como la política, el fútbol genera pasiones que transforman la personalidad de las personas y las sumergen en un fanatismo ante el cual sucumbe toda posibilidad de raciocinio.

Inesperadamente, el siempre correcto, ubicuo y ejemplar Rodolfo D´ Onofrio se convirtió en un aventajado exponente de la máxima kirchnerista según la cual no hay que detenerse ante nada, ni siquiera ante los muertos o los enfermos, si de tapar problemas propios se trata.

Desencajado por la crisis futbolística que tiene a su equipo sumamente complicado para avanzar en la copa Libertadores y cada vez más lejos de los mejores del campeonato local, el presidente de River arremetió contra la Conmebol por la sanción que esta entidad le impuso al técnico Gallardo y por la cual éste no pudo estar cerca del plantel que dirige en la fatídica noche del empate ante Juan Aurich. "¿Qué tiene, sida, que no puede hablar por teléfono ni pasar por el vestuario?", se preguntó D Onofrio, con lo cual generó la lógica reacción de la Fundación Huésped, voz autorizada y reconocida en todo lo que tiene que ver con la prevención y concientización en materia de VIH-SIDA. Prontamente, el dirigente hizo a un lado aquella máxima K y se disculpó, pero el daño ya estaba hecho. A miles de personas que cargan con un drama y que no tenían arte ni parte en la cuestión, y a sí mismo.

Es imposible asegurarlo, pero es válido suponer que otra hubiese sido la figura elegida por D Onofrio para arremeter contra la Conmebol si River le hubiese ganado a Juan Aurich , un equipo que demuestra ser menos o lo mismo que los peorcitos del pelotón del Nacional B que hoy pululan en los últimos puestos del campeonato de primera.

D' Onofrio ya se había quejado ante esa entidad por el hecho de que el partido de ida ante el conjunto peruano se jugara en una cancha sintética que además estaba en mal estado y en un estadio con iluminación precaria. River se precia de ser uno de los grandes del mundo y efectivamente lo es a pesar del enorme daño que le inflingieron los dos presidentes anteriores al actual, pero no se sabe si cuando se hizo el sorteo de los grupos de la copa algún directivo viajó inmediatamente a Chiclayo para interiorizarse de cómo era el lugar donde se haría el partido. La queja pareció llegar tarde y mal y, por otra parte, cabe parafrasear Alberto Laya, el inolvidable jefe de Deportes de LA NACION, y preguntarle a todo el mundo River si aquella noche de Chiclayo el Aurich jugó sobre un campo que tenía el césped y la luz del Bernabeu.

En rigor, D' Onofrio, así como también el manager Enzo Francescoli y el técnico Gallardo, en lugar de quejarse por los árbitros y la supuesta mala suerte y ver fantasmas donde no los hay, deberían explicar algunas cosas:

•Frente a la lesión de Barovero y al miedo escénico que Chiarini no puede controlar, ¿por qué no juega el "crack" Batalla? ¿Por qué tienen miedo que se lesione y fracase su hipotética venta a Real Madrid? ¿Porque están enojados con él debido su apuro por ser transferido? ¿Cuándo apelar a él sino ahora?

•¿Por qué jugadores que hace cuatro meses parecían 22 en lugar de 11 hoy arrastran las piernas y apenas pueden girar ante un imprevisto?

•¿Cuál es el plan B del técnico, táctica y estratégicamente hablando, que permita atenuar el impacto de esa merma física?

•¿Por qué hay tamaña cantidad de lesionados?

•¿Cuál es la revisión que se hace ante la crisis?

Rostros y actitudes durante los partidos y en el banco de suplentes parecen demostrar que no todos los jugadores tienen la mejor relación con el técnico y que algunos, como Teo Gutiérrez y Cavenaghi, por momentos juegan para sí mismos.

Tampoco está clara cómo fue la estrategia dirigencial y del cuerpo técnico que hizo que River, en pos de la Sudamericana, terminara regalando un campeonato que tenía en el bolsillo. Pero eso ya quedó muy atrás.

Ahora, si queda al margen de la copa Libertadores, a su crisis futbolística River sumará un serio problema económico financiero, tanto por los ingresos que perderá en todo concepto como por la obligación de mantener a un plantel al que, justo es reconocerlo, tuvo la virtud de no desmantelar y además reforzar tras el éxito en la Sudamericana.

Ya nada depende del conjunto de Núñez. Si Aurich no afloja, River tendrá para entretenerse la copa Argentina y el campeonato local, que hasta ahora se le hizo cuesta arriba pese a un fixture teóricamente favorable. Una larga noche llena de pesadillas a la que habrá ingresado por propia responsabilidad y de la cual, con suerte, no saldrá antes de fin de año.

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