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El gesto distendido, la sonrisa casi permanente, la sobriedad en cada frase. Luciano Lollo está feliz. Parece haberse despojado de la tensión que durante ocho días acumuló por no haber superado la revisión médica, que estuvo a punto de frustrar su llegada a River. "Me saqué un peso enorme de encima cuando me dijeron que el pase se hacía", admite, apenas abre el diálogo telefónico con LA NACION, mientras conoce a sus compañeros en la pretemporada de Orlando, Estados Unidos.
Sólido, áspero y con voz de mando en la cancha, a los 29 años Lollo es un fiel exponente de los zagueros que tienen recursos elegantes y provocan aplausos. Los dos años de destacado rendimiento en Racing lo llevaron a convertirse en una obsesión para Marcelo Gallardo, que convenció a los dirigentes de River de desembolsar 3,5 millones de dólares por su pase, sin importarle que estuviera recuperándose de una fractura en el quinto metatarsiano izquierdo. Casado con Valeria y padre de Lourdes (2 años), este cordobés de la pequeña localidad de Alejo Ledesma es consciente del momento paradójico que atraviesa, pero se anima a vislumbrar un futuro promisorio: "La lesión es pasajera y estoy seguro de poder demostrarles al hincha y a los dirigentes que no se han equivocado en contratarme. Sé que es difícil, pero yo soy un convencido de mis virtudes".
—¿Cómo estás de la lesión?
—Siento que dentro de un mes voy a estar listo para entrenarme a la par de mis compañeros. Todo va a depender de cómo vaya evolucionando. Los médicos que me vieron aseguran que dentro de un mes voy a estar como para hacer fútbol...

–Cuando te notificaron que no habías pasado la revisión médica, ¿cómo reaccionaste?
–En River siempre estuvieron al tanto de la lesión que tenía. No pensé que fuera a caerse el pase por estar condicionado para hacer un ejercicio. Obviamente, se me vino el mundo abajo y me desesperé porque no querían entender que al mes iba a estar recuperado. Fueron ocho días angustiantes, difíciles. Dijeron muchas cosas equivocadas.
–¿Cuánto tuvo que ver Gallardo en que se diera la transferencia?
–Mucho. Estoy totalmente agradecido porque se la jugó y mantuvo su postura a pesar de la lesión, y eso me llena de orgullo. Que un técnico de esas características me quiera me da mucha confianza.
–¿Por qué elegiste River y no irte a Europa?
–La decisión pasó por mis condiciones físicas, por sobre las económicas. En Europa no iban a aceptarme con la lesión. Si yo hubiera aceptado la oferta de Bélgica [Anderlecht] y le hubiera dicho que no a River seguramente hoy estaría entrenándome en Racing, porque los europeos no iban a entenderme como sí lo hicieron en River. Además, más allá de lo deportivo, la parte económica es muy buena para mi crecimiento. Soy un jugador de casi 30 años y no estoy salvado, no tengo la vida resuelta.
–Llegás a un club donde la exigencia de ganar es constante. ¿No tenés miedo de fracasar?
–River es un grande y como tal siempre está obligado a ser protagonista. Para mí, vestir esta camiseta es un desafío enorme; sé lo que puedo dar. No les tengo miedo a las críticas ni al fracaso.
–¿Pensás que por la lesión y el precio de tu pase los hinchas van a exigirte más?
–Más allá del dinero que se pagó, la mayor responsabilidad que tengo es por tanta confianza depositada en mí. Cuando supieron de mi lesión siguieron negociando, y eso me demuestra que ellos están convencidos. Ahora queda en mí demostrar que estoy a la altura de River.
–¿Haber contribuido al descenso de River jugando para Belgrano puede condicionar la relación con los hinchas?
–Si bien es algo que se recuerda, siempre valoré más el ascenso nuestro que el descenso de un club tan grande y de tanta historia, River. Es algo que quedó atrás. Soy un profesional y voy a defender esta camiseta a muerte. Seguramente algún hincha me lo hará saber, pero vengo con la expectativa de tener muchas alegrías en este club y aprovechar la posibilidad al máximo.
–¿Cuando empezaste tu carrera imaginaste este presente?
–Nunca pensé que llegaría a vivir del fútbol. Mi hermano Gastón era el que siempre se entrenaba y se lo tomaba con seriedad. Recién a los 16 años, estando en la pensión de Belgrano, comencé a tomarlo con responsabilidad. Así y todo seguí estudiando porque era consciente de que esto en algún momento podía terminarse.
–¿Y qué habría sido de tu vida?
–Estaría trabajando en mi pueblo, haciendo cosas de campo. Me gusta mucho el campo. De hecho, mientras jugaba en Belgrano estudiaba agronomía en la Universidad de Córdoba. Hice tres años y lo más valioso que conseguí es Valeria, mi mujer...
–¿Qué metas o logros te quedan por cumplir como futbolista?
–Espero que en estos cuatro años que durará mi contrato logre cosas importantes con River...
–¿Y jugar en la selección?
–Es un sueño, pero no un objetivo. Voy a trabajar duramente con la esperanza de que algún día tenga la posibilidad. Estando en River puede cumplirse.
–¿Por qué quisiste irte de Racing?
–Los dirigentes me habían dado su palabra de mejorarme el contrato y no lo hicieron; estuvieron seis meses sin mirarme a la cara. Lo más fácil era sentarse a hablar y aclarar las cosas. Ellos piensan todo el tiempo en su conveniencia y no en las necesidades del futbolista. Yo me voy tranquilo. Racing me dio mucho y le agradezco. Ahora es tiempo de pensar en River.
av/jt
