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Me pasó lo que le pasa a todos los entrenadores; las críticas son parte de la tarea
Marcelo Bielsa fue un precursor en la generación de grietas en nuestro país. Desde el primer día hasta el último de su etapa como entrenador de la selección argentina, los futboleros argentinos se dividieron entre el apoyo incondicional y la crítica despiadada. No había lugar para los grises. Amor u odio. El paso de los años, potenciado por las exitosas experiencias del Loco en la selección de Chile, Athletic Bilbao y Olympique de Marsella, fue cerrando la grieta, o al menos le abrió lugar a las opiniones medias. Hoy, tras convertirse en el principal candidato a reemplazar a Gerardo Martino, el debate volvió a salir a la luz. Pero, ¿qué opina el rosarino, hoy de 60 años, al respecto?
"Me pasó lo que le pasa a todos los entrenadores; las críticas son parte de la tarea. La Argentina tiene un grupo de futbolistas capaces de dar muchísimo y hay que estar a la altura de las exigencias. Me di cuenta que ese impulso ya no lo tenía. No es decente insistir", afirmaba Bielsa en su última conferencia de prensa en el predio de la AFA en Ezeiza, cuando anunció su renuncia, el 14 de septiembre de 2004, luego de ganar la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Atenas y de conseguir un triunfo ante Perú en Lima por las eliminatorias.

Tiempo después, en la misma línea, volvió a analizar el lado "negativo" de su carrera y hasta recordó el "fracaso" que vivió en el Mundial Corea-Japón 2002, cuando su selección quedó eliminada en primera rueda. "Mi carrera ya está construida, para bien y para mal. Yo he tenido muchos más fracasos que éxitos, y los fracasos me han marcado mucho más que lo que me han distinguido los éxitos, los pocos que obtuve. Nadie recuerda, sobre mí, algo más vinculado a Japón-Corea, que fue un fracaso deportivo grandísimo. Ya por lo peor he pasado", comentó.
Pero más allá de todo lo que se generó, Bielsa siempre estuvo orgulloso de haber dirigido durante seis años al conjunto nacional, con el que disputó dos ediciones de la Copa América (jugó una final, en 2004) y una Copa del Mundo (eliminación en primera rueda). "Este es un sitio hermoso -aseguraba en esa conferencia de prensa de despedida-, ser DT de la selección es apasionante porque es uno de los equipos más importantes del mundo a nivel de selección, por el marco de apoyo. No tuve ningún problema puntual con nada y con nadie. No sentí que me faltara apoyo".

Sí, era una lugar "hermoso", sin embargo decidió irse. ¿Por qué? Falta de energías, según argumentó. "He renunciado a continuar como DT de la selección. Los motivos son muy simples y sencillos: me quedé sin las energías que demanda este cargo (...). Noté que la energía que se necesitan para ser DT de la selección, que demandan la responsabilidad, ya no la tengo; no tengo ese impulso. Me pareció que a esta altura del trabajo no permite este tipo de ausencias de energías, entonces maduré la decisión y me desligué de este trabajo".
Pasaron casi 12 años de su adiós de la selección. La grieta de los argentinos hoy pasa por otra agenda. Él, mientras, suma apoyo y parece convertirse en el candidato del consenso. ¿Volverán las energías?
jp/ph



