Marcos Acuña, la llave que necesita Racing para abrir los partidos

El neuquino nacido en Zapala se transformó en una pieza clave del conjunto de Zielinski; resultó clave en la goleada como visitante frente a Vélez
Gustavo Ronzano
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25 de septiembre de 2016  

Fuente: FotoBAIRES

Racing tiene una llave, que más que una llave es un muy buen motivo para la jactancia. Marcos y Javier son los nombres, Acuña es el apellido. El que juega y hace jugar, el que nació hace 24 años allá en ese rincón neuquino llamado Zapala, el que levanta la cabeza y calibra la vista con precisión telescópica para asistir al compañero mejor ubicado. El que asusta rivales hasta cuando despacha tiros de esquina bien cerrados, desde la derecha, con esa zurda encendida. El hombre gol, encima, por si hiciera falta.

Y claro que hace falta, siempre hace falta. Y más en este presente de sequía que venían protagonizando los delanteros de Racing. Si hasta que apareció Lisandro López para marcar el tercero ante Vélez (tras un gran pase de Acuña…), ninguno de los atacantes había podido convertir en el torneo. Ni Licha López (ausente ante San Martín en San Juan y frente a Defensa y Justicia en Avellaneda), ni Gustavo Bou (se perdió el arranque contra Talleres), ni Santiago Rosales, ni Lautaro Martínez, ni Brian Mansilla. Ninguno. Lo goles venían desde atrás. Acuña había marcado frente a Talleres y también ante los sanjuaninos. Ese día, además, convirtió Gastón Díaz y contra Defensa y Justicia igualó Sergio Vittor. Ayer volvió a celebrar por duplicado Acuña, casi exactamente a dos años de la última vez que había hecho dos tantos en un partido: había sido el 28 de septiembre de 2014 ante Belgrano.

Acuña fue en Liniers el argumento mayor para una goleada que resultó mucho más grande desde lo conceptual que lo sintetizado por el 3-0 final. Fue demasiado Racing para tan poco Vélez. Fue, al fin de cuentas, una pulseada desigual. En el primer tiempo se terminó la discusión y más que un resultado saca técnico, esta vez se trató de dos producciones saca técnico. La propia y la ajena. Y el que pagó los platos rotos fue Christian Bassedas , ídolo de Vélez, que dejó de ser el entrenador del equipo.

Claro, como en el fútbol mandan el exitismo y el corto plazo, las urgencias habían desparramado silbidos en torno al equipo de Ricardo Zielinski (y al propio DT también, desde luego) apenas siete días atrás, cuando Racing no supo sostener el triunfo ante Defensa y Justicia, de local. Había inquietud ya, sobre todo por la postura, por esa idea de pretender cerrar el encuentro antes que ir por el segundo. Después del empate inicial ante Talleres con Claudio Ubeda como DT interino, de la mano de Zielinski había emergido un Racing con doble personalidad. Con las ideas claras y con determinación en San Juan; con dudas en el Cilindro. Para colmo, el técnico debió meter mano en la formación hasta último momento, literalmente. Porque a los tres cambios que había programado (Lisandro López por Lautaro Martínez, Pillud por Gastón Díaz y Diego González por Francisco Cerro) debió agregarles el de Danilo Ortiz por Sergio Vittor, que se lesionó en la entrada en calor, instantes antes de salir a jugar.

Pero fue tan deshilachado el rendimiento de Vélez, que rápidamente se le allanó el camino a Racing. Por la izquierda estuvo la llave con Marcos Acuña, y con eso fue más que suficiente. Con eso y con las grietas que abrieron Gustavo Bou (que además metió un tiro libre en el travesaño) y Lisandro López ante un ramillete de jugadores aturdidos por la coyuntura.

Vélez venía de caer ante San Lorenzo con otra opaca actuación, pero antes había vencido a Central de local. Estaba claro que su crisis no pasaba exactamente por los resultados sino por su falta de identidad. El regreso al club de Héctor Canteros estuvo lejos de ser la solución: jugó sólo el primer tiempo. Mientras tanto, aunque falta mucho para las definiciones, el promedio empieza a ser una incomodidad grande. Racing venía con sus muecas de preocupación, también. Pero Acuña abrió todas las puertas, incluidas las del gol. Y en un rato se acabó la discusión.

gr/gs

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