Messi no marca, Barcelona se queda y Real Madrid es la nueva amenaza

Messi recibe una falta en el duro partido con el Athletic Bilbao
Messi recibe una falta en el duro partido con el Athletic Bilbao Fuente: AP
Claudio Mauri
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10 de febrero de 2019  • 19:00

Cuando Barcelona deja de vivir de los goles y de la magia de Lionel Messi , puede ocurrir lo impensado: que la Liga de España se reabra y entre en la discusión por el título un Real Madrid al que hace un par de meses se daba por descartado, sumido en la incertidumbre sobre el efecto que podría causar la repentina designación de Santiago Solari .

Un Messi activo e insistente no alcanzó para que Barcelona saliera del 0-0 ante el Athletic Bilbao en el nuevo San Mamés. Fue el segundo empate consecutivo del líder, que ahora tiene de escolta a Real Madrid, que con cinco victorias consecutivas se ubicó a seis puntos.

Barcelona se estancó un poco en un momento en el que la temporada se recalienta y le depara encuentros cruciales. Le esperan dos choques con Real Madrid en el Santiago Bernabéu: el 27 de febrero, por el desquite de las semifinales de la Copa del Rey, tras el 1-1 en el Camp Nou, y el 2 de marzo, por la 26ª jornada de la Liga. Entremedio, el 19 de este mes visitará a Lyon por la ida de los octavos de final de la Champions League.

El Athletic es un rival ante el que Messi suele tener la puntería afinada. Le había marcado 24 goles en 34 cotejos. Esta noche encontró muchos obstáculos, no se erigió en figura, condición que le correspondió al arquero Ter Stegen con tres tapadas salvadoras.

Se frenó una racha de Messi, que había convertido 12 tantos en las últimas ocho fechas, y Barcelona se quedó en blanco, algo que por la Liga no le pasaba desde hace un año, cuando el 11 de febrero de 2018 empató 0-0 con Getafe. El rosarino, como el resto del equipo, extrañó al sancionado Jordi Alba, que con sus proyecciones por la izquierda abre vías de ataques y asociación; en este torneo, el lateral lleva 14 asistencias, varias a Messi, y dos goles.

El Athletic fue duro y resistente; le hizo sentir el rigor a Messi, que en un momento se quejó al árbitro por los foules (recibió cuatro e hizo amonestar a Dani García). En medio del compacto bloque vasco, al rosarino le costó encontrar huecos para sus remates y asistencias a Suárez. Sólo uno de sus cuatro remates, de pique al piso, fue en dirección al arco; el resto se fue desviado, incluido un tiro libre por arriba del travesaño. No hubo vestigios de la contractura muscular que sufrió ante Valencia, por la cual fue preservado durante más de la mitad de la semifinal frente a Real Madrid. Apenas terminó el partido en Bilbao, Messi enfiló rápido al vestuario. Su gesto serio era un síntoma de este Barcelona que cede terreno cuando la temporada le exigirá estar en plena forma.

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