Mundial Sub 20. En Polonia, tierra de goleadores, Gaich se refleja en Lewandoski

Adolfo Gaich, goleador argentino
Adolfo Gaich, goleador argentino Fuente: AP
Alberto Cantore
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28 de mayo de 2019  • 17:33

No renunciar a los sueños fortaleció el espíritu de Adolfo Gaich. De chico, el cordobés tropezó y descubrió las frustraciones que depara el fútbol, aunque esas barreras no le impidieron avanzar hasta encontrar su espacio, un presente que ahora disfruta. Las decepciones se convirtieron en alegrías, siempre con el sacrificio como sello distintivo. De los rechazos en River y Lanús al arribo a las divisiones inferiores de San Lorenzo para escalar con actuaciones que le posibilitaron ser convocado a la selección.

El torneo de L’Alcudia, con Lionel Scaloni como entrenador; el campeonato Sudamericano de Chile y ahora el Mundial Sub 20, de Polonia, con Fernando Batista al frente del grupo, le dibujan sonrisas al goleador que abrió el camino del éxito 2-0 frente a Portugal, una victoria que clasificó a la Argentina a los octavos de final de la Copa del Mundo. "Veníamos haciendo un trabajo muy fuerte desde lo físico, teníamos que estar tranquilos. El gol nos dio esa serenidad", comentó el atacante a la transmisión oficial, mientras a su espalda los abrazos entre sus compañeros se repetían, una señal de la satisfacción por cumplir el primer objetivo: superar la etapa de grupos, una muralla que la Argentina no podía sortear desde Colombia 2011.

Portugal siempre resultó un rival incómodo para la selección en los mundiales Sub 20. A tal punto que la victoria en Polonia es el primer resultado positivo en cuatro juegos frente a los lusos, que celebraron en Portugal 1991, Qatar 1995 y Colombia 2011. "Supimos aprovechar los espacios, una debilidad de ellos, que son muy rápidos en las transiciones", explicó quien en el campeonato lleva dos festejos en dos partidos, al igual que Ezequiel Barco. Saltó desde el banco de los suplentes frente a Sudáfrica y, con un remate de derecha, corrigió un cabezazo de Nehuén Pérez para estampar el 5-2 definitivo en el debut; ahora, marcó como titular en una acción que lo tuvo como protagonista en el inicio y en la puntada final: pivoteó para Barco un saque de meta de Manuel Roffo; el jugador de Atlanta United habilitó a Julián Álvarez, que desbordó y despachó el centro al vértice del área chica para que Gaich, después de anticipar al capitán Diogo Queirós, defina de derecha, cruzado, al poste más lejano del arquero Joao Virginia. "En el primer partido cambiamos los roles, la jugada se dio así: yo piqué al espacio y Julián remató la jugada; ahora fue al revés y lo importante es que las dos veces convertimos. Una lástima que me quedaran otras dos situaciones para convertir, para definir el partido: una me la sacó el arquero y la otra la anularon por offside", explicó el ídolo de Bengolea, el pueblo de 1200 habitantes.

La conquista de Adolfo Gaich

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"Es un jugador muy interesante, porque le gusta el gol y con espacios complica. Además, aguanta la pelota y así le da respiro a sus compañeros", señaló el Bocha Batista, en la conferencia de prensa. El DT rescata y valora la parte del juego en la que Gaich no duda en batallar contra los defensores rivales, esa faceta la desarrolló a la perfección en el Sudamericano de Chile, un torneo en donde el gol se le negaba hasta que llegó la cita con Venezuela y festejó por triplicado. "Es un futbolista que todos los entrenadores queremos. No da ninguna pelota por perdida, tiene juego aéreo, es difícil de controlar. Crea situaciones y siempre le remarco que se quede tranquilo porque lo que me preocuparía es que no las generara", lo apuntala Batista.

"Jugué en Unión de Bengolea, ahí empecé, pero el club dejó de participar en fútbol porque como éramos pocos no completábamos las categorías, así que me fui a Sportivo Chazón, Atenas de Ucacha y Atlético Pascanas. Los sábados jugaba para ellos y al día siguiente me iba a jugar baby a Villa María", le comentó en febrero a La Nacion, quien se le negaba fichar en un club de Buenos Aires. Lanús lo tuvo preseleccionado durante dos años y lo dejó ir porque "le faltaba físico". Hasta que apareció San Lorenzo, como un mandato familiar: su papá Guillermo le transmitió el cariño por esa camiseta y su primera visita al Nuevo Gasómetro fue en la despedida del Beto Acosta, en 2003. Con edad de séptima partió para desarrollarse como futbolista profesional. "Tenía 15 años y para uno que es de un pueblo se hace duro dejar la familia y los amigos. Además, al principio no tenía continuidad y me bajoneaba un poco. Pero siempre la luché, digo que son como exámenes que tenés que aprobar para seguir, porque hay muchísimos chicos que quieren ese lugar y hay que rendir para no relegar el sueño. Salí fortalecido, ya en sexta encontré el ritmo de competencia, fuimos campeones, y el Pampa [Claudio Biaggio] me subió a la Reserva y después al profesional. Los dos primeros años viví en la pensión", recuerda, quien disfruta de la tranquilidad de su pueblo, de las salidas a pescar o de los mates con mamá Flavia.

Goleador en L’Alcudia, junto con Facundo Colidio, quien participó en el Sudamericano de Chile pero no es parte de la lista en el Mundial, el regreso después de lograr la clasificación para el Mundial le presentó un nuevo reto: en una práctica sufrió una fractura con desplazamiento de los huesos de la nariz. Nunca entró en la rueda durante el ciclo Almirón en San Lorenzo, aunque desde Lazio preguntaran por sus condiciones. Se repuso de la lesión y la camiseta de la selección lo estaba esperando para la cita en Polonia, justo a él, que tiene entre sus espejos al polaco Robert Lewandoski.

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