Murió Carlos Barisio: el adiós del hombre récord que le puso candado al arco durante 1075 minutos

Carlos Barisio, en una imagen de su etapa como entrenador de arqueros en Ferro
Carlos Barisio, en una imagen de su etapa como entrenador de arqueros en Ferro Fuente: Archivo - Crédito: Hugo Ramos
Ariel Ruya
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5 de febrero de 2020  • 19:36

Algunos años atrás, en un bar de Belgrano, tomaba un café con el mismo bajo perfil que acompañó toda su vida, pegado a un ventanal. Definía en un concepto su modo de arroparse con los guantes, su modo de pararse debajo de los tres palos, su modo de atajar. En realidad, era su modo de vivir. "La mesura. Tenía el equilibrio de saber dónde debía estar parado. Ya pasó mucho tiempo y no es fácil quebrar el récord, son muchos partidos... Pero algún día lo van a romper. Nada es para toda la vida...", asumía, en una charla con LA NACION. Pasó el tiempo, siempre pasa el tiempo. Y Carlos José Barisio, el hombre récord, ya es una leyenda. Víctima de una larga enfermedad, murió este miércoles a los 69 años. Queda su enorme historia en Ferro, una página indispensable del manual del fútbol argentino.

Una fría tarde no pudo detener un fortísimo remate de Humberto Bravo, jugador de Talleres, de Córdoba, que gritó el gol y quebró una racha increíble de 1075 minutos con la valla imbatible en la primera división. Fue el 26 de julio de 1981, la fecha que podría ser el día del arquero. "Te das cuenta de todo después, con el paso de los años, aunque si digo la verdad todavía hoy no lo puedo creer. No entendía nada, no sabía lo que había logrado, no me daba cuenta. Me pregunté: ¿qué hice? ¿por qué todo el mundo habla de mí? Con el paso de los años, todo se agiganta", contaba el hombre nacido en San Fernando, surgido en River y que siempre tuvo como espejo a Amadeo Carrizo, gloria del Monumental y de todos los tiempos.

Pasó por Boca en 1983, se arrojó de un palo a otro en equipos con mística del esfuerzo, como Gimnasia, All Boys, Armenio y Chacarita, pero fue en Ferro en donde voló más alto, voló mejor, de 1978 a 1982. "Fueron los cinco mejores años de mi carrera". La marca -siempre a punto de quebrarse, de Navarro Montoya a Armani, de Córdoba a Andrada- fueron exactamente 11 partidos y 65 minutos sin que le convirtieran goles. Por un largo margen dejó atrás la marca previa, de Antonio Roma, que mantuvo su arco invicto en Boca durante 783 minutos, en 1969.

Parte de ese mérito les corresponde a Héctor Cúper, Juan Domingo Rocchia y Oscar Garré, guardianes del cerrojo del mejor Ferro, el de los primeros años 80, un sello de Carlos Timoteo Griguol. Se consagró en el Nacional 1982 y jugó en primera 271 partidos.

'Barisio se levantó y, sin un solo gesto, volvió a ocupar su posición. "Alguna vez esto tenía que ocurrir... Cuando vi que la pelota entraba me fastidió el hecho de suponer que el encuentro terminaría empatado. Nada más que por eso"'. La crónica de LA NACION sobre el acontecimiento lo describió tal cual era: un sujeto común, que siempre prefirió los botines de sus compañeros, más allá de sus propios guantes.

Carlos Barisio en la Bombonera, neutralizando un cabezazo de Diego Maradona: fue en 1981, cuando Ferro le peleó el título a Boca
Carlos Barisio en la Bombonera, neutralizando un cabezazo de Diego Maradona: fue en 1981, cuando Ferro le peleó el título a Boca Crédito: Archivo

Alto, flaco, de sonrisa medida, enemigo de los excesos. Nunca se sintió el número 1, el mejor. "Jamás. Siempre lo dije: no tenía idea del valor de lo que me pasaba a mí, porque Ferro peleó mano a mano el campeonato con Boca. A mí me hablaban del récord, de que había entrado en la historia y todo eso, pero nosotros, la verdad, pensábamos en ganar el título", recordaba sobre el campeonato de 1981, el trofeo vestido de xeneize, el de Brindisi y Maradona.

Barisio acaba de superar uno de los récords, el de Antonio Roma (783 minutos, en 1969) y es felicitado por Juan Domingo Rocchia
Barisio acaba de superar uno de los récords, el de Antonio Roma (783 minutos, en 1969) y es felicitado por Juan Domingo Rocchia Crédito: Archivo

Se inclinó por la dirección técnica, pero se escapó rápido de un puesto ingrato, lejos de la nobleza solitaria de un arco. Se dedicó a los que menos tienen: entrenaba a los arqueros libres, que ensayaban la vuelta bajo la órbita de Agremiados. "El arquero se luce o te defenestran, es un puesto especial, hay que estar bien de la cabeza", decía Barisio, un caballero del arco, que se despide en silencio, lejos de las luces, como fue su trayectoria. El dueño de un récord imposible de batir, vigente desde casi cuatro décadas.

Los restos de Carlos Barisio son velados en Avenida Congreso 1757 y serán sepultados este jueves, a las 11.30, en el cementerio de la Chacarita.

Por: Ariel Ruya
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