Norberto D'Angelo, un entrenador con piel de ascenso

Dirigió en todas las categorías, desde la B Nacional al Federal B; su presente, Sacachispas
Alberto Cantore
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29 de noviembre de 2016  

Norberto D’Angelo
Norberto D’Angelo

El club es singular y su técnico también ofrece particularidades. Sacachispas y Norberto D’Angelo empezaron a caminar a la par en 2015, cuando el equipo de Villa Soldati, fundado el 17 de octubre de 1948, se reanimaba, después de la traumática experiencia en la que se vinculó con el Mercado Central. El entrenador, con más de 22 años de experiencia, tenía un diagnóstico de los Lilas, ya que sus tres últimos trabajos eran en equipos de la Primera C: Talleres, de Remedios de Escalada, Liniers y Defensores Unidos, de Zárate. Veinte meses más tarde, la comunión que existe entre el director técnico y la institución se refleja en los números de la campaña, esa que ilusiona con el ascenso, por primera vez, a la B Metropolitana. “Cuando atacamos, vamos por el gol. Esa es mi idea y el equipo la mantiene. Es la forma en la que llegamos hasta acá y nos posibilitó que saquemos una linda diferencia. Acá no tiramos pelotazos por tirar, comenta D’Angelo, de 55 años, sobre los modos de Sacachispas, puntero del campeonato con ocho puntos de ventaja –35 frente a 27– sobre el escolta Defensores Unidos. Pero esas cifras también lo convierten en el mejor equipo del ascenso: 11 victorias en 15 juegos; 33 goles convertidos y apenas 11 en contra. Nadie, desde la B Nacional a la Primera D, equipara esos números.

Puede decirse que D’Angelo es un técnico con piel de ascenso, porque todas sus experiencias se desarrollaron en equipos que responden a esas categorías. Sus inicios fueron en Talleres (RE), junto con su tío Héctor. En aquel plantel se dio un tremendo gusto: dirigió a Javier Zanetti, que daba sus primeros pasos en el fútbol profesional. Tuvo tres ciclos en Remedios de Escalada, los dos restantes en la Primera B (2004/07) y en la Primera C (2010/2011). En la B Nacional condujo también a Almirante Brown (1995/96) y San Miguel (1997/98), junto a Héctor Clide Díaz; en la B, sus equipos fueron Defensores Unidos (1995) y Atlanta (2007); en la Primera C dirigió a Dock Sud (2002/2003), Liniers (2012/2013) y Defensores Unidos (2014) y en la Primera D lo hizo en Defensores Unidos (2001/2002) y Ferrocarril Urquiza –actualmente UAI Urquiza–, desde 2003 a 2005. El interior lo tuvo en un puñado de instituciones: con Racing (Trelew) fue campeón de la Liga del Sur y disputó el Torneo del Interior en la temporada 1994/95; se desplazó a Pergamino en 2008/09 para conducir a Douglas Haig en el Torneo Federal B, campeonato en el que también fue entrenador de Textil Mandiyú (Corrientes). Con 9 de Julio (Rafaela) llenó el casillero del Torneo Federal A.

Fue y vino, y en el recorrido dejó sensaciones buenas y otras que no lo fueron tanto. “Es complicado y lo que se proyecta no siempre llega a cumplirse. Hay veces que el trabajo de la semana no se termina de reflejar en la cancha y si los resultados no ayudan... Pero también hay situaciones que van más allá del campo de juego: dirigentes que no cumplen, sponsors que se caen, y esas situaciones desarticulan la planificación. Si me preguntan cuál es mi temor ahora, digo que es el poco tiempo de descanso: jugamos casi cada 48 horas. Al tener jugadores con experiencia, el equipo se ordena y eso al técnico lo ayuda mucho”, relata D’Angelo, que durante la temporada pasada vivió una situación angustiante, una síntesis de la locura que envuelve al fútbol argentino. Jugaban Excursionistas y Sacachispas; el primero debía ganar para ascender a la Primera B, mientras que los Lilas necesitaban de un éxito para clasificarse para la Copa Argentina. El futbolista Raúl Pérez recibió un llamado intimidante. “Los amenazaron por teléfono, le dijeron dónde vivían sus hijas y que si jugaba lo iban a matar. Charlamos y se quedó fuera de los concentrados. Pasaron cosas feas en ese partido, cosas que no le hacen bien al fútbol”, dice D’Angelo, que después de vivir aquella tarde estresante y de desencanto ahora disfruta de un presente halagador y que llena de ilusión a Villa Soldati.

Fútbol, cine y...

El nombre y los colores de Sacachispas fueron inspirados en los relatos ficcionales que el periodista deportivo, escritor y guionista uruguayo Ricardo Lorenzo “Borocotó” publicaba en la revista El Gráfico. Dos años más tarde de su fundación, en 1950, Sacachispas fue el título de una película. En 2012, el club se firmó un convenio con el Mercado Central; la intención de Guillermo Moreno (secretario de Comercio Interior) era relanzar la popular marca de botines. El vínculo se disolvió a los dos años.

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