Racing no aprovechó sus oportunidades y sólo se llevó un empate de Mataderos

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La Academia empató sin goles ante Nueva Chicago y no pudo trepar en la tabla
Ariel Ruya
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21 de abril de 2015  • 09:46

Una , dos, tres, cuatro, cinco, seis brujerías frente al arco adversario durante la primera parte. Uno, dos, tres, cuatro hechizos en el área rival durante la segunda mitad. En 90 minutos entretenidos, vertiginosos, apasionados, Racing creó un libro futbolero de la ironía: cómo desperdiciar diez situaciones evidentes, claras, genuinas de riesgo en una tarde otoñal. Para que lo vean los entrenadores, para que lo observen los jóvenes de las inferiores, hasta para los niños que sueñan con ser futbolistas profesionales, una profesión maravillosa. Un cabezazo que choca con el travesaño, un remate de un delantero que está por pasar la última línea y es frenado por un defensor. De derecha, de izquierda. Con clase, con potencia. Cerca de los palos o hacia las nubes. El manual debe ser leído hasta el tramo final, cuando Brian Fernández , solo con el arco desnudo, sin marcas ni sombras, manda hacia un rascacielo el balón.

Racing, con sus mejores intérpretes, mientras espía el recorrido futuro de la Copa Libertadores, empata sin goles contra Nueva Chicago , en Mataderos y no se sube, por ahora, al último vagón de los de arriba. Cada tarde que Racing juega de visitante, empata. Su humilde adversario, que permanece sin ganar, al menos encuentra el confort del arco en cero con dos choques contra poderosos. En la Bombonera, el domingo que pasó. Y en Mataderos, bajo el sol exagerado de abril.

No se puede pedirle acuarelas en el aire a Chicago, una formación que es la síntesis del barrio: trabajador, austero, sufrido, luchador, eternamente envuelto en la esperanza. Mientras Gomito, Christian Gómez , se recupera de una seria lesión a los 40 años, sentado en una platea, Chicago desafía su fortaleza con un grupo joven que aporta coraje, impulso y confusión. Un buen arquero, Sánchez. Un muy buen número 5, Lemos. El resto, corre. Para atrás o para el costado: le cuesta un mundo avanzar.

El protagonista, sin embargo, es el grande, el de Avellaneda. Chicago lo acorrala con el latido, de vez en cuando. Racing, el último campeón, lo domina con su credencial. Con ensayos elaborados o con inspiraciones, por errores ajenos o por pelotazos cruzados, suma merecimientos en la tabla imaginaria de la justicia. Uno, dos, tres. Sánchez , Milito , Castillón . Cuatro, cinco, seis. Milito y Bou en ese rubro. Sigue la historieta -de tan repetida, debería ser un plomazo, pero se sostiene por el suspenso que la provoca- con el balón de la ironía. Cuando está a punto de comer el asado, jugoso o cocido, a punto o pasado, creado con la fantasía de sus mejores hombres -Milito, Acuña , Romero -, Sánchez, el héroe de la Bombonera, baila por los aires.

La foto final es de Brian Fernández, un atorrante cuando se entretiene con el balón, aunque un atolondrado cuando el arco está a sus pies. Racing lo tiene todo: una idea, un conductor y capaces intérpretes. La tarde de Mataderos es una lección para su ambición futura: sin el gol, la vida parece una parodia.

Por: Ariel Ruya

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