Por qué el número 5 se convirtió en el rey del mercado argentino

Casi todos los equipos se reforzaron con volantes centrales con una característica central: deben ser el termómetro, jugar y marcar
Ariel Ruya
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18 de enero de 2016  • 22:58

Eran otros tiempos. Año 2001, 2002, 2003. Manuel Pellegrini, un entrenador de vanguardia, inolvidable en San Lorenzo, y exitoso y traumático en River, entre otras enseñanzas impuso en nuestro medio un método revolucionario: el moderno doble cinco. Algunos equipos insinuaban actuar con ese sistema, aunque era una suerte de prueba y error. El fútbol argentino no se lo permitía del todo: 5, lo que se decía 5, era el Tolo Gallego. O Checho Batista. Con el tiempo, la etiqueta varió 180 grados: podía ser Fernando Redondo. Javier Mascherano era un pibe: el Ingeniero lo hizo debutar en el elenco millonario con una certeza inequívoca: es un hombre que no sólo sabe (debe) marcar. Tiempo después, convencido de la influencia de esa función, el actual conductor de Manchester City, uno de los mejores equipos del planeta, lanzó esta advertencia: "Con la función del doble cinco lo que yo pretendo es tener un jugador para la marca y otro para la creación. No es cierto que jugar con un único volante central el equipo esté más suelto o sea más audaz. Estoy convencido desde hace varios años: con dos mediocampistas que compartan la zona media, dividiendo el ancho de la cancha, se puede tener un mayor porcentaje de la posesión del balón. Y con la pelota, se llega más fácil".

Su enseñanza vuelve hoy al fútbol doméstico. Casi todos los elencos de primera juegan con ese cuadrado: un volante que juega, aunque primero quita, y otro mediocampista que quita, aunque también se desprende. Ni más audaz, ni más precavido: el fútbol se nutre de ese método, más allá de la propuesta global. Por eso, en el mercado, el número 5 es el nuevo rey. Ni goleadores (siempre vigentes), ni enganches (en desuso), el volante central es el puesto más requerido en el juego de la oferta y demanda. De a uno, de a dos: (casi) todos pretenden una brújula en la zona central, un termómetro, un técnico dentro del campo de juego.

San Lorenzo es la excepción: no compra porque le sobran números 5. Néstor Ortigoza, Juan Mercier, Enzo Kalinski, Franco Mussis, Facundo Quignon. Sin embargo, no quiere desprenderse de ninguno. Indispensables, también, en la ambición que pretende imprimir Pablo Guede. Boca, ahora, va a buscar uno: los vaivenes físicos de Fernando Gago y Cristian Erbes lo obligan a salir al mercado. El resto –con apellidos con quilates o con valores de medias bajas–, tiene desde algunos días atrás un nuevo número 5 en cada pretemporada. O dos, según la premisa de los nuevos tiempos. River es el caso estelar: Nicolás Domingo y Joaquín Arzura abrieron la puerta de las incorporaciones, más allá de las presencias de Leo Ponzio o Lucho González. Rosario Central también sumó a dos: Rodrigo Battaglia y Gastón Gil Romero. ¿Más casos de doble agente del equilibrio? Sí: el puesto es la obsesión de enero. Agustín Pelletieri e Iván Marcone arribaron a Lanús y Diego Castaño y Ezequiel Cirigliano son parte de Tigre. Algunos son fugaces: préstamos de seis meses. Otros, vuelven a su vieja casa.

Federico Vismara pasó de Huracán a Racing, en una posición que ya cuenta con Francisco Cerro y Ezequiel Videla. Y a la Academia le interesa Diego González o Bruno Zuculini. No se trata de superpoblación: la idea es complementarse.

Facundo Sánchez llegó a Estudiantes, Matías Fritzler acordó con Huracán, Nelson Acevedo aterrizó en Unión, Guido Rodríguez fue cedido a Defensa y Justicia, Fernando Godoy irá a Godoy Cruz y Matías Sánchez se presentó en Temperley. Hay otros casos. De esencial permanencia. Como el de Jesús Méndez, en Independiente: sigue por dos años y medio más. Fue la primera decisión política de Mauricio Pellegrino en 2016. Con Sebastián Prediger, en Belgrano, ocurrió algo parecido. Y cierra el círculo Cristian Ledesma, que a los 37 años renovó el vínculo con Argentinos por una temporada y media más. Alguna vez, le preguntaron al Lobo cuál era el secreto de su puesto. Su respuesta fue un suspiro de apenas dos palabras: "Ser simple".

"Un puesto vital para el entrenador", por Pablo Michelini

Es lógico que todos los equipos se refuercen con números 5: es un puesto vital para el entrenador. Es el técnico dentro de la cancha, un líder en el momento de jugar. Tal vez, el público se queda con el enganche o con el número 9, pero los que saben de fútbol entienden que es un puesto determinante. Es el que lidera a la defensa cuando el equipo ataca y es, también, el que primero debe recuperar la pelota cuando el equipo la pierde en zona ofensiva.

En los últimos años, el volante central debe saber marcar y jugar, retroceder y meter un pase de 40 metros. Es el puesto que más evolucionó en los últimos 20 años: ya no alcanza sólo con correr al 10 rival. Ahora, muchos conjuntos juegan con un doble cinco, uno más adelantado y otro más atrás. Los dos deben saber lo que hace el otro para ocupar su lugar.

El número 5 debe saber capturar los rebotes, marcar el equilibrio, ofrecerse como salida. Respaldar a los zagueros, disfrazarse de enganche, que hoy hay muy pocos. Si no está capacitado para todas esas funciones, no puede jugar. Ser inteligente: entender el concepto del juego y qué exige la jugada siguiente. Es un trabajo silencioso, en general, pero los técnicos conocen su importancia. Por eso son buscados. Y nunca pasan de moda.

*El autor fue volante central, símbolo de Racing y San Lorenzo.

ar/jt

Por: Ariel Ruya
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