Rolfi Montenegro, el símbolo que a los 36 años se reencontró con un viejo amor

Fuente: Archivo
Esta temporada volvió a Huracán para relanzar su fino estilo y llevar al club a lo más alto del continente; detrás de las dudas, disfruta de días tan emocionantes como inolvidables
Martín Castilla
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1 de diciembre de 2015  • 00:12

Seguramente disfrutó de tiempos de mayor figuración futbolística, pero el que le toca vivir hoy a Daniel Gastón Montenegro (36 años) lo moviliza por dentro. Después de una salida traumática de Independiente y a minutos de firmar con Nueva Chicago, apareció un llamado necesario: el de su querido Globo. La historia que encuentra a Huracán como finalista de la Copa Sudamericana tiene en el Rolfi un representante genuino de su cantera. Un hombre que la última vez que se marchó de Parque de los Patricios, allá por 2002, sintió que las miradas lo señalaban y, a pesar de esa carga a cuesta, decidió volver para vivir una tercera oportunidad que ya es inolvidable.

A principio de este año, en coincidencia con la llegada del Rolfi al plantel, el Globo conquistó la Supercopa Argentina ante River y comenzó a jugar la Libertadores después 40 años. Sin embargo, descuidó el torneo local y peleó el descenso mano a mano con Chicago. Pero el convencimiento lo hizo fijar la mirada en una Copa Sudamericana que lo puede llevar a lo más alto del continente en las finales frente a Independiente Santa Fe.

"Venimos haciendo historia y estoy orgulloso de ser parte de esto. Es muy movilizador y se me llenan los ojos de lágrimas cuando pienso en lo que nos toca vivir", reconocería el Rolfi hace unos días, después de la semifinal que dejó en el camino a River. "Este equipo jugó la Libertadores, salió campeón de la Supercopa y luchó por mantenerse en Primera. Estamos con ganas de seguir sumando cosas y la Copa Sudamericana es un gran sueño para esta camiseta", agregó una de las voces más escuchada en la intimidad del plantel.

Su fino pie derecho le permitió recorrer las canchas de Francia, España, Rusia y México, pero puede decirse que el máximo reconocimiento de su carrera se lo llevó en el fútbol argentino, en aquella campaña inolvidable del Independiente campeón del Apertura 2002. Tiempo después volvió nuevamente al Rojo y vivió el duro golpe del descenso, pero se quedó para emprender el duro regreso a la primera división. Lo consiguió, pero el reconocimiento de la gente no fue suficiente, ya que con Jorge Almirón como DT de los Rojos advirtió de que en Avellaneda ya no era tan necesario, y hasta llevó las cosas a un extremo para que se lo dijeran "cara a cara". Y se marchó.

Este jugador surgido de los potreros de La Tablada, que heredó el apodo de su papá, Rodolfo, y que dio sus primeros pasos en clubes como Flecha de Oro y Defensores Unidos, es una de las cartas de distinción en este Huracán de conducción compartida con Patricio Toranzo. Al fin, las circunstancias hicieron que fuera nuevamente protagonista de algo grande como lo es este sueño sudamericano de Huracán.

El Globo se siente en una decidida carrera hacia el deseo tan anhelado por el pueblo quemero, nada le calza mejor que refrescar algunas de las razones que lo colocaron en lo más alto. En ese camino, este equipo comandado por Eduardo Domínguez exhibió argumentos convincentes para apoyar las aspiraciones que están a un paso de concretarse. Y todos saben que uno de ellos descansa en el talento de su hombre más emblemático: Daniel Gastón Montenegro. Un conductor como los de antes que finalmente se reencontró con un viejo amor.

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