¡Salven al 9! La jugada “indefendible” y el puesto que se mantiene más vigente que nunca (siempre y cuando jueguen para ellos)
En un fin de semana con muchas emociones, las similitudes en los goles de Bareiro (Boca), Ávalos (Independiente), Véliz (Rosario Central) y... el que erró Maravilla (Racing)
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Todo Palermo necesitó un Guillermo. El fútbol evoluciona y todos los días los entrenadores aportan ideas nuevas. Saques de inicio copiando al rugby; laterales centro para duplicar o triplicar las posibilidades de goles aéreos en épocas en las que la pelota parada incide cada vez más en los resultados; jugar sin un “5 tapón táctico” como los de antes; recuperar el “achique” al extremo como hace el Barcelona de Flick cuando se pensaba que el recurso ya había quedado archivado en un cajón; arqueros que están obligados a jugar con los pies; centrales que no sólo puedan iniciar el juego sino que además puedan avanzar con la pelota hasta la mitad de la cancha; laterales que ya no desbordan o se limitan a hacer la banda como antes, sino que son capaces de progresar por dentro, como si fueran interiores y llegar a definir como centrodelanteros; falsos 9…
Los 9 siempre van a ser 9, pero siempre y cuando los compañeros jueguen para ellos.
En los últimos días se vieron goles similares de los centrodelanteros. Adam Bareiro para Boca ante Talleres; Alejo Véliz para Rosario Central frente a Atlético Tucumán; Julián Alvarez (con la camiseta de la selección) ante Zambia; Lautaro Martínez –encima por duplicado- en la goleada de Inter a Roma 5-2, en Italia. Pero si de jugadas emblemáticas se habla, valen como ejemplos lo vivido en el último clásico de Avellaneda, en la que un 9 (Gabriel Avalos) resolvió con eficacia una acción casi idéntica que (antes) había fallado uno que no suele fallar (Maravilla Martínez): no se trata del penal picado, sino de ese tanto errado de manera insólita por el centrodelantero de Racing luego de una asistencia de Santiago Solari.
¡¡SIEMPRE EL GOLEADOR!! ¡¡BUSCAPIÉ DE MONTIEL Y GOL DE ÁVALOS PARA EL 1-0 DE INDEPENDIENTE VS. RACING EN EL CLÁSICO!!
— SportsCenter (@SC_ESPN) April 4, 2026
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Esas resoluciones de jugadas, como la de Avalos y Maravilla Martínez son indefendibles (para los defensores) y sólo no terminan en gol por falta de eficacia de quienes llegan de frente para resolver o por alguna gran atajada rival. Tanto en el gol de Independiente como el de Boca en Córdoba, los arqueros Cambeses y Guido Herrera no tuvieron nada para hacer. O sí: implorar el milagro. El balón les pasó por delante, en diagonal, con ventaja para el que llega de frente para definir. Y listo. Incluso Adrián Martínez, aun errándole en el impacto y llevándose por delante la pelota con su pie inhábil, el derecho, pudo convertir pero el balón dio en el lateral Arias. Allí tampoco Rey hubiera podido hacer algo para evitar lo que hubiera sido el 1-0 de Racing.
Quizás si se jugara de nuevo el partido, los aciertos y errores se invertirían. O quizás no. Quizás si Maravilla no decidía picar el penal hoy la historia sería diferente. Pero se trata del juego, no del resultado. “¿Qué le vamos a decir a Maravilla, si hizo 200 goles”, lo defendió Gustavo Costas aunque puertas adentro el DT (seguramente) se mordió los labios. El punto está en cómo Maravilla hizo esos “200” goles en la Academia. Primero que nada, con un socio que ya no tiene como Maxi Salas. Porque si bien Salas puede jugar de “9”, no es “9”. Algo similar puede suceder con Facundo Colidio en River o cuando en Boca ponían en ese rol a Miguel Merentiel.
Increíble el gol errado por Maravilla Martínez ante Independiente.pic.twitter.com/hWZVuYGqhN
— Mati (@matiasm_02) April 4, 2026
Di María es la figura de Rosario Central, pero todos juegan para que el gol lo haga, preferentemente, Alejo Véliz. Campaz dio muestras de esto ante Atlético Tucumán.
Alexis Cuello puede jugar de 9 en San Lorenzo, pero se lució más cuando asistió a Diego Herazo en el gol del triunfo ante Gimnasia de Mendoza. Otra pelota “indefendible”, como las que recibieron Bareiro, Avalos y Maravilla.
El Vélez de Barros Schelotto es uno de los equipos que más juega para “su” 9. Antes Braian Romero, ahora Florián Monzón. El Mellizo, el creador de “no tiren centros de m…”, se formó ganando partidos asistiendo a Palermo. El también hacía goles (como ahora los pueden hacer Lanzini, Pellegrini, Valdes o antes Maher Carrizo), pero entiende las ecuaciones más lógicas para alcanzar el triunfo. Su Vélez tiene unos circuitos ofensivos admirables, es uno de los mejores en cantidad (y calidad) de jugadas genera. Un escalón por debajo, el Argentinos de Nico Diez: su estructura de juego (y goles) se reciente demasiado cuando Tomás Molina no puede jugar.
El 9 necesita “sentir” el gol, no sólo saber cumplir con la posición.
El primero que sigue extrañando a Salas es Maravilla: habían conformado una dupla irrompible, que se entendían de memoria para tirar paredes, escalonarse y autogestionarse situaciones de riesgo que luego finalizaban en gol. Sin embargo, Martínez sigue haciendo goles en Racing. Y eso es porque sus compañeros lo buscan, saben lo mejor que pueden sacarle a él y, sobre todo, cómo hacerlo. Cuando Toto Fernández puso a correr a Santiago Solari por la derecha, el wing ya sabía dónde y cómo buscar a “su” 9, con una bola lisa que haga la diagonal hacia adelante para que sea “indefendible”.
¡¡ARANDA CONDUCCIÓN!! Centro de Merentiel y GOL del Príncipe Bareiro para que Boca se ponga 1-0 ante Talleres en el Kempes.
— SportsCenter (@SC_ESPN) April 3, 2026
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Durante muchos meses, Merentiel tuvo que asumir en Boca una responsabilidad extra: ser 9. Sin embargo, cuando mejor jugaba el uruguayo era cuando lo hacía como “segunda punta”, con otro 9 al lado. Merentiel tiene el egoísmo del 9, le gusta “ir al gol”, tiene aceleración y desequilibrio, pero no es 9. ¿Puede ser 9? Sí, pero rinde mejor cuando juega con otra referencia. Y esa “referencia” es la que lo ordena a Merentiel, la que le saca la presión de ser el nombre gol y, al mismo tiempo, potencia sus virtudes como segundo atacante. Por eso no tuvo egoísmo en asistir a Bareiro en la acción que fue decisiva para el triunfo de Boca en Córdoba.
No fue casualidad. Desde que llegó Bareiro, Boca empezó a jugar con 9. Un delantero que siente el puesto, el rol y la responsabilidad, que además juega también para los compañeros ganando faltas, pivoteando, marcándoles los pases. Antes de Bareiro, todas las pelotas largas para Cavani, Merentiel e incluso para Milton Giménez, iban todas para “adelante”. Algunas terminaban en golazos, como el que le hizo Merentiel a Bayern Munich en el Mundial de Clubes o el que le marcó Zeballos a River, en la Bombonera. Pero circuito de juego y pivoteos, pocos. Bareiro no es sólo lucha con los centrales y pivoteos, él busca terminar las jugadas siempre de frente al arco rival. Y eso también les da referencias a los compañeros de dónde y cómo buscarlo. Por eso, no es casual tampoco que, desde que Bareiro llegó a Boca, en todos los partidos haya marcado un gol o haya tenido tiros en los palos o situaciones claras.
Hoy a Bareiro lo buscan en Boca como no lo hicieron en River. O no le dieron el tiempo para saber buscarlo. Coudet ya pidió un “9” para junio. Sebastián Driussi lo está haciendo bien, pero… ¿es 9? ¿O siempre jugó mejor detrás del 9? A veces necesita de muchos toques con la pelota antes de definir y es capaz de generarse sus propias situaciones, como quedó demostrado (para no ir muy lejos) ante Belgrano. No le tocó convertir, pero jugó bien. ¿Podría jugar mejor con otro 9? Es más probable que así sea, aunque las continuas lesiones le quitaron (hasta ahora) la posibilidad de demostrar lo contrario. Por características, por olfato, por ubicación, hoy a River le cuesta descubrir ese faro dentro del plantel. No alguien que pueda cumplir el rol, sino alguien que lo sienta. A Coudet le gusta jugar con un 9 y “con dos delanteros”. Está en esa búsqueda interna (y externa).
Pep Guardiola, un amante de los “falsos 9”, necesitó contratar a Earling Haaland para ganar la Champions League con Manchester City.
De cara al Mundial, Scaloni sabe que cuenta con dos titulares, aunque resuelva que no arranquen juntos: Lautaro Martínez y Julián Alvarez. Sienten el gol, se mueven más que bien independientemente de quiénes complementen el equipo y les dan a sus compañeros las referencias necesarias para que los busquen como “finalizadores”.
La selección es un caso aparte, ya que demostró que juega con muchos 10 y un 9, pero –al mismo tiempo- todos los demás pueden llegar al gol: Enzo Fernández, Mac Allister, Nico Paz, De Paul, Paredes, Simeone, Nico González, Thiago Almada. La pregunta es: aun así, ¿todos ellos jugarían igual de bien sin un “9”? Hasta la invención táctica más creativa necesita de un 9 que le dé (o intente dar) el toque final a la mayoría de jugadas que se elaboren, ya sea con un centro atrás, con una búsqueda aérea, con un pase filtrado o con un centro “indefendible” como los que le tiraron a Bareiro, Ávalos y Maravilla. Hasta Lautaro puede dar fe de eso en Inter.
Si un equipo juega bien, el gol lo hace el 9. (Siempre y cuando jueguen para él).
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