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MAR DEL PLATA.– Era tan raro verlos a San Lorenzo y Huracán enfrentándose en Mar del Plata que la ciudad los recibió con una noche inédita para los registros de este enero: calurosa. Una bienvenida especial para un partido que no se jugaba aquí desde 1974, cuando la nomenclatura del fútbol era más lineal, sencilla. Antes los entrenadores iban al grano, hablaban menos de "volantes mixtos" (Blanco, Mariano González), "falso nueve" (Romagnoli) y "tácticas flexibles" (4-1-3-2 en San Lorenzo, 4-2-3-1 en Huracán).
Lo que no cambió fue la rivalidad. A poco de empezado el partido el clásico tomó cuerpo como si estuvieran en el Ducó o en el Nuevo Gasómetro: una patada por aquí, un pisotón por allá, un empujón en el lateral, un insulto por lo bajo y una simulación por lo alto. Por el costado de ese no fútbol, el que mejor movía sus muñequitos era el Ciclón, que mostraba las novedades de Mercier como último hombre y la posición de Mussis, el encargado de meterse entre los centrales para iniciar la jugada. El volante está destinado a hacer un esfuerzo físico superior por el estilo de juego que plantea su técnico; valentía no le falta: ya lo demostró durante Brasil 2014, cuando se paraba él solito a gritarles a sus compañeros del FC Copenhague los goles de la Argentina en el Mundial.
Ese empeño en no dividir la posesión apunta a ser una marca identidad del ciclo Guede, aunque en el medio ocurra que Ábila casi le muerda la pelota a Torrico en el primer movimiento: correr riesgos es para los convencidos. Y, en plena etapa de experimentación, el intento merece repetirse.
El tramo inicial del juego mostró los destellos de calidad que Cauteruccio a veces ofrece: un giro, un pase de taco, un desmarque. Pero anoche se quedó en eso el uruguayo, más cuando el paso de los minutos se llevó consigo el protagonismo que San Lorenzo había insinuado. Entonces, el arranque rabioso de pierna fuerte se fue pareciendo más a esos días que amanecen con un sol que invita al turista a comerse la playa, hasta que atropellan las nubes y la ilusión se vuelve una caminata de consuelo por la rambla.

Esa nadería se terminó con la primera aparición en la noche de Rolfi Montenegro. Su botín derecho inventó el golazo que la noche necesitaba a esas alturas, y el partido revivió. O se murió, si se lo observa desde el lado de San Lorenzo. La imagen la patentó Guede, otra vez, cuando el asunto ya era un 3-0 irremontable: en cuclillas, miraba el piso y arrancaba pastito. Perder el clásico no es grato, pero menos con un resultado así y cuando hay que ganarse la confianza de los jugadores y los hinchas.
Antes que eso Wanchope Ábila había tenido tiempo, en la entrada del área chica, para quebrar la cintura y desparramar a Torrico en el segundo gol. Un caso particular el del delantero: como el clásico en Mar del Plata, él también parece de otro tiempo. Su fisonomía se ríe de sus colegas preocupados por los detalles estéticos, pero su calidad se mofa de los que le gritan "gordo". Wanchope sabe jugar, y eso no se compra en un laboratorio.
El clásico se deshizo tan rápido, y a la par de los errores defensivos de San Lorenzo en ese segundo tiempo, que los técnicos empezaron a hacer cambios, más pendientes de lo que vendrá que de lo que estaba pasando realmente. Y Domínguez, en ese contexto, se permitió quitar de la cancha a Montenegro y Toranzo, tal vez para que la tribuna tuviera la oportunidad de tributarles amor específicamente a ellos. Son las cosas que tiene el fútbol cuando el equipo de uno gana. Aunque sea un amistoso de verano en Mar del Plata, uno que se recordará con cariño en Parque Patricios. Y por unos cuantos años más.
Los goles del clásico:
San Lorenzo: Sebastián Torrico; Julio Buffarini, Juan Mercier, Matías Caruzzo, Emmanuel Mas; Franco Mussis; Pablo Barrientos, Leandro Romagnoli, Sebastián Blanco; Héctor Villalba y Martín Cauteruccio. Director técnico: Pablo Guede.
Huracán: Marcos Díaz, José San Román, Mario Risso, Federico Mancinelli, Luciano Balbi; Mauro Bogado, Mariano González, Patricio Toranzo; Daniel Montenegro; Cristian Espinoza y Ramón Abila. Director técnico: Eduardo Domínguez.
Goles: en el primer tiempo, a los 44 minutos, Montenegro (H). En el segundo tiempo, a los 7 minutos, Abila (H) y, a los 11, Caruzzo (SL), en contra; a los a los 33, Facundo Quignon (SL).
Cambios: en el segundo tiempo, a los 12 minutos, Facundo Quignon (SL) por Romagnoli; a los 18, Diego Mendoza (H) por Abila; a los 23, Enzo Kalinsiki (SL) por Barrientos y Rodrigo Tapia (SL) por Caruzzo; a los 26, Alejandro Romero Gamarra (H) por Montenegro; a los 31, Ezequiel Miralles (H) por Toranzo; a los 36, Lucas Villarroel (H) por Espinoza y, a los 41, Alejandro Melo (SL) por Cauteruccio.
Incidencia: en el segundo tiempo, a los 39 minutos, fue expulsado Blanco (SL).
Arbitro: Jorge Baliño.
Estadio José María Minella.



