Un contexto global para Boca que ya no permite más equivocaciones

La dolorosa y profunda derrota de Boca
La dolorosa y profunda derrota de Boca Fuente: LA NACION - Crédito: Aníbal Greco
La eliminación ante River expuso aún más las fallas deportivas de los últimos tiempos; el futuro plantea el difícil objetivo de rearmar un plantel para recuperar el prestigio; el futuro político de Angelici quedará ligado a los logros
Diego Morini
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29 de noviembre de 2014  • 00:03

Pensar que anteanoche en el Monumental culminó una etapa cargada de frustraciones sería no comprender el contexto de Boca . Es cierto que dentro del arte de lo macabro, el golpe ante River resultó un broche casi perfecto. Sin embargo, lo más complejo comenzó con la eliminación de la Copa Sudamericana . Porque allí se terminó el espejismo de las victorias ante Independiente o Cerro Porteño y se desnudó como nunca que el plantel que Boca conformó en el último semestre y las decisiones que se tomaron en los últimos dos años resultaron determinantes para un desenlace tan doloroso. Porque en la Ribera todo lo que se pondrá en juego de ahora en adelante será mucho más que la pelota. Es decir, el futuro político de Daniel Angelici estará directamente ligado a lo que suceda dentro del campo. Y eso no es un detalle menor.

Por eso las determinaciones por tomar no podrán tener margen para el error. Si bien es cierto que estos mismos argumentos se tomaron para los dos mercados de pases en los que eligió Carlos Bianchi , ahora cualquiera de los futbolistas que pueda pretender Arruabarrena deberá darle un salto de calidad real a Boca. Es decir, ya no hay tiempo para esperar evoluciones o adaptaciones. Quizás ese tiempo se pueda utilizar para Calleri , Meli , Carrizo o Chávez , de los más jóvenes que llegaron en junio último y dieron señales de potencial. Lo que está claro es que ya no habrá tiempo para otros futbolistas, algunos no tendrán más chances. Incluso, mucho se replanteará cómo conseguir que el grupo tenga referentes con más carácter, ya que en los dos últimos dos juegos con River quedó más expuesto que nunca cómo Ponzio, por citar un ejemplo, tuvo la personalidad para "atrapar" la cabeza, desde el juego y desde la ascendencia, a todos los jugadores del equipo xeneize y en especial a los más experimentados.

Boca está condicionado por lo que le dejó el Virrey, por el material con el que cuenta, por lo que no podrá tener y por los apuros de una comisión directiva que gastó mucho y no ganó nada. La renovación deberá apuntarse a futbolistas de primer nivel y eso económicamente parece inviable. Ya probó con quedarse con elementos destacados del orden local ( Gigliotti , Chávez, Carrizo, Meli, Burdisso , Chiqui Pérez , Castellani ) y no le funcionó. Intentó repatriar jugadores que estaban en el exterior con poca continuidad o sin demasiado lugar en sus equipos (Silva, Martínez, Gago, Forlín, Cata Díaz, Perotti) y tampoco tuvo respuestas. Atendió sugerencias de técnicos o gustos personales de dirigentes (Albin, Grana, Riaño, Calleri, Tripodi, Echeverría, Fuenzalida) y no pudo dar el salto. Apuró procesos para tratar de enderezar el curso y en algunos casos se diluyeron, otros no pudieron despegar y unos pocos no dieron la talla (Pol Fernández, Magallán, Marín, Zárate, Paredes, Acosta, Sánchez Miño).

No es una etapa sencilla la que viene para Arruabarrena . Por delante tendrá el próximo torneo local y la Copa Libertadores 2015, pero para ello los nombres que comenzaron a circular desde hace un tiempo no permiten advertir un panorama muy diferente. Es que los nombres de Lucas Orban , Matías Pérez García, Daniel Osvaldo o Alejandro Donatti lucen interesantes, pero tienen el brillo similar a todos los futbolistas que se incorporaron antes (en el último mercado Boca gastó 11.000.000 de dólares) y que no le dieron alegría alguna.

Y quizás este laberinto tenga su raíz en la cabeza, con Daniel Angelici como estandarte, ya que Boca no sabe cómo salir de estos dos años frustrantes porque nunca su presidente pudo o supo para dónde ir. En realidad, sí tenía claro lo que pretendía (Guillermo Barros Schelotto como DT), pero hizo planes sin tener asegurado que contaría con las herramientas para construir su estructura. Por eso echó, por el clamor popular, a Julio Falcioni. Fue a buscar a Carlos Bianchi, aceptó el retorno de Juan Román Riquelme y después, cuando no le dieron lo que pretendía, los sacó del juego. Compró, vendió y repatrió para dar golpes de efecto. Y nada. Y ahora, este proceso de Arruabarrena tampoco forma parte de su plan, sino que llegó por la urgencia de reemplazar al Virrey.

Por eso el equipo de la Ribera anda a los tumbos, aturdido porque la pelota no entra, confundido por la plata que gastó su presidente en reforzar el plantel, despersonalizado porque ya no tiene referentes y dolido porque luce como un equipo impropio de su rica historia. La caída en el Monumental fue un golpe más de los tantos que ya tiene en el lomo. Ahora debe recuperar su identidad, ésa que no se construye con dinero, con soberbia, poder, peleas o diferencias...

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