Una mirada escrutadora

Enrique Vila-Matas
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1 de abril de 2014  • 14:48

Aun recuerdo ese día en que le hicieron una pregunta endiablada (pues contestara lo que contestara iba a quedar mal con Messi ) y él respondió:

—Hacer la difícil pregunta es fácil.

Retuve esa réplica del Tata Martino y casualmente días después descubrí que era idéntica a un verso de W. H. Auden.

Después, estuve un tiempo fuera, de viaje, y cuando regresé me dio por seguir en directo una rueda de prensa con el Tata y, a medida que ésta iba avanzando, fui viendo con horror que todo aquello parecía más un tiro al blanco que una rutinaria sucesión de preguntas. No podía acabar de creérmelo. Intervenciones malcaradas en medio de un tenso interrogatorio, como si Martino tuviera que responder de algún hecho delictivo. ¿Qué había podido ocurrir si al Tata podía sólo verlo como un entrenador que trabajaba con sabia inteligencia el muy irregular material futbolístico que le había dado la junta de Rosell?

La mirada escrutadora del Tata en las ruedas de prensa ha ido dibujando, semana tras semana, una creciente mueca de horror ante el carácter digamos que patatero de un sector del entorno

Al final de esa rueda de prensa, me comentaron que la poderosa sección de deportes de TV3 había informado que el Tata pensaba abandonar el Barcelona al final de esta temporada. Sin embargo, me dijeron, el club y el propio entrenador lo negaban. Pasado el momento de sorpresa, me dediqué a atar cabos y a acordarme de las burlas necias a su polo pistacho y también de los agrios comentarios a sus rotaciones y a la supuesta pérdida de identidad del Barça, que desembocaron en aquella frase que marcó un antes y un después, aquella frase de Martino acerca de lo mal que se llevaban algunos con los técnicos del Barça que no habían nacido en Catalunya o en Holanda.

Creo que él es una de esas personas que no sólo se exigen a sí mismos rectitud y gentileza, sino que también la esperan de los demás, y siempre muestran sorpresa y hasta aflicción cuando les tratan de forma grosera o decepcionante. Y también creo que algunos le están ahora de algún modo diciendo: deberías haber sabido antes dónde te metías, haber tenido algún detalle que dejara ver que te estabas integrando, en definitiva ser como nosotros, plegarte a esta idea que tenemos de hablar de todo menos de fútbol.

Diría que la mirada escrutadora del Tata en las ruedas de prensa —esa mirada que casi involuntariamente ha ido dibujando, semana tras semana, una creciente mueca de horror ante el carácter digamos que patatero de un sector del entorno— no para de crearle problemas. Y también que, al comprender que les tiene bien calados y les percibe carentes del más mínimo sentido del respeto y de la gentileza, el propio personal de ese sector ha decidido acabar con Martino para impedirle que siga dándose tanta cuenta de cómo son.

Y cómo en este país vale ya todo y los conceptos de honor y respeto suenan simplemente anticuados, tenemos ahora, por parte de algunos, ese trato injusto a un entrenador que está haciendo un buen trabajo con una plantilla a la que le sobran 10 jugadores.

Quizás lo más llamativo sea que se gasten energías para complicarle la vida a Martino y apenas alguna para analizar la pobre gestión deportiva de la que son responsables Rosell (en paradero no muy conocido) y Bartomeu, el actual presidente. ¿Por qué no se incide más en la defectuosa política deportiva de esta Junta y no se contempla el referéndum del 5 de abril como un simple intento de tener continuidad en el poder?

¿Y por qué, en lugar de señalar todo esto, algunos ponen sólo el foco en el eficaz Martino? ¿Maniobran así sólo para despistar o hay falta de precisión en el disparo crítico?

A veces sueño que una pancarta en el Camp Nou pregunta a los aficionados por qué no se rebelan y le abren al club un mejor futuro. Solvitur ambulando (se resuelve caminando), dijo aquel griego que, para replicar la tesis de que el movimiento es irreal, se levantó y se puso simplemente en marcha.

EL PAIS.

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