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MENDOZA.- La violencia no tiene fin. Ya no hay esperanzas: el fútbol está atrapado. ¿El último caso? Ayer a la tarde, en Mendoza. Un salvaje ataque de unos 80 barrabravas de Independiente Rivadavia al plantel. Una verdadera locura. Encapuchados, en un evidente estado de ebriedad, irrumpieron en la práctica de fútbol y agredieron a jugadores, cuerpo técnico, dirigentes y empleados, lo que derivó en la postergación del partido del domingo ante Atlético Tucumán y el anuncio del alejamiento del presidente Daniel Vila, que en su momento armó un show mediático como presidente alternativo de la AFA. Ahora, el cotejo contra los tucumanos se efectuará el miércoles próximo, desde las 15, a puertas cerradas. Y el cierre, en casa, contra Instituto, también irá sin público.
Según informaron fuentes policiales, fueron arrestados dos barras y otros cinco fueron identificados, todos protagonistas del escándalo.
El entrenamiento se desarrollaba en el estadio Bautista Gargantini a puertas cerradas cuando los agresores saltaron las paredes del club y arrojaron dos bombas molotov a los autos estacionados. Destrozaron unos 15 vehículos y, con armas blancas (algunos advirtieron que también contaban con armas de fuego), agredieron a varios protagonistas. El fuego fue sofocado, pero los hinchas golpearon brutalmente al dirigente Domingo Marzari, que intentó defender su auto. Diego Caballero sufrió una herida punzante en la pierna derecha y debieron darle seis puntos de sutura. Más heridos: el arquero Josué Ayala, con un golpe en el pómulo y el doctor Leiva, con una dolencia en el omóplato.
Tanto el club como Futbolistas Argentinos Agremiados lograron la postergación del partido, aunque el temor seguirá por varios días. "Esto me saca, me harta. Obviamente que me voy de Independiente, del fútbol, porque esto no tiene solución. Mientras no haya voluntad de las dirigencias no se cambiará y no pasará nada", explicó el polémico Vila. Y siguió: "Le pongo mucho esfuerzo a esto, mucho empeño, pero hace falta un cambio de política en el fútbol. Hace mucho tiempo que luchamos con los barras. Tuvimos unos incidentes hace unos años, individualizamos a los hinchas, les aplicamos el derecho de admisión y desaparecieron del club".
Este año, además, se registraron otros episodios graves de violencia en la primera B Nacional. En Rosario Central, antes de la racha victoriosa que derivó en el ascenso, en Huracán y en Crucero del Norte. El conjunto misionero, al igual que el mendocino, lucha por evitar perder la categoría. Ya descendió Nueva Chicago.
Marzari, el dirigente agredido, expresó: "La situación es lamentable. Son cosas que no tendrían que pasar. Justamente la policía se había ido... Esa gente no merece venir más a la cancha. Me agredieron porque traté de pararlos, pero eran como 100 personas. Salí al frente y al ver que estaban rompiendo los autos me volví loco. Me agarraron entre tres o cuatro". Por su parte, Sergio Marchi, el secretario general de Futbolistas Argentinos Agremiados, viajará hoy a Mendoza para acompañar al plantel, con el que se solidarizó desde que se conoció el ataque de los barras.
En las últimas semanas, varios jugadores (entre ellos, el Ogro Fabbiani) sufrieron amenazas de muerte vía mensajes de texto. Un cuadro de barbarie que nadie sabe cómo detener.

