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BERLIN (AFP).- La historia del atletismo incluye algunos casos aislados en los que "campeonas" resultaron finalmente ser hombres o presentaron datos genéticos con los que no se pudo establecer una definición nítida sobre su identidad sexual. Por estas horas, en el Mundial de Berlín, la polémica se extiende por el sexo de Caster Semenya, la atleta sudafricana, de 18 años, campeona en los 800 metros. Vale la pena un repaso por los casos más resonantes que dio el deporte madre.
El más conocido es probablemente el de Stella Walsh, nacida en Polonia con el nombre de Stanislawa Walaziewiz, pero establecida desde muy joven con su familia en Estados Unidos.
Fue medalla de oro en los 100 metros y la primera mujer en bajar de los doce segundos, en los Juegos de Los Angeles 1932, y obtuvo la plata en los de Berlín 1936, con los colores de su país natal.
Ironía del destino o no, después de su derrota en la capital alemana ante la estadounidense Helen Stephens, un periodista polaco acusó a la campeona olímpica de ser un hombre y Stephens se vio obligada a presentar un certificado de femineidad.
En 1980, Walsh murió por una bala perdida en un tiroteo. La autopsia reveló que no tenía órganos sexuales femeninos, sino un pene y testículos atrofiados. Su caso fue descrito como un ejemplo de presencia en el mismo cuerpo de cromosomas masculinos y femeninos.
En su misma época, la checoslovaca Zdena Koubkova se convirtió en 1934 en la primera "mujer" en bajar los 2:15 en los 800 metros, con un récord de 2:12.08. Unos años más tarde, la atleta reveló que era un hombre y su plusmarca fue invalidada.
En 1938, la alemana Dora Ratjen quebró el récord planetario de salto en alto, superando el metro y 67 centímetros en los Campeonatos de Europa. Descalificada por ser profesional, se confirmó unos meses después que Dora era un hombre. El récord fue invalidado y luego encontró trabajo como camarero en un bar de Hamburgo, con el nombre de Herman Ratjen.
En septiembre de 1967, Ewa Klobukowska fue excluida de la Copa de Europa de Naciones por femineidad insuficiente, constatada por seis médicos. La polaca se había labrado antes una brillante carrera: bronce en los Juegos de Tokio 1964 en los 100 m y oro en el relevo 4x100 m. Su nombre se mantiene en los podios, aunque sus plusmarcas fueron suprimidas.
Después de la Segunda Guerra Mundial, dos francesas, medallistas en el Campeonato de Europa de 1946, Claire Bressolles (bronce en 100 m) y Lea Caurla (bronce en 200 m), resultaron ser hombres, pasando a ser padres de familia con los nombres de Pierre y Leo.
La historia incluye además casos sospechosos, en los que las protagonistas no fueron nunca suspendidas o descalificadas, pero que no lograron librarse de la sombra de la duda.
Las pruebas de femineidad, practicadas desde 1948, han tomado formas variadas en las últimas décadas, pero siempre fueron controvertidas. Tras ser consideradas como poco fiables, la Federación Internacional (IAAF) las abandonó en 1992 y los casos en el aire son analizados por un grupo de expertos.
El caso de Semenya. La sudafricana Caster Semenya, campeona mundial de 800 metros ayer, pero inmersa en rumores sobre su sexo, no perdería automáticamente su título si se determina que es un hombre, declaró hoy la Federación Internacional (IAAF).


