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Chris Kermode, jefe máximo de la ATP, creció siendo un mal tenista pero un buen espectador. Su relación con el tenis lo puso al costado de la cancha, a pesar de haber intentado atravesar las clasificaciones de los torneos. No tuvo mucha suerte. Su vínculo con el tenis (ex director del torneo de Queens y del Masters de Londres) llegó tras intentar convertirse en promotor de bandas y espectáculos musicales. Su pasión es el tenis pero su bagaje de conocimientos proviene del entretenimiento.
Sabe que la parte deportiva no lo es todo, pero que no se puede abordar el negocio del tenis sin tomar en cuenta las necesidades y las características del juego. Su paso por Buenos Aires le devolvió una buena impresión de lo que busca para el circuito: público joven. Kermode entiende que el tenis debe recuperar el interés de la audiencia juvenil y que en la medida de lo posible, los jugadores tienen que renovarse. "Crecí viendo la rivalidad de Ray Sugar Leonard y Tommy Hearns en el boxeo. Las peleas eran fascinantes, pero también lo era el detrás de escena. Los entrenamientos. El esfuerzo de los boxeadores para llegar al título del mundo. Esas cosas atraen mucho y el tenis puede mostrarlas...", comentó en una entrevista al sitio inglés The Tennis Space . Kermode entiende que el tenis puede generar sus propios contenidos y que la transmisión en vivo por internet de los challengers y cierto backstage pueden cambiar el modo en el que los aficionados se vinculan con los jugadores
Una de las ideas fuertes de Kermode para revitalizar el tenis es reformular el sentido de los challengers. Esos torneos se han convertido en un reservorio de tenistas que han tenido ya su cuarto de hora o que por sufrir lesiones ya no pueden retornar a la arena principal. El CEO de la ATP quiere relanzar los challengers (actualmente se organizan 150 torneos por año) para que más jugadores puedan competir y utilizarlos como plataforma de lanzamiento hacia los campeonatos del circuito principal.
Es curioso que el nuevo responsable de la ATP, en ejercicio de su cargo desde el 1 de enero pasado, pose su mirada sobre una parte del tenis profesional que puede parecer de segundo orden. Pero tiene su sentido: el tenis se ha vuelto un deporte de treintañeros, casi sin tenistas de menos de 20 años entre los 200 primeros del ranking y los challengers tenían ese objetivo cuando se potenciaron desde finales de los noventa.
"Vamos a buscar a nuevos promotores para organizar campeonatos para traer nuevos dineros al tour. Pero no vamos a desnaturalizar el juego ni dejar entrar a cualquiera porque si. Precisamos que el tenis conserve la tradición que tiene", comentó en Buenos Aires en una entrevista en Vorterix. Lo que surge entrelíneas es que no van a permitir el ingreso de capitales que desvirtúen el armado de los calendarios y que se desenganchen de la organización piramidal que tiene el tenis actualmente.
En 2013 los torneos de tenis masculinos fueron vistos por 830 millones de espectadores y el crecimiento de los patrocinios subieron un 200 por ciento. La ATP contabilizó que en el año que pasó 4.7 millones de asistentes fueron a estadios a ver los partidos. Entienden que los números son saludables pero quieren renovar la plantilla. Rejuvenecer la edad promedio de los tenistas y de la audiencia. Como alguien que proviene del negocio de la música, Chris Kermode sabe que el público juvenil puede ver en un tenista de más de 30 años a un señor mayor. Aunque se llame Roger Federer.



