La historia de Taylor Fritz: tiene 19 años, fue papá y es la gran esperanza del tenis norteamericano

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Es uno de los baluartes de un país que quiere volver a ser protagonista en el circuito; conjuga su carrera profesional con su vida personal.
Matías Baldo
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11 de marzo de 2017  • 19:00

Taylor Fritz apenas tiene 19 años y un mundo cargado de responsabilidades. Es adolescente, tenista profesional, esperanza del tenis estadounidense, potencial número uno del mundo, marido y padre.

Fritz también es una excepción a una regla no escrita que define no solo al tenis sino al deporte en general: que para sobrevivir a la alta competencia es necesario hacer sacrificios y que para construir una carrera exitosa es necesario postergar su vida personal. Expertos y fanáticos dictan sentencia rápidamente: abarcar las dos facetas es imposible. Fritz, quien en un puñado de meses se desplomó en el ranking del puesto 53º al 136º que actualmente ocupa, sufrió las críticas en carne propia: que se había casado muy joven, que había decidido ser padre demasiado pronto, que no estaba enfocado en dar el salto al profesionalismo y que estaba desperdiciando su talento. Casi nadie aclaró que había tenido problemas en su rodilla izquierda.

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- Fuente: AFP

El tenis estadounidense sigue con atención cada paso de una camada de jóvenes que ilusiona a un país que en la última década ha quedado postergado en un tour del que supo ser protagonista. Andy Roddick fue su último número uno hace trece años, el último en ganar un Grand Slam en el US Open 2003 y el último bastión de resistencia.

Desde el ostracismo, en Estados Unidos han ido trabajando en una generación que recién está dando sus primeros pasos en el circuito. Fritz es uno de ellos y tal vez uno de los mejores prospectos: fue número uno del mundo junior en 2015 tras ganar el US Open y perder la final de Roland Garros juvenil y en 2016 recibió el premio ATP Star of Tomorrow al jugador más joven dentro del top 100. En Stuttgart llevó a Roger Federer a un tercer set y en agosto alcanzó su mejor puesto en el ranking ATP.

Durante su promisorio 2016, y mientras disputaba Roland Garros, hizo un alto, fue junto a su pareja Raquel Pedraza al pie de la Torre Eiffel y le propuso casamiento. La boda se celebró en julio y el 16 de enero fueron padres: Raquel, también tenista que llegó a disputar eventos junior, dio a luz a Jordan Taylor Fritz el 16 de enero. Fritz volvió a casa después de caer en la primera fase de Australia frente a Gilles Muller. Ansiosos, en Estados Unidos rápidamente empezaron los cuestionamientos.

Después de alcanzar la final del Challenger de Dallas y tras hacer un buen papel en Acapulco, Fritz recibió una invitación para participar del cuadro principal de Indian Wells donde debutó con un sólido triunfo frente al francés Benoit Paire por 6-3 y 6-2 en la cancha principal del complejo de Indian Wells.

Después de su exitosa presentación, Fritz compareció a una conferencia de prensa en la que LA NACION estuvo presente. El eje, inevitable, fue cómo hace para compaginar su vida personal con su carrera profesional.

"Realmente nada ha cambiado demasiado. Entiendo que mucha gente pueda pensar que estoy pasando menos tiempo entrenando o en el gimnasio y está bien pero estoy seguro que descubrirán que están equivocados al subestimar mi entrenamiento y mi trabajo".

Fritz describió al detalle su rutina: se levanta a las siete de la mañana, desayuna, maneja desde Palm Springs hasta Carson para entrenar durante dos horas y media, almuerza, practica otras dos horas, trabaja su físico en el gimnasio y vuelve a su casa a las nueve de la noche.

Nada cambió para Fritz a pesar de que todo cambió. La tarea titánica de disimularlo es de Raquel, su mujer: "Mi mujer está manejando todo. Ella maneja todo fuera de la cancha así yo puedo estar en la cancha aún más de lo que estaba antes".

"Para ser honestos, ella está haciendo un trabajo increíble. Mi sueño es ser el mejor tenista que pueda ser y soy muy afortunado de poder compartir mi vida con alguien que comparte mi mismo sueño. Ella quiere que yo cumpla mi sueño más que nada en el mundo. Está dispuesta a sacrificar su tiempo y todo lo que sea necesario para que yo pueda entrenar y pueda hacer todo lo que quiera. Soy muy afortunado", agregó con una sonrisa.

Pero Fritz, hijo de tenistas -su madre es Kathy May, ex número 10 del mundo en la década de los setenta, y esposo de una tenista, tampoco abandona su rol de padre: "Trato de verlo todo lo que puedo. Es asombroso. Me encantaría que jugara al tenis. De hecho tengo una pequeña raquetita de 12 centímetros que le pongo en sus manos".

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