Luces de alerta sobre el juego y la estructura global del rugby

Jorge Búsico
Jorge Búsico PARA LA NACION
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20 de febrero de 2019  • 23:59

El fin de semana rugbístico que está arribando mostrará a dos de las grandes competencias del Norte y del Sur, el Seis Naciones y el Súper Rugby , compartiendo por primera vez en el año la gran escena profesional. Es otra interesante oportunidad para analizar qué se está viendo y qué se proyecta en la temporada que posee el atractivo principal de la Copa del Mundo que se desarrollará desde el 20 de septiembre en Japón, y en la que se han encendido luces de alerta sobre el estado del juego y de la estructura global del deporte.

Con las características casi únicas de ser una disciplina de contacto físico en el que se utilizan las manos y los pies, el rugby se ha ido convirtiendo en un juego estudiado y analizado hasta el más mínimo detalle. Uno de los principales resultados de esto último es que las defensas han clausurado todos los espacios y le vienen ganando la batalla en los últimos años a los ataques. No se observa rebeldía, no existen los espacios para la creación, los movimientos son robóticos y vemos en continuado partidos en que la pelota va de un lado a otro sin ganar metros. El Seis Naciones, sobre todo el líder Inglaterra, encontró en el kick táctico (un recurso más de los tantos que tienen los All Blacks ) el modo de llegar al try, y también retornó el legendario up and under, la patada alta y a cargar, tan usual sobre todo en la década de 1980.

Además, es un período de transición en cuanto a las figuras que cautivan en una cancha. Salvo un par de All Blacks, el rugby no tiene hoy jugadores de los llamados distintos, desequilibrantes y convocantes, como lo eran Richie McCaw , Dan Carter , Jonny Wilkinson, Juan Martín Hernández , Brian Habana, Thierry Dusautoir, Quade Copper, por citar algunos de los últimos tiempos. Por otra vía, la captación abusiva de extranjeros en los principales seleccionados, acompañada del aluvión de contrataciones en los clubes en algunos casos, les ha quitado identidad a países que hacían de ello un culto. El caso más resonante es Francia, al que del rugby champagne no le queda ni el espumante.

Se tiene como modelo a Nueva Zelanda, pero uno de sus principales pensadores, John Hart –coentrenador de los All Blacks en el título mundial de 1987 y head coach en 1999–, describió un panorama desalentador en una interesante entrevista publicada en el New Zealand Herald. "Mi temor por el rugby de Nueva Zelanda no son los All Blacks, sino el extremo inferior del juego: los clubes que luchan por sobrevivir y los escolares que dejan de jugar. No hemos invertido en el juego amateur y entraremos en la ruina si el dinero solo cae en la parte superior", sostuvo Hart, quien agregó que el juego extremadamente físico "está alejando a la gente", al tiempo que se mostró contrario a la idea de la World Rugby, impulsada por Agustín Pichot , de armar una Liga anual de selecciones: "Pondrá el dinero en los mismos bolsillos en los que entra ahora".

En tanto, el Súper Rugby arrancó otra temporada con estadios para 30 mil o más personas pero solo ocupados en un 20 o 30 por ciento. La joya de la Sanzaar está adelantada en lo que hace al juego con respecto al Norte, pero muy atrás en la convocatoria del público. El debut de Jaguares, la primera vez que empezaban de locales, fue una foto de ese escenario. Con una promoción ínfima de la UAR (nula difusión propia, ni pública ni en los clubes; así será difícil encontrarle una identidad a Jaguares), el mensaje es que no importa si hay gente o no, sino que el negocio pase por la televisión y los sponsors.

Quizás haya llegado el momento en el que el rugby profesional deje de mirarse su ombligo y vuelva a tomar aunque sea algunas herramientas de lo que sigue siendo su base.

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