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Río Tercero, ciudad cordobesa, cuenta con poco más de 47 mil habitantes. Uno de ellos, allá por el año 1986, decidió dedicarse al triatlón a través del programa de televisión de Pancho Ibáñez y emprendió un camino que no tenía un destino seguro. Hoy, a los 44 años, Oscar Galíndez puede decir que tomó la decisión correcta: es el máximo exponente de la historia de la disciplina en la Argentina y uno de los mejores de Latinoamérica y el mundo.
A pesar de que vive en Brasil hace más de veinte años, mantiene su tonada cordobesa de la misma manera que mantiene su físico en impecables condiciones. Este año cumplirá las tres décadas como deportista en completa plenitud. "En cada carrera tengo que estar ahí para seguir demostrando que todavía puedo, esa es mi presión. Si no, ¿para qué corro?", explica Galíndez a horas de un nuevo desafío, el Ironman 70.3 Buenos Aires, que se disputará por primera vez en el país.

Será una competencia con un agregado más que especial: competirá con su hijo Thomas de 19 años, con quien ya participó del Triatlón Olímpico de Mar del Plata en diciembre pasado. "Para mí, poder correr con mi hijo es todo. Los deportistas que pueden participar con su hijo están contados con la mano, hay poquísimos en el mundo. Estoy cumpliendo un sueño", dice el atleta cordobés. Mientras tanto, su hijo Thomas está viviendo sus primeros pasos en del deporte, compite en el equipo Susi de Brasil, estudia para ser profesor de educación física y sueña: "Es la primera vez que voy a correr esta distancia. Es todo un evento nuevo para mí, en Buenos Aires, es algo muy lindo. Pero mi sueño es competir una carrera que él la haya ganado. Mucho más que yo la gane también. Es algo que no sé como describirlo".
Más allá del frenesí y la explosión que se necesita para formar parte de un triatlón, Galíndez se muestra muy sereno. Con casi treinta años de experiencia, habla con un tono de voz pausado y entrecortado, piensa sus respuestas analizando cada palabra y hasta cita a Voltaire con una de sus frases preferidas: "Lo perfecto es enemigo de lo bueno". Además de su vida como deportista, hace 13 años tiene su marca de ropa y da charlas de motivación a grupos de empresarios y deportistas de toda Latinoamérica.
-¿Con qué expectativas llegás al primer Iroman en la Argentina?
-Es una carrera nueva, con una marca muy importante desembarcando en la Argentina para ganarse la confianza de la WTC -World Triathlon Corporation- como puntapié inicial para seguir creciendo en el país. Es muy importante para mí y para mi hijo pero también para todos los competidores porque es la marca que más creció en el triatlón y llega en el momento justo, con mucho auge.
-¿Cómo se prepara un Ironman a los 44 años?
-Mi preparación es diferente a la de otros atletas. Yo dosifico y administro mi entrenamiento para conseguir seguir bien. Tengo que ser muy hábil como para hacer toques donde preciso ajustar detalles. Para Panamá yo tuve un entrenamiento de dos meses y ahora tuve una pequeña recuperación y una estabilización de rendimiento, con una puesta a punto en las últimas cuatro semanas. Pero es más recuperarme que entrenarme a la edad que tengo.
-¿Te entrenás con tu hijo?
-Él está en el equipo Sesi en la ciudad de San Carlos, a 300 kilómetros de Santos, donde residimos nosotros. Es el mejor equipo de Brasil, con muchos juveniles, y están en un lugar mucho más ideal para entrenarme que el mío.
-¿Cómo llegaste a competir en la disciplina?
-A través de "El deporte y el hombre", el programa de Pancho Ibáñez. Pasaron imágenes del Ironman de Hawaii. Lo vi y dije: "Yo quiero hacer esto". Pero nunca me dediqué a hacer carreras de Ironman, recién mi primero fue en el año 2001 en Florianopolis, que luego lo gané tres veces en 2003, 2006 y 2007. Después se creó el Ironman 70.3, donde fui subcampeón mundial en 2007 y estoy seguro que si se hubiese lanzado antes, lo podría haber ganado porque es la distancia que mejor me encaja. Ahora ya tengo otras aspiraciones con 44 años, mi idea es estar entre el top ten del lote profesional. En mi última carrera fui quinto en Panamá, una muy buena ubicación. Aún estoy en la conversación, pero para ganarla es otro cuento.

Sus logros avalan una carrera que aún no tiene fecha de vencimiento. Fue campéon mundial de duatlón en 1995, logró bronce en triatlón en los Juegos Panamericanos de Mar del Plata 1995 y en Santo Domingo 2003, fue subcampéon mundial de Ironman 70.3 en Clearwather, Florida, en 2007, ganó tres veces el Iroman Brasil (2003, 2006 y 2007) y se consagró diez veces en el campeonato argentino de triatlón, entre otros logros. Además, se dio el lujo de participar en los Juegos Olímpicos de Sidney 2000, donde fue 28°.
Sus inicios se dieron en el básquet, luego llegó al atletismo y cayó a su disciplina actual mientras hacía la carrera de técnico electromecánico. Para el Ironman que se disputará el domingo en Nordelta, Galíndez llega con muy buenos rendimientos: en octubre del año pasado fue séptimo en el Ironman 70.3 de Miami, en diciembre quedó segundo en el Triatlón Olímpico de Mar del Plata y hace menos de dos meses fue quinto en el Ironman 70.3 de Panamá, campeonato que ganó en 2013.
-¿Pensabas o apuntabas conseguir todo lo que lograste?
-Se fue dando todo. Yo siempre digo que lo perfecto es enemigo de lo bueno. Nunca en la vida planifiqué ser triatleta para ganar títulos, yo quería correr porque me gustaba. Así empecé a darme cuenta que tenía mucho potencial pero todo a medida que fui caminando. Y así fui desmalezando y acomodando el camino para que hoy en día sea más fácil para los triatletas que comienzan.
-¿Qué representa para vos ser el triatleta pionero en el país?
-Todo. Inclusive puedo seguir. Es un legado, una leyenda que todavía está aumentando. Muchos me dicen hoy en día que tengo que correr más tranquilo y disfrutar. Yo disfruto mucho menos que antes, hoy tengo la presión de correr y no quedar atrás. Por ejemplo, si quedo décimo porque lo merecía por el nivel que había, está perfecto. Otra cosa es si quedo décimo porque no me entrené bien debido a otras cosas y sabía que podía estar más adelante. Ahí está el tema.
-¿Convivís día a día con la presión de la vigencia debido a la edad?
-Sí, ese es el tema. La gente dice que tengo 44 años, que ya está. Y esa es la presión, yo en cada carrera tengo que estar ahí para seguir demostrando que todavía puedo. ¿Si no para qué corro? Después de cada carrera que hago, me empiezo a plantear la otra. Yo en mi subconsciente hasta pienso que es mejor que no me vaya tan bien para empezar a darle un cierre a mi carrera deportiva. Pero hasta yo me sorprendo con resultados, donde saco el conejo de la galera. Por ejemplo en Panamá fue mi cuarta carrera. Ya la había ganado una vez y este quinto puesto fue mi segundo mejor resultado. Entonces me voy replanteando cosas siempre, entre ellas la retirada.
-¿Te ponés plazos?
-Más o menos. Quiero pasar las tres décadas que es a fin de este año. Dependo mucho de las lesiones también, tengo una tendinitis crónica en el hombro derecho que siempre está ahí y molesta. La operación sería la solución pero estoy extendiéndola.
-¿Te quedó alguna cuenta pendiente?
-Sí, haberme atrasado en competir el Ironman de Hawaii. Yo podría haber hecho varios top ten y se me hizo un poco tarde. Debuté en 2002, en 2005 finalicé 11° y ya en 2008 desistí de ir. Desde aquel año nunca más corrí. Ya se me fue el tren.
-¿Ha crecido el deporte en la Argentina?
-Muchísimo. Nosotros nos hemos bancado demasiadas cosas en la década del 90, desde que nos traten de vagos hasta que nos griten de todo por usar las calzas para correr. Antes era poco común, ahora se volvió algo más general. Yo siempre me pude dedicar al deporte y por suerte ahora ha crecido.

-¿Qué representa correr con tu hijo?
-Para mí es todo. Los deportistas que pueden competir con su hijo están contados con la mano, hay poquísimos en el mundo. Yo como atleta, desde que él nació, se me cruzó varias veces por la cabeza poder lograrlo. Y hoy estoy cumpliendo mi sueño, es un valor agregado muy grande. Él decidió hacer triatlón, es algo personal . Pero en casa de herrero, cuchillo de palo. Empezó con otros deportes –taekwondo, por ejemplo- e incursionó en el triatlón por su cuenta.
-¿Se transmite la pasión?
-Claro que sí. Es algo natural. En casa la mejor escuela es que él me haya visto con un mensaje de esfuerzo, de compromiso. No voy a decir que no es difícil porque lo es, más que nada en la relación familiar. Es complicado por la cuestión de padre-hijo y se confunden los roles hasta que se engrana todo y empieza a girar bien. Estamos en una etapa permanente de evolución en todo sentido. Yo busco que tenga buenas performances pero que también que crezca en lo personal, algo muy importante.
jpb/gs


