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GUADALAJARA.- Leyendas de la pelota sobran pero todos hombres, como el manco de Teodelina. No hay mujeres en las páginas de la historia pelotari. Quizás, el oro conseguido por María Liz García y Verónica Stele en trinquete goma sea el primer capítulo de la novela pelotari femenina. Antes, no hacía falta aclarar si la rama era masculino o no. Ahora sí es necesario.
Históricamente, los clubes de pelota en la Argentina ineludiblemente se conectan con relatos de hombría. Es más, en muchos sólo se puede entrar por el vestuario de caballeros a la cancha. Inclusive todavía existen reductos donde las mujeres mejor que no se asomen: "En La Plata no sucede, pero todavía existe algún club de Buenos Aires y otros del interior que no sólo la mujer no puede jugar en las canchas si no que ni siquiera puede ingresar al club de paleta", le cuenta María Liz a canchallena.com. Y enseguida aclara: "Pero de a poco va cambiando. La Confederación de Pelota y la Federación de Buenos Aires están haciendo mucho para que eso cambie y los triunfos en las competencias internacionales ayude todavía más".
Verónica Stele creció con un gran frontón en su casa de Galarza, a 50km de Gualeguay. Estaba escrito su destino. Empezó a pelotear en el fondo de su casa y después se dedicó al tenis. Desde los 14 hasta los 21. De cuna de paleta, Verónica siempre se codeó con los hombres del deporte: "Estoy acostumbrada porque yo sí me creí a un ambiente de paleta. Desde los dos años allá había hombres y hombres".
Pero al sexo masculino aún le sorprende verlas: "En Buenos Aires nos pasó que cuando fuimos a entrenar en el vestuario nos encontrábamos con hombres, y no están acostumbrados". Entre 12 y 13 mujeres compiten en una liga metropolitana que va creciendo de a poco. A la liga se sumó una pareja chilena que no tiene competencia en su país.
María Liz, de 26 años, empezó a jugar en el Centro Vasco de La Plata y ahora compite para el Club Matheu, al cual le agradeció especialmente: "Me abrió las puertas y me dio un lugar super importante, como uno más"
"Estamos luchando para que la pelota sea tanto de hombres como de mujeres. Da un poco de bronca, porque está a la vista que una mujer puede practicarla tranquilamente", remató Liz con la medalla de oro colgada en su pecho. La cuarta dorada que el frontón le regaló a la Argentina.


