Racing-Independiente, Superliga. En un final emotivo, con expulsados, la Academia ganó un clásico inolvidable

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Racing Club

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Independiente

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Rodolfo Chisleanschi
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10 de febrero de 2020  • 00:30

Hay triunfos que se guardan como trofeos aunque no signifiquen título alguno y Racing logró ante Independiente uno de ellos, por la 19° fecha de la Superliga. Luego de jugar todo el segundo tiempo con dos hombres menos, un gol de Marcelo Díaz a cinco minutos del final le dio un 1 a 0 de esos que pasarán a engrosar la galería de los clásicos inolvidables.

El gol del triunfo

Caja de sorpresas permanente, un partido de fútbol puede girar varias veces sobre sí mismo. En muchas ocasiones por méritos y defectos de los equipos; en otras tantas, por algún factor externo (como el árbitro) o por puro azar. La versión 2020 del clásico de Avellaneda pertenece a esta última categoría. Un hecho casual -un despeje hacia atrás y desde el suelo de Matías Rojas a los 39 minutos- y una decisión muy discutible de Patricio Loustau en la primera acción del segundo tiempo cambiaron el rumbo del choque. Ambas jugadas acabaron con un futbolista local en las duchas: el arquero Arias y Sigali y casi desvirtuaron el choque.

.El partido exige un análisis que comprende los 45 iniciales y otro, muy distinto, a partir de que quedaron 11 contra 9. El único punto de coincidencia fue que en los dos casos la imagen ofrecida por Racing fue mejor.

Tras los dos primeros experimentos fallidos, Sebastián Beccacece recuperó una formación que en los papeles sonaba más racional. Pillud, Sigali, el chileno Díaz y Montoya en puestos que les resultan naturales y el Lolo Miranda en la primitiva posición que ocupaba cuando dio sus primeros pasos en Primera vestido de rojo. Aun así, y fiel a su estilo, el técnico rosarino innovó con un diseño inédito, un 4-1-4-1 que desacomodó al Rojo durante todo el primer tiempo.

La expulsión de Arias

Ya sea porque el movimiento de piezas no estaba en el libreto de su rival o por simple impericia de sus jugadores, lo cierto es que Marcelo Díaz no tuvo presión como primer mojón en la salida, y como Matías Rojas se las ingenió para encontrar espacios libres entre Cecilio Domínguez y Lucas Romero y la subida de los laterales, especialmente Mena, estiró la cancha a lo ancho, Racing se hizo dueño monopólico de la pelota.

Desde su aterrizaje en Independiente, Lucas Pusineri dio más muestras de amor por el esfuerzo y el pragmatismo que de paladar negro. El 5-0 a Central de la semana pasado, facilitado por un gol tempranero, enseñó una imagen quizás algo engañosa de la actualidad de un equipo en plena etapa de reconstrucción. Si ya en la visita a La Bombonera el Rojo había tomado múltiples precauciones, la inesperada ausencia de Alexander Barboza en el fondo (sufrió una indisposición que le obligó a pasar la noche en una clínica con cefaleas y vómitos) y la incorporación del juvenil Barreto aumentó los recaudos defensivos.

Independiente desdeñó la pelota desde el principio tal como había hecho en la Boca. No hubo intentos de asociación para progresar por abajo, ni determinación para ir a lastimar al rival, solo disciplina y compromiso para retroceder, agruparse e intentar pasar la menor cantidad de sustos posibles. En parte lo logró, porque en ese lapso de dominio local, Campaña apenas tuvo que desviar un remate de Montoya que después devolvería el travesaño y ver cómo un disparo de Lisandro López se iba demasiado cruzado.Para llegar al área de enfrente, en cambio, la voluntad fue bastante menos evidente. La apuesta, muy precaria, pareció limitarse a la espera de algún error de la Academia en la transición. Ocurrió a los 15, tras una mala salida de Nery Domínguez que Leandro Fernández terminó con un remate desviado. La siguiente fue la jugada de Rojas que derivó en los pies de Cecilio Domínguez, la mano fuera del área de Arias y la primera expulsión.

Fuente: LA NACION - Crédito: Daniel Jayo

El segundo análisis dio comienzo con el manotazo de Leonardo Sigali exagerado por Fernández que Loustau entendió como agresión. 11 contra 9, el Rojo se vio obligado a ser protagonista e ir a buscar un triunfo con armas diferentes a las utilizadas hasta ese momento, un panorama semejante al vivido quince días atrás ante Boca. Pero si aquella vez jugó mejor, creó varias ocasiones para marcar y mereció la victoria, en este caso fue todo lo contrario.

El control del juego pasó a ser patrimonio exclusivo de Independiente, al que en teoría le sobraba gente en varios sectores de la cancha, pero nunca supo qué hacer, ni con la pelota ni con los espacios. Nadie asumió el lugar de Pablo Pérez, quien tomó los hilos en aquella ocasión y al que se le rescindió el contrato en la semana. Y Racing, aun en desventaja numérica, se sintió cómodo. Domínguez y Martínez no fallaron en rechazar el exceso de centros que despachó el Rojo, creció la figura del Lolo Miranda, Javier García tapó dos pelotas claves en el arco y la energía del resto compensó las ausencias.

El gol de Marcelo Díaz
El gol de Marcelo Díaz Fuente: LA NACION - Crédito: Daniel Jayo

El último giro, tan inesperado como todos los anteriores, sucedió a los 85. Cvitanich se llevó con guapeza la pelota en la derecha del área, Miranda dejó pasar el centro y Marcelo Díaz lo acomodó con clase en el fondo del arco.

Racing se quedó con uno de esos partidos que se meten en la historia, y lo hizo con absoluto merecimiento. El nuevo Rojo de Pusineri dio un paso atrás de aquellos que duelen de verdad. El fútbol sigue llenando capítulos de sorpresas que le tapan cualquier otro defecto que pueda tener.

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