Coronavirus. La historia de Robert "El Cuervo" Kraft, el único runner con permiso para correr en la playa como cada día desde 1975

Crédito: Instagram
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15 de abril de 2020  • 11:08

El debate runner en plena cuarentena no queda solo en una mala interpretación local de un comentario del presidente Alberto Fernández. El debate es global. Con el mundo en pausa, y la actividad física confinada a los espacios que cada uno puede tener puertas adentro, la presión para el regreso de los entrenamientos en las calles tiene sus réplicas en todo el mundo. En París, por ejemplo, permitieron salir a hacer deporte después de las siete de la tarde. Las imágenes de una ciudad tomada por atletas amateurs y profesionales a las 19.01 no tardaron en viralizarse. En España, Madrid y Barcelona registraron detenciones de aquellos que salían a correr con la bolsa de compras o que cruzaban los parques ataviados con ropa de entrenamiento y con la excusa de ir a comprar remedios a una farmacia emplazada a un par de kilómetros. Mientras, en Miami abogan por la reapertura de espacios verdes y de las playas. "Los parques no matan a las personas", dicen. Y de las playas del sur del estado de Florida emerge una de las historias runners de los últimos días: la de Robert "The Raven" Kraft. El cuervo.

Kraft corre ocho millas diarias (casi 13 kilómetros) desde 1975. Todos los días desde hace 45 años. "No lo frenaron ni huracanes, ni rayos, ni una intoxicación alimentaria, ni una neumonía, y ahora, a pesar del cierre oficial de su amado sendero de playa, ni siquiera el coronavirus", detallan en el Miami Herald, donde contaron la historia de este atleta de 69 años que consiguió un permiso oficial para poder moverse por el lugar donde "pertenece". "Quiero dar esperanza", dice. Aunque el gobernador de Florida decretó a principios de abril un confinamiento de un mes, Kraft mantiene su tradición. Nadie puede pisar la playa y se quedó sin sus carreras en grupo.

Su persistencia inspiró a miles de corredores, que se sumaron a su rutina a lo largo de los años. Hombre de South Beach, partió hacia Nashville en 1970, cuando tenía 19 años, para ser compositor. Supo estar cerca de Johnny Cash, a quien le entregó algunas de sus letras, pero no tuvo éxito en la música y volvió a Miami, donde transformó su bronca por el fracaso como compositor en combustible para la actividad física. Empezó en un gimnasio, después saltó a las calles y finalmente encontró su lugar en la arena, iniciando su recorrido desde el puesto de socorristas de la calle 5, donde se inicia el extenso y verde Lummus Park que queda atrapado entre Ocean Drive y la playa.

"Las autoridades locales escucharon a mis seguidores y me han permitido mantener mis salidas siempre que corra solo. Los socorristas y la policía saben que tengo permiso para estar", cuenta, mientras se entrena bajo el sol de Miami. Y destaca su solitario entrenamiento, aunque con cierto temor: "Las únicas huellas que veo son las de los pájaros y las mías. Continuaré, todos los días, si Dios quiere, si el océano no se eleva y el coronavirus no me atrapa". Y sigue: "Estoy entrenando para mañana", dijo en una entrevista, haciendo eco de algunas de las letras de sus canciones.

Kraft corre, sin otra compañía que la de la naturaleza y la de las camionetas de la policía que patrulla una playa que hace algunas semanas estaba colapsada por las vacaciones de primavera. Y trata de no pensar en la presión que los residentes hacen para reabrir los espacios públicos, mientras se entrenan en sus casas, vía Zoom, Skype o Youtube. Según Miami Herald, muchos creen que las patrullas policiales y la vergüenza pública podrían controlar a los burladores del distanciamiento social, y que en lugar de cerrar los campos de golf, las pistas o los parques, podrían aprovecharse para un distanciamiento controlado, beneficiando a las personas de menos recursos, o a aquellos que viven en edificios que no tienen ni espacios comunes para moverse. Con la pandemia en franco crecimiento en Estados Unidos, el debate parece más de una etapa posterior. Pero la presión sigue ahí, a la espera de un plan práctico y sostenible que llegue desde el gobierno. Mientras Kraft corre cada día, sus dos horas y 15 minutos. Como hace 45 años.

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