Sebastian Crismanich se fracturó la tibia y ahora está obligado a otro esfuerzo superador

Crédito: MasTKD.com
El taekwondista se lesionó en el Open de México, en Aguascalientes; sufre por su presente, pero ya dejó un legado para muchos chicos que sueñan por trascender
Gastón Saiz
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15 de marzo de 2015  • 23:00

AGUASCALIENTES, México.- Su fractura de tibia derecha es un crujido que le duele a todo el taekwondo argentino. Una defensa ilegal del oponente, una rodilla levantada más de la cuenta y enseguida, de un pestañeo, la ilusión que se rompe en mil pedazos. Sebastián Crismanich , símbolo máximo de este arte marcial en la Argentina, no participará en los Juegos Panamericanos de Toronto 2015 por la mala jugada del triniteño Lenn Hypolite. El instante fatídico se produjo el último sábado en el México Open de Aguascalientes, allí donde unos días antes, la fiera correntina se había asegurado el pasaje para la cita en Canadá, que se hará del 10 a 26 de julio.

Menos mal que su ausencia en Toronto no tendrá efecto en busca del ticket para los Juegos Olímpicos de Río 2016; la clasificación vendrá vía continental, más adelante en el calendario. Pero cuántos pensamientos rondarán en la cabeza de esta máquina de dar patadas, que el 10 de agosto de 2012 estremeció a todo un país al obtener la medalla dorada en la categoría de menos de 80 kilogramos, después de vencer en la final al español Nicolás García Hemme. La primera imagen que se les viene a los amantes del olimpismo es su rostro bañado en sudor y lágrimas, mientras su mano derecha apretujaba su corazón, con el Himno Nacional argentino retumbando en el complejo ExCel de Londres. Vaya paradoja: después de esa gesta histórica para nuestro deporte, el correntino estuvo un año inactivo por una fractura en la tibia derecha, la misma lesión que hoy le siembra un mar de dudas en su futuro inmediato.

Desde 2013, durante su marginación forzosa de la competencia oficial, Crismanich se transformó en evangelizador de una cultura del deporte como estilo de vida. La gloria olímpica le abrió puertas en ámbitos hasta allí desconocidos para él, y procuró entonces la transmisión de un mensaje inequívoco: cumplir un sueño, cualquiera sea la meta y más allá del deporte. Recorrió diez provincias del interior profundo, ofreció seminarios y charlas. Miró a los ojos. Se conmovió especialmente con la gente de Tartagal, donde hace falta mucho apoyo en infraestructura deportiva. Interactuó con chicos dispuestos a practicar taekwondo, aún sin que contaran con los elementos básicos. Observó cómo, entusiasmados, pateaban contra una ojota, a falta de palmetas. Estuvo cara a cara con siete comunidades indígenas, se nutrió de sus idiosincracias y prometió un regreso. Sebastián es una persona que se crió y se formó lejos de la grandes luces de la ciudad, por eso es que en cada localidad que visitó, por más humilde que fuera, se identificó con la ilusión de esos jóvenes a los que motivó con su relato de superación. Todas esas experiencias forjaron su espíritu y lo hicieron madurar diez años, tal como reconoció después de emprender un largo viaje por las rutas del país.

Sebastián, el talento que lleva un tigre escondido en su cuerpo -como alguna vez confesó-, nunca pretendió desplegar sus pergaminos ante los demás, sino inculcar la fe y la confianza en uno mismo. La decisión de ser alguien. "Mi objetivo no es que sepan quién es Crismanich, sino que los sueños que uno tiene de chico pueden concretarse", repitió, aun en los momentos de mayor incertidumbre en su carrera.

Se codeó con políticos, con personalidades del espectáculo -le impactó su contacto con Marcelo Tinelli- y con estrellas de otros deportes, como Manu Ginobili, Luis Scola y Luciana Aymar. Su conquista en Londres 2012 provocó que el presupuesto para su deporte se disparara y superara largamente anteriores montos. Los máximos dirigentes entendieron por fin que este arte marcial era un tesoro escondido.

Unos años antes de su suceso, el taekwondo argentino era sinónimo de escándalo: había quedado envuelto en un gran default económico, agresiones físicas entre dirigentes de distintas facciones, una bomba en un gimnasio y denuncias de abuso sexual por parte de un entrenador de selección. La Confederación Argentina, que llegó a tener dos presidentes en ejercicio, estuvo intervenida frente a semejante dislate y solo se normalizó con las elecciones de 2011, año en que Sebastián ganó la medalla dorada en los Panamericanos de Guadalajara, un anticipo de lo que vendría.

Si bien después de Londres 2012 no se registró un gran crecimiento de adeptos al taekwondo oficial (WTF) -quizás por la confusión de la gente con el ITF, no avalado por entes oficiales- el sello de Sebastián Crismanich ya es indeleble, representa uno de los grandes hitos del deporte nacional. Hoy, ya lucha por volver.

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