Lucas Guzmán: el nuevo tesoro del taekwondo que apoya todo en la religión

Lucas Guzmán, con la bandera argentina, es pura felicidad tras ganar la medalla de oro
Lucas Guzmán, con la bandera argentina, es pura felicidad tras ganar la medalla de oro Crédito: José Tejada/Lima 2019
Gastón Saiz
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28 de julio de 2019  • 23:45

LIMA (De un enviado especial).- Estaba acurrucado como un bebé. Si no hubiera sido porque se encontraba a punto de ganar la medalla dorada en taekwondo , Lucas Guzmán habría pasado como un joven cualquiera durmiendo una siesta en un galpón, tapado y sumergido en un plácido sueño. Como si se tratara de un mochilero en tránsito esperando su próximo viaje en una terminal. En realidad, estaba acostado en el sector de atletas de la Villa Deportiva Regional del Callao, allí donde se aguarda para ingresar al tatami. Pero aun en medio de la preparación de pies descalzos de sus colegas, que se hidrataban y hacían movimientos eléctricos sobre colchonetas, él se mantenía suspendido en un reposo profundo y reparador.

Aquel chico que descansaba para aislarse del mundo terminó convirtiéndose en una fiera, para abrochar la victoria sobre el mexicano Brandon Plaza en la categoría de hasta 58 kilos. El día después de esa segunda medalla de oro para la delegación argentina mostró al mismo joven introvertido, que se aferra a Dios y que profesa su fe católica con rezos y hasta estampada en aquella remera que exhibió cuando concretó el triunfo: "Perdamos o ganemos, la gloria es para Dios siempre". Su regreso a la Villa Panamericana fue tranquilo, ya entrada la noche, después de retrasarse bastante entre los móviles periodísticos que transmitían en directo y el control antidóping. Se sentía feliz, pero sin euforias: una procesión que lo recorre por dentro, con el dolor por la reciente muerte de su madre, Elizabeth, y la responsabilidad que implica seguir una carrera en las artes marciales para alcanzar objetivos bien altos.

Fuente: Reuters

Y si se habla de grandes metas en el taekwondo argentino, el nombre que surge automáticamente es el de Sebastián Crismanich, aquel medallista dorado de Londres 2012 que reescribió los libros de esta disciplina en la Argentina por la trascendencia de la conquista. Por supuesto que el correntino siempre será un modelo, pero en el entorno de Guzmán quieren dejar de lado la figura del campeón olímpico para no generarle presión a Lucas, de 25 años. Sobre todo, para que no se repita la lógica comparativa entre Diego Maradona y Lionel Messi, si se permite la asociación futbolera.

La buena noticia en el staff de Guzmán es que el chico logró acarrear con prestancia el peso de ser el favorito para el oro en la delegación de taekwondo en estos Panamericanos. Pero el gran punto de quiebre en su carrera fue el histórico bronce obtenido en mayo en el Mundial de Manchester, diez años después de que Mauro Crismanich, hermano de Sebastián, obtuviera la misma posición en la Copa del Mundo de Copenhague, Dinamarca. Ahora, el foco está puesto en el preolímpico de Costa Rica, que se desarrollará en marzo y en el que Guzmán intentará conseguir el pasaje a Tokio 2020.

Fuente: Reuters

Su entrenador es Gabriel Taraburelli, quien cubrió a su dirigido con una bandera argentina y lo abrazó tras esa victoria del sábado que alumbró mirando al cielo. "Más allá de ser un gran atleta, Lucas es un gran persona, con muchos sentimientos y sano en todo sentido, además de muy responsable en lo que hace. El equilibrio de todas esas cualidades lo convierte en un deportista muy profesional", comenta.

Abrazado al oro, lo que le resta al oriundo de Merlo de ahora a fin de año es sumar puntos en el ranking: los cinco primeros de la lista en diciembre entrarán directamente a los Juegos y Guzmán está metido de lleno en esa pelea, pero la gran apuesta será a Costa Rica. Como para que esta explosión de Guzmán no se detenga en Lima 2019.

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