Juan Martín del Potro: la tierna anécdota con su abuelo y la Copa Davis, y el dolor por el Roland Garros que se le escapó

Hace unos años: Del Potro y su abuelo Francisco, cuando el tandilense obtuvo la medalla plateada en los Juegos Olímpicos de Río 2016
Hace unos años: Del Potro y su abuelo Francisco, cuando el tandilense obtuvo la medalla plateada en los Juegos Olímpicos de Río 2016 Crédito: Instagram
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18 de junio de 2020  • 00:01

Mientras cumple la cuarentena y continúa un largo proceso de rehabilitación tras ser operado de la rodilla derecha, Juan Martín del Potro dejó el silencio de lado y contó varias anécdotas, incluida una vivencia muy personal y familiar con su abuelo paterno. En una charla con Alejandro Fantino en el programa ESPN FC, el tandilense, que lleva casi un año fuera de las canchas, habló del vínculo con Francisco Lucas, su abuelo materno, que tenía una carnicería en el barrio Villa Italia, en Tandil.

"Cuento una historia que tenía con mi abuelo. Él era carnicero, y era más conocido que yo en Tandil por la buena carne que vendía. Él fue el que me hizo (hincha) de Boca y el que me pedía siempre un poco más. Me decía 'bueno, Juancito, ahora tenés hay que ganarle a Federer' , y yo le decía 'sí, abuelo, ya va a llegar'. Y por ahí yo venía de ganarle a (Andy) Murray, o a (Rafael) Nadal, y así íbamos siempre. En 2015 estuve muy mal de las muñecas y me fui un tiempo largo a Tandil para ver cómo seguía, y ahí me decía que no podía dejar el tenis, que tenía que volver a intentarlo, así que un día junté fuerzas, y me operé por tercera vez. Volví a jugar, y al principio no me sentía bien, hasta que llegan los Juegos Olímpicos", empezó Del Potro su relato.

"'Si no volvés con la medalla, no tenés la carne para el asado', me decía el abuelo. Bueno, voy a los Juegos y fue una de las semanas más lindas de mi carrera; no veía la hora de volver a Tandil y mostrarle la medalla de plata a mi abuelo. Así que agarró la medalla, y se la puso, como si la hubiera ganado él. Para ese entonces estábamos en semifinales de la Copa Davis, y entonces me dice: 'este es el año de (ganar) la Davis'. Y siguió: 'Juancito, la Copa Davis la tenés que ganar, haceme caso'. Y así ganamos la semifinal, a Murray como visitante. Ya mi abuelo estaba un poco mal de salud. Se vino la final y no lo pude ver antes de viajar a Croacia. Ganamos y me traje la copa, que no la soltaba; llego a Tandil, hacemos un asado con mi familia, con la carne del abuelo, nos juntamos cada uno en su lugar, y en vez de ponerle un vaso para el vino, le pusimos la Copa Davis, y el abuelo la agarró, y no la quería soltar. Estábamos todos emocionados... Y ahí me dijo: 'Juancito, ahora ya estoy feliz, ya me puedo ir en paz'. Y para mí era lo mejor del mundo lo que me había dicho. A los pocos meses falleció. Fue algo como sentirme realizado por haberle devuelto tanto cariño que me dio de chiquito y que haya visto todo lo que soñó con su nieto, creo que fue uno de mis mejores logros, más allá del tenis", contó Del Potro. Su abuelo Francisco falleció en mayo de 2017, seis meses después de la obtención de la preciada Ensaladera, y mientras el ex número 3 del mundo disputaba el torneo de Estoril, en Portugal.

En el mismo programa de ESPN, Delpo recordó otro momento singular. "En 2009, en Roland Garros, llego a semifinales. Fue el año que perdió Nadal. A mí me tocó Federer en semifinales. Los dos sabíamos que, el que ganaba ese partido, iba a ganar el torneo, porque los dos podíamos vencer a (Robin) Soderling, que estaba por el otro lado. Empezamos la semi, un partido parejo... hasta que tengo mi chance y la desaprovecho por errores míos. Roger me termina ganando en el quinto set, y gana su único Roland Garros. Yo salí de esa cancha como un perdedor, no salí orgulloso de llegar a la semifinal porque sentía dentro mío que ésa era mi oportunidad de ganar mi primer Grand Slam y la había dejado pasar. Me sentí muy mal. Ya en ese momento estaban Federer, Djokovic, Nadal, y era mi ocasión, me había preparado desde chico para eso y no la pude aprovechar. Ese partido me pegó mucho, me dolió. Y es una situación muy difícil de compartir con alguien, porque ningún amigo puede sentir lo que es perder una semifinal de Grand Slam con Federer. Yo sentía que estaba preparado, pero dejé pasar esa oportunidad. Nosotros estamos preparados para lo que siempre soñás ganar, y cuando no lo conseguís, es un golpe muy duro, porque no se presentan mucho esas oportunidades. Luego tuve la suerte de que meses después pude jugar la final del US Open".

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También se refirió a los gestos que realiza el australiano Nick Kyrgios, muchas veces criticado por sus reacciones en un partido: "Son cosas que hablamos entre nosotros (los jugadores). Personalmente, no me gusta ni queda bien, porque excede los límites del respeto para el rival y los espectadores. Pero hay veces que en el vestuario es muy agradable, y así como se lo ve loco en la cancha, eso deja de ser mal visto porque el pibe es divertido. Por ahí en el vestuario estamos todos tan concentrados, tan metidos en lo nuestro, y de repente viene tomándose una limonada, y te dice 'tengo que ir a jugar, nos vemos después del partido' , y te dan ganas de chocar el puño. Ojo, Federer en los comienzos también rompía raquetas, eh. Pero el tipo ahora es un ejemplo dentro y fuera de la cancha. Es importante el entorno, tener los pies sobre la tierra, tener a tu lado la gente que te diga 'le erraste en esto, te estás entrenando mal o comiendo mal'. No todos tienen eso a su lado".

En otra referencia familiar, Del Potro contó: "Desde los comienzos mi papá y mi mamá han hecho lo imposible para que yo pueda viajar; mi papá es veterinario, y mi mama es maestra en literatura y lengua. Ellos tienen esa cultura del trabajo que se aplicó durante mi carrera. Había veces que tenían la oportunidad de viajar, y por ahí mi mamá no quería para no faltar a la escuela y dejar de dar clases... Mi hermana (Julieta) sí pudo. Por ahí me quedó pendiente lo de convencer a mis viejos de que se tomen un tiempito y vengan a verme jugar. Nunca me vieron en un torneo, sí en la Copa Davis acá. Es algo que no me deja estar tranquilo, y está para no bajar los brazo. Siento que yo tengo que volver a jugar, y tengo que ir con mi mamá y mi papá, y decirle cuando esté: 'Roger, saluda a mi viejo' . Es algo que a me motiva".

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