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Alcanzó la elite de su deporte por un camino diferente. Tiziano Gravier es un exponente atípico dentro del esquí alpino, porque no nació al pie de la montaña ni sus padres le calzaron los esquíes cuando empezó a caminar. No: el hijo de la modelo Valeria Mazza y del empresario Alejandro Gravier llegó por una vía inusual. Y en estas horas tiene el orgullo de ser uno de los ocho integrantes del equipo argentino que competirá en los Juegos Olímpicos de Invierno Milano Cortina 2026.
“Mis viejos aprendieron de grandes a esquiar y es una actividad que los divertía mucho, por ese motivo nos llevaron con mis hermanos a la nieve desde muy chiquitos. Además, nos mandaron a la escuelita y nos formamos con muy buenos instructores, lo que nos dio una excelente base”, explica Tiziano, de 23 años, acerca de su inicio en la disciplina que lo capturó desde pequeño.
Tiziano habla con LA NACION desde Salzburgo, donde se preparó para su debut en la cita olímpica el 11 de febrero, en Bormio, Italia. “Tengo una enorme expectativa porque estos son mis primeros Juegos Olímpicos. El objetivo es estar entre los top 15 y de esa manera alcanzar lo que sería la mejor marca de un esquiador argentino en esta competencia. Para mi nivel actual es ambicioso, pero creo que puedo lograrlo”, se entusiasma.
Muchas veces, la referencia para un deportista que se proyecta en una carrera es un consagrado, alguien ya instalado entre los mejores. En cambio, el modelo de Tiziano fue uno de sus hermanos, a quien tomó como ejemplo, como un espejo: “Cuando Balthazar tenía ocho años y yo cinco, lo invitaron a una competencia para chicos de su edad porque esquiaba muy bien y lo acompañamos con mi viejo. Le fue muy bien, él se enganchó en un circuito nacional y yo lo seguí a todos lados. Le tengo que agradecer a mi hermano porque fue quien me introdujo en este mundo, que se convirtió en mi pasión”, explica “Tilus”, como lo llaman sus amigos y su familia.
El deseo de Tiziano por seguir a su hermano mayor lo obligó a competir con chicos más grandes que él, y muchas veces a encarar pequeños y difíciles desafíos para su corta edad. Pero lejos de amedrentarlo, aquellos retos se convirtieron en una base para su formación. Así, se potenció como incipiente esquiador y rápidamente se destacó en una actividad en la que no son muchos los chicos que la practican en nuestro país.
A los 14 años comenzó a prepararse para participar en los Juegos Olímpicos de la Juventud que se realizaron en Lausanne 2020, donde consiguió un séptimo puesto en Super Gigante, lo que representó un hito porque fue el disparador que lo llevó a decidir su futuro apostando a convertirse en deportista profesional.
“Más allá del resultado fue una experiencia increíble, me gustó mucho y me di cuenta de que competir con los mejores de este deporte era lo que quería para mi vida”, explica Tiziano que inicialmente participó en las cuatro disciplinas de esquí alpino, pero que cuando fue creciendo y comenzó a buscar un mejor rendimiento se especializó en dos.
“En esquí alpino hay cuatro modalidades: slalom, slalom gigante, super gigante y descenso. En todas tenés que hacer un recorrido lo más rápido posible y lo que varía es la distancia entre las banderas a eludir, lo que modifica el ángulo de las curvas y cambia la velocidad a la que bajás. Con mis entrenadores decidimos enfocarnos en gigante y super gigante y hoy estoy rankeado en los puestos 50° y 75° en Copa del Mundo”.
Gravier lleva solo dos años compitiendo en el primer nivel del esquí profesional. Y si bien lo alcanzado representa un logro importante, no se conforma y espera seguir evolucionando, un factor imaginable porque se trata de un deporte donde el rodaje adopta un rol decisivo. “Los mejores del mundo alcanzan su pico con más de 30 años, por lo que creo que todavía tengo mucho para aprender y para mejorar. El circuito de Copa del Mundo transcurre todos los años en casi las mismas pistas, entonces la experiencia se transforma en algo determinante”, sostiene Tiziano.

Su próximo desafío está muy cerca y la ilusión de cumplir un sueño es su motor: “A los 17 años me propuse participar en unos Juegos Olímpicos y estoy a días de poder cumplirlo. Trabajé muchísimo para esto y, si bien tengo ansiedad, también lo disfruto un montón”, apuntaTiziano, que será uno de los siete integrantes del equipo olímpico de esquí que representarán a nuestro país en Milano Cortina 2026, una competencia donde Argentina tiene asistencia perfecta desde 1928 cuando fue la primera cita, aunque nunca pudo conseguir una medalla.
Haber crecido lejos de la montaña no es la única particularidad de este deportista de primer nivel, dado que en paralelo a la competencia estudia en la Universidad de San Andrés y planea recibirse en diciembre de este año. “Cuando terminé el secundario estaba totalmente convencido de ser esquiador profesional, pero en paralelo comencé a buscar una universidad que se adapte a mi disponibilidad de tiempo y en San Andrés encontré un programa para deportistas que me da la chance de estudiar de manera flexible. Estoy muy contento de hacerlo, a pesar de que en algunos momentos la exigencia me estresa un poco”, cuenta Gravier que está a solo siete materias de graduarse en Negocios Digitales.
Los padres de Tiziano van a estar en Italia alentando y apoyando al segundo de sus hijos: “Somos una familia muy unida a pesar de que cada uno se dedica a actividades diferentes y no siempre logramos estar juntos. Cuento con el acompañamiento de mis viejos y lo bueno es que son dos personas muy diferentes y con cada uno tengo charlas distintas. Mi viejo me ayuda mucho planificando, ordenando mi logística y con conversaciones, tal vez más serias de deporte y de mi actividad. Con mi mamá los temas son otros, ella se centra en cómo estoy, cómo me siento y qué me está pasando”, cuenta Gravier acerca de la relación con sus padres y el vínculo que los une.
Tiziano destaca que en los dos últimos años en los que compitió en el primer nivel no solo tuvo que trabajar buscando mejorar su desempeño deportivo enfocándose en cuestiones técnicas. Descubrió, además, que la capacidad para gestionar al equipo que lo acompaña también representa un desafío en donde su padre, Alejandro, lo ayudó mucho: “A veces es necesario elegir, tener conversaciones incómodas o a decir cosas que no siempre cae bien. El deportista de elite necesita enfocarse y a veces ser duro, porque trabajamos detrás de objetivos. Saber administrar esas situaciones es una parte de mi crecimiento y, en esa tarea, mi papá me da una gran mano”.
El recorrido deportivo de Tiziano estuvo afectado por una situación conflictiva que lo mantuvo por un tiempo alejado de las pistas de esquí días previos a un viaje a Francia donde iba a representar a nuestro país. En una salida con sus primos, durante un viaje a Rosario y en la puerta de un boliche dos jóvenes lo atacaron y, casi sin mediar palabra, lo golpearon en el rostro y le fracturaron la mandíbula. Fue en junio de 2022. “De esa situación desagradable tomé algunos aprendizajes; me di cuenta de que tengo que ser cuidadoso en la manera que me expongo y a donde voy”, relata Tiziano que luego de una operación en el Hospital Austral se recuperó del incidente que hoy es solo un mal recuerdo.
Este viernes, entre los ocho atletas vestidos de celeste y blanco, y mezclado entre las 93 delegaciones de todo el mundo, Tiziano irá en busca de un sueño con la ilusión de cosechar un logro que para nuestro país ha sido esquivo. El segundo de los Gravier buscará construir su propia historia, más allá de la fama de su madre como modelo y empresaria y a la popularidad de su padre.


