Trungelliti, tras denunciar a las mafias: "El que más me bancó fue Mayer y lo de Del Potro fue buenísimo"

Crédito: Marcello Zambrana/DGW Comunicação
Federico Cornali
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26 de febrero de 2019  • 07:33

SAN PABLO.- Podía ser la última pelota del partido. Quería que sea la última, esa que iba a desatar varios nudos en la garganta y aliviar fuertes tensiones. "Damela que la necesito", imploró Marco Trugelliti mirando al cielo. "No sé si soy o no soy muy católico; no voy mucho a la iglesia, pero cada uno tiene sus conexiones", explicó el santiagueño que tuvo el deseo concedido y con un saque preciso terminó de decretar su triunfo por 6-4, 3-6 y 7-6 (5) ante el japonés Taro Daniel, en la primera rueda del ATP de San Pablo, Brasil. Era su reaparición en las canchas después de la entrevista publicada por La Nación poco más de dos semanas atrás, en la cual denunció a las mafias que arreglan partidos en el tenis, un quiebre en su vida.

Tras presentar el reporte que denunciaba el accionar de los corruptos y luego de sufrir el hostigamiento de algunos colegas envueltos en el sistema o simplemente temerosos ante lo desconocido, dar a conocer su historia fue llevar la causa más allá, quitándose de una vez las toneladas de peso que cargaba en una mochila, imposible de soportar a esa altura.

A diferencia del último partido que Trungelliti había disputado, en la primera rueda de la qualy del ATP de Buenos Aires, donde se lo vio desorientado y nervioso, tirando la raqueta al suelo y gritando en su derrota ante el italiano Alessandro Giannesi, esta vez al santiagueño se lo notó relajado, concentrado y con sed, mucha sed de triunfo, algo que le bastó para sacarse de encima a un rival con experiencia y mayor recorrido en el circuito, que es entrenado por Gustavo Marcaccio, nuevo subcapitán del equipo argentino de Copa Davis.

Crédito: Marcello Zambrana/DGW Comunicação

Para Trungelliti, se acabaron las amenazas y ya casi no quedan indiferentes. Cuatro días compartiendo sala de jugadores y vestuarios en San Pablo le bastaron para ver lo mucho que las cosas cambiaron. "Fueron cambios muy drásticos, empezando por mí, que me siento más leve y me doy cuenta de las cosas ahora. Muchos jugadores se acercaron para mostrarme su apoyo acá, también algunos entrenadores y gente de afuera que se enteró por la nota en el diario", comentó. "Otros aún siguen creyendo en historias, mentiras que oyen, pero eso es cosa de cada uno: los grupos están marcados y son ellos quienes deciden continuar por ese camino. Estaban cómodos con eso, con lo que hacían y me ven como repelente, lo diferente les da miedo. Los que me miraban raro lo hacían porque entendían que yo había tocado un tabú en nuestro deporte", sostuvo sobre quienes lo tildaron de "buchón".

En Andorra, donde vive desde diciembre pasado, su esposa Nadir lloraba de alegría tras el triunfo consumado. Solo ellos saben cuánto sufrieron. Desde el primer minuto del juego contra Taro Daniel a Trungelliti se lo veía suelto, relajado, aún cuando estaba en desventaja. Sólo ellos saben cuánto se disfruta. "Desde que conté lo que pasó, siento que recuperé las ganas de entrenarme, las ganas de entrar a una cancha. Mi objetivo era sentirme competitivo de nuevo y así fue. Lógico que ganar está bueno, pero si no estás competitivo no tenés chances. Ganar fue un regalo, pero si hubiese perdido 6-2 y 6-2 sintiéndome así, igual estaría contento", dijo el santiagueño, que no vencía un partido por el cuadro principal de ATP desde el 20 de julio de 2018, cuando derrotó en los cuartos de final del Torneo de Umag, Croacia, al ruso Evgeny Donskoy (6-1 y 6-4).

Fue el aire fresco de los Pirineos también el que le devolvió la paz a Trungelliti. "Andorra me limpió la cabeza. Es tranquilo, hay nieve. Después de lo que pasó, no tenía chances de agarrar una raqueta, de entrenar mi físico, por lo cual estuve una semana tirado y yendo a la montaña, para respirar. Si intentaba entrenar, con mi cabeza a mil, me habría lesionado", dijo sobre su nuevo hogar, desde donde preparó su regreso luego de arrastrar sus frustraciones por el ATP de Córdoba y el de Buenos Aires, reventando más de una raqueta contra el suelo. "Volví a sentirme bien, sereno. Alguna puteadita se me escapó, pero normal. Volví a ser el Marco del Abierto de Australia, con mucha más energía. Hoy jugué casi tres horas a pura intensidad, días atrás no aguantaba ni 25 minutos, la cabeza se me iba. Ahora estoy feliz, ¡qué se le va a hacer!".

Para Trungelliti, el apoyo de otros tenistas argentinos fue fundamental desde que salió a gritarle al mundo sobre la corrupción en el tenis. "El que más me bancó fue Leo Mayer, y creo que es el ejemplo a seguir, porque desde un primer momento se paró en la vereda de enfrente a la corrupción. Lo de Juan Martín [Del Potro] también fue buenísimo, porque es un referente, igual que lo de Fede Delbonis", opinó, sobre los compañeros que lo respaldaron públicamente. "Otros, lamentablemente, siguen en esa postura de quedar bien frente al público, ser políticos en un momento en el cual nadie debería ser político", apuntó.

Se siente fuerte de nuevo Marco Trungelliti, y así lo demuestra. Está preparado para lo que venga, dentro y fuera de la cancha. "Me siento liberado y fuerte. En contrapartida, los que antes se fortalecían mintiendo hoy arrugan la cara, bajan la mirada y ya no son tan adeptos a las provocaciones como antes eran. Las cartas están sobre la mesa y cada uno las juega como quiere", sostuvo, sin dar nombres pero enviando un mensaje más que claro.

Apenas después de terminado el partido y mientras recuperaba las piernas en una de las bicicletas fijas del estadio Geraldo José de Almeida, más conocido como Ginásio do Ibirapuera -ya que se ubica dentro del parque más famoso de la ciudad-, Trungelliti hablaba con los suyos por celular, exultante. "Mis familiares sufrieron un poco, tuvieron miedo. Pero son ellos los que me enseñaron a hacer las cosas correctamente y por ese camino voy a seguir. Aunque tengan miedo, así seguiré. Supongo en el fondo están orgullosos".

Lo que para Trungelliti es normal, suele ser una rareza en el mundo del deporte profesional. "A mí desde chico me enseñaron que robar está mal, y vender partidos también está mal, es simple", recordó. "El problema no somos los que hablamos, el problema son los que callan. Creo que estaría bueno aprovechar todo esto para fomentar lo que está bien y lo que no entre los jóvenes tenistas, el problema es que seguimos teniendo muchas lacras en el medio y ya no es problema mío sacarlos de ahí", dijo.

Bajo la lluvia paulista, casi saltando charcos, se retiró Trungelliti del Ginásio do Ibirapuera, el lugar en el cual volvió a ser feliz jugando al tenis tras encontrar refugio en la honestidad.

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