Carry trade: por qué la estrategia que ayudó a calmar al dólar empieza a perder atractivo
La baja de tasas, la aceleración de la inflación y la apreciación del peso achicaron los márgenes de ganancia
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Durante los primeros cuatro meses del año, dos fuerzas trabajaron en silencio para mantener el tipo de cambio bajo control: las compras del Banco Central —que acumuló unos US$7400 millones desde el arranque del año— y el carry trade. Sin embargo, entre la aceleración de la inflación, la apreciación del peso argentino y la baja de tasas de interés, esta última estrategia financiera perdió parte de su atractivo y se convirtió en una apuesta cada vez más riesgosa.
El carry trade gana atractivo en la Argentina cada vez que el dólar está en calma. Y, al mismo tiempo, retroalimenta a esa pax cambiaria. En la práctica, se trata de una estrategia que consiste en invertir en tasas en pesos, para más adelante dolarizar las ganancias. Con el tipo de cambio cada vez más bajo, ya que el dólar minorista cayó 4,4% desde que arrancó el año, los inversores que hicieron carry mediante un plazo fijo acumularon una ganancia del 13% en dólares desde diciembre.
“Sin embargo, el retorno en pesos no alcanzó a compensar el avance del Índice de Precios al Consumidor, ya que la tasa real directa fue 3% negativa. Esto lo que sugiere es que la estrategia fue alimentada más por los flujos que por la dinámica del precio de la liquidez en pesos. Los flujos de divisas siguen dictando el tempo de la estrategia, pero en un terreno menos favorable“, señaló Nery Persichini, analista de GMA Capital.
Para el analista, hoy la tasa en pesos es más negativa, luego de que promediara una tasa nominal anual (TNA) del -9% en marzo y abril. A esa foto se le suma que el tipo de cambio real (es decir, al descontar el efecto de la inflación) está 10% abajo de finales de 2025. "Esto achica el margen de error de la estrategia", señaló.

“El carry, junto a las compras por parte del Banco Central, aportaron el 100% de la calma del primer cuatrimestre”, resumió Fernando Camusso, director de Rafaela Capital. Pero el analista también advirtió que la estrategia mutó: arrancó con tasas fijas cortas en torno al 3% efectiva mensual y migró hacia instrumentos atados a inflación (CER) —primero cortos, luego con mayor duración—, a medida que el punto de equilibrio para no perder favorecía esa cobertura inflacionaria.
“El tándem Banco Central-Tesoro necesita recrear un ambiente de mejores condiciones crediticias, no solo para que baje la morosidad del sistema, sino para que el crédito productivo aumente considerablemente. Esto nos hace pensar que, si bien la política monetaria mantendrá su sesgo contractivo con target desinflacionario, de retomar dicho sendero, las tasas se mantendrán bajas. Claramente comienza cierto desincentivo para el carry, sin embargo, todo depende de si la inflación realmente retoma la baja", explicó.
Esta misma visión comparten los analistas de la consultora económica LCG. Aunque agregaron que la pax cambiaria continúa al día de hoy, la diferencia entre las tasas en pesos y las expectativas de depreciación implícitas en el mercado de dólar futuro se achicó en mayo. “El carry no tiene una larga vida asegurada", advirtieron.
“La tensión en el mercado la podemos empezar a ver luego del fin de la liquidación de la cosecha gruesa, en caso de que el BCRA vea dificultades para acumular reservas y deba asistir al Tesoro. En ese caso, puede haber cierre de carry y dolarización. Sin embargo, si el mercado confía en el programa, toma en cuenta los potenciales RIGI y el potencial balance energético; no debiera generar una dolarización temprana. El año que viene será otro partido, en la medida en que el delivery de las inversiones estratégicas se vaya produciendo en tiempo y forma“, completó Camusso.

Otro punto que Persichini no desestima es el peso de la política. El nivel de confianza del Gobierno bajó con respecto a principios de año, lo que le da un “mayor peso gravitacional” a las novedades de la política. Por el momento, el analista cree que el carry será atractivo en términos de dólares, pero con una relación riesgo-retorno menos holgada.
“No vemos catalizadores inminentes para un cambio de tendencia. Los flujos financieros continúan, y nuevos sectores (energía, minería) podrían compensar parte de la oferta que se retira con el fin de la cosecha gruesa. El riesgo principal no es macroeconómico, sino político. Un eventual adelantamiento del debate electoral podría generar incertidumbre suficiente para activar la dolarización de portafolios y desarmar posiciones en pesos. Mientras la discusión sobre 2027 quede en 2027, ese escenario luce acotado", cerró.
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