El rol del papa Francisco, contra viento y marea

Eduardo Braun
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19 de octubre de 2014  

¿Puede una sola persona cambiar una institución que tiene casi dos mil años de historia, más de un billón de seguidores repartidos en más de 100 países y poco poder formal? Desde que asumió el liderazgo de la Iglesia Católica Jorge Bergoglio lo está haciendo con éxito. ¿Cómo? Aplicando exitosamente 5 roles clave del liderazgo.

Primer rol del líder es trazar una visión, un sueño que perseguir, y determinar qué valores y creencias serán el eje de su papado. Es una tradición que el Papa elija su nombre. ¿Por qué? Porque el nombre de un santo de la iglesia hace referencia al carisma y la visión que le pretende proponer a su papado. Al tomar el nombre de San Francisco de Asís, que asumió la pobreza y pretendió revolucionar la iglesia para servir a los pobres, toma también al santo como modelo. ¡Nunca nadie se había animado a hacerlo! Pero ahí esta todo el poder de la visión que propone Bergoglio: Una iglesia pobre para los pobres.

El segundo rol del líder es ocuparse genuinamente de su gente. Tanto de las personas que conforman su equipo como aquellos a los que sirve. El papa Francisco muestra esto cada vez que interactúa con su comunidad: el centro de su atención es siempre servir a los fieles y no a la burocracia de la institución. "No mira a la multitud, sino a cada una de las personas", contaba un colaborador íntimo del Papa para ilustrar su profundo interés por cada uno. Las personas creen en un líder que se preocupa en serio por ellos.

El tercer rol del líder es comunicar. Pero la comunicación entendida como la conexión con su comunidad. Es transmitir un mensaje y también escuchar; es inspirar valores y ser empático con los sentimientos ajenos. Es comunicar no sólo con palabras, sino con hechos: caminar sobre las palabras. Efectivamente, Francisco practica lo que predica: al vivir en la Posada y no en un palacio, al usar sus viejos zapatos negros o subirse a un colectivo en vez de a una limusina, transmite a todos un ejemplo de austeridad y le da pleno sentido a su nombre y visión.

La empatía e interés que el Papa demostró en sus apariciones públicas y su capacidad para conectarse con el público en eventos como la Jornada Mundial de la Juventud son un capital importante a la hora de generar lealtad, apoyo y confianza en las personas a las que quiere liderar. ¿Quién puede dudar de que es sincero?

Una cuarta tarea que potencia el liderazgo es la toma de decisiones. Primero, empoderando al equipo, delegándole poder de decisión a sus subordinados, y segundo tomando las decisiones clave en tiempo y forma. Francisco está mostrando ser decidido, claro, avanzando en lo que predica. Desde apartar a clérigos acusados de abuso hasta nombrar a un grupo de notables conformado por ocho cardenales para que lo ayuden en las transformaciones de fondo. Y también descentralizar muchas de las funciones de la iglesia nuevamente en las comunidades.

Todos estos roles ejercidos coherentemente cambian la cultura de una organización, y el cardenal Bergoglio está cambiando la cultura de la iglesia como institución, orientándola hacia su sueño. Al hacerlo está consiguiendo que más fieles se sientan orgullosos, comprometidos y felices de pertenecer –y volver– a la iglesia.

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