Soy comprensivo con los alumnos, durísimo con el resto
Está mal que los padres alienten a sus hijos a tomar una escuela, como así también que las autoridades educativas les hagan creer a los que toman los colegios que están haciendo una genialidad
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Una chica o un muchacho de 18 años pueden hablar de manera muy elocuente de la obra y el pensamiento de Trotsky o Hayek; lo cual no quiere decir que sepan lo que están diciendo. Sé de lo que hablo: cuando yo tenía esa edad tenía la solución de todos los problemas. ¿A usted no le ocurría lo mismo?
Reflejo en estas líneas más de medio siglo de experiencia en las aulas. ¿Querés que los alumnos estén con vos y enseñarles a pensar? Hacé tres cosas: 1) dictá todas las clases; 2) hablá de lo que efectivamente sentís, y 3) explicá los teoremas que efectivamente entendés. Si pretendés venderles un “buzón” en el plano de los valores, se van a avivar y no te prestarán más atención. Y resulta patético el profesor que pretende explicar un teorema que no entiende.
Para cada uno de nosotros, hay “músicas” más atractivas que otras, pero éste no es el punto. El punto es que las aulas, los debates, la cafetería, todo contribuye a que el alumno vaya revisando lo que cree a pie juntillas en función de datos, contrapunto con otros compañeros, etc. Proceso que, como sabemos todos los educadores, no es ni lineal ni instantáneo.
Una de Perogrullo, pero muy importante: para que esto ocurra las escuelas tienen que estar abiertas. Es imposible desarrollar el proceso educativo con escuelas cerradas.
Por eso digo que, con la misma firmeza con la cual soy comprensivo con los alumnos, soy durísimo con el resto. En particular, con los padres de los alumnos que tomaron las escuelas; porque quien alienta a su hijo a tomar una escuela, lo está preparando mal para la vida plena y para la vida laboral; quizá no para ser un dirigente piquetero, pero que alguien me explique si hay una estrategia de desarrollo en el fomento de los piquetes.
También soy durísimo con las autoridades educativas, las cuales –por omisión o por acción– les hacen creer a quienes toman los colegios que están haciendo una genialidad.
Cuando aparecen eventos como el que inspiró estas líneas se escuchan peligrosas bobadas, al tope de las cuales ubico la siguiente: “más días de clase no es sinónimo de más educación”. Evidentemente, quien dice esto fue instruido sobre la base de este principio… y se le nota. En mis cursos, cada clase cuenta y los feriados inesperados los compenso con el dictado de clases en otras fechas.
En educación, nada reemplaza el amor y la pasión por enseñarles a los alumnos.
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