Alegría celeste y blanca en la Plaza San Pedro
Hubo cientos de argentinos en la misa y una gigantesca bandera de San Lorenzo
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ROMA.- Los rostros emocionados, los colores celeste y blanco y los cantos a viva voz en homenaje a Francisco y a la Argentina ya son un clásico en las apariciones del Papa en la Plaza San Pedro. Pero la nota distintiva de ayer fue una enorme bandera de San Lorenzo de Almagro, agitada por fervientes simpatizantes del club de Boedo, que llegaron anteayer a Roma para agradecerle al Santo Padre su fidelidad a la camiseta azulgrana.
Marcelo Fernández, Matías Amaya y Marcos Antiveros desplegaron la bandera, que mide 6,50 por 2,50 metros y lleva impresos sobre los colores del club el escudo de San Lorenzo y la figura de Jorge Bergoglio con los brazos abiertos.
"Es como si él nos estuviera recibiendo", señaló Fernández a LA NACION al explicar la imagen, mientras arrollaba la bandera luego de la misa, como si el partido hubiera terminado.
"La semana pasada, Bergoglio nos trajo suerte y ganamos en Santa Fe. Si lo vemos, le vamos a preguntar por el próximo partido, y si llegamos a ganar, vendremos todos los fines de semana", exageró el hincha cuervo, consciente de que la esperanza es lo último que se pierde. "Si el Boca de Bianchi tenía el celular de Dios, nosotros tenemos al Papa", se jactó.
Muchos argentinos llegaron sobre la hora para la celebración del primer papa argentino. Como Patricia Daste, de la parroquia Corazón de Jesús, de Villa Pueyrredón, que vino especialmente para el acontecimiento. "Estoy emocionada", dijo, aferrada a una bandera con la imagen de la Virgen de Luján que pintó con sus cuatro hijos en un día y medio. "Iglesia, canta y camina" es la leyenda que imprimió en la bandera, en alusión a la oración por la patria que los obispos redactaron en plena crisis de 2001.
Cerca de ella, Ana Sofía Páez, de 22 años, estaba feliz con su premio anticipado. Ella espera recibirse a fin de año de ingeniera industrial en la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino, de San Miguel de Tucumán. Su padre le había prometido un viaje, y cuando se conoció la noticia de Bergoglio, ella le pidió si no podía anticiparle el premio.
"Siento un orgullo por el Papa, predica con el ejemplo", comentó envuelta en una bandera Ana Sofía, que colabora en Tucumán con la obra del Cottolengo de Don Orione.
El seminarista Ricardo Sáenz, de 32 años, tiene un sueño. A fin de año será ordenado sacerdote en los Legionarios de Cristo, y piensa: "Qué lindo sería ser ordenado por el Papa". Junto con su compañero Carlos Ezquerro, mexicano, de 28 años, estuvo en la Plaza San Pedro el día de la fumata blanca. "Estuve en los últimos dos cónclaves. En 2005 tenía fe en que iba a salir y no salió. Este año no tenía tantas esperanzas, tal vez por lo que decían los medios, y fue elegido", contó Ricardo. Se mostró gratamente sorprendido porque Francisco "está empezando a guiar a un pueblo; esperemos que la gente tome la batuta, lo defienda y lo siga". Carlos, que estuvo misionando en la Argentina, sostuvo que con la elección del Pontífice "los italianos están volviendo a poner sus ojos en la Argentina".
Para Analía Faná, que está terminando el doctorado en Derecho en Madrid, Francisco no lo sorprende. Está acostumbrado a ver a Bergoglio en la UCA y no sólo en actos protocolares. "Venía seguido", dijo, y advirtió: "No tenemos que apropiarnos de él. Ahora es el Papa de todos, es patrimonio de la humanidad".
Mariano Tomatis y Maru de Chiara, que viven en Villa del Parque, llegaron el domingo para el Angelus. "En todas sus apariciones ha actuado como un cura de pueblo", se entusiasmó Mariano. Ambos destacaron la sencillez del Pontífice, que sigue usando la misma mitra que utilizaba en Buenos Aires y que fue confeccionada por las monjas benedictinas de Santa Escolástica.
Con una bandera argentina y otra alemana, festejaba en medio de la plaza el sacerdote Diego Oscar Elola, ordenado en la diócesis de Gualeguaychú y que hace tres años dirige la comunidad de habla española en una parroquia de Mannheim. "Es como si estuviéramos viendo una película. Tenemos que comportarnos a la altura de las circunstancias", exclamó. Elola destacó la humildad de Benedicto XVI y el gesto de su renuncia. "Les facilitó el camino a todos los papas que vendrán después", dijo.
De la misma ciudad alemana es Mariano Etcheverry, de 40 años, que trabaja en la industria química. Llegó anteayer, durmió en la Plaza San Pedro. "La elección de Francisco tiene dimensiones históricas, es un signo de cambio en la Iglesia y podrá producir también cambios en la Argentina", dijo.
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