Barreto: "El Papa no va a cambiar ni ha pensado cambiar la ley del celibato"

El cardenal peruano, Pedro Barreto Jimeno, aseguró a LA NACION que la mayoría de los 185 padres sinodales está a favor de la ordenación de hombres casados ancianos de probada fe
El cardenal peruano, Pedro Barreto Jimeno, aseguró a LA NACION que la mayoría de los 185 padres sinodales está a favor de la ordenación de hombres casados ancianos de probada fe Fuente: Reuters
Elisabetta Piqué
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21 de octubre de 2019  • 18:00

ROMA.- El cardenal peruano Pedro Barreto Jimeno, arzobispo de Huancayo y uno de los presidentes delegados del sínodo sobre la Amazonia que culminará esta semana en el Vaticano, no tiene dudas. En una entrevista con LA NACION aseguró que la mayoría de los 185 padres sinodales presentes en la asamblea especial que comenzó el 7 de octubre sobre los desafíos pastorales y sociales de una región clave del planeta está a favor de la ordenación de hombres casados ancianos de probada fe (viri probati), una respuesta a la falta de sacerdotes en zonas remotas. Pero, consciente de que se trata de un tema conflictivo, que el ala conservadora rechaza y está usando para atacar al Papa, Barreto aclaró que eso no significaría un cambio de doctrina, sino pastoral. " El Papa no va a cambiar ni ha pensado cambiar la ley del celibato, que es un don, no un dogma", dijo.

Barreto, vicepresidente de la Red Eclesial Panamazónica (Repam), contó que al principio de la reunión de obispos "hubo intentos de parte de los organizadores de cerrar, de no tocar" la cuestión de los viri probati y del diaconado de la mujer, dos temas antes tabú, que dividen a reformistas y conservadores. "Eso se cortó de inmediato porque el el papa Francisco pidió que se hablara con total libertad, que no hubiera miedo. Y no hay divergencias ni tensiones, sino que hay dos visiones. Y un grupo pequeño que expresa una tradición que no es verdadera", apuntó, al recordar que en los primeros tres siglos de la Iglesia "los sacerdotes éramos casados" y había diaconisas.

Barreto consideró que la fuerza de este sínodo -que culminará este sábado, con un documento final que será presentado al Papa, que no es deliberativo, sino consultivo- fue su proceso de preparación. En un año y medio, de hecho, fueron consultadas más de 80.000 personas, hubo 45 asambleas territoriales y decenas de foros temáticos sobre la Amazonia, nuevos caminos para la Iglesia y para una ecología integral. "Fue un proceso de escucha desde lo local, desde el territorio", destacó el prelado, que fue creado cardenal el año pasado y que lleva la misma cruz pectoral plateada del Papa, con la figura del buen pastor.

Jesuita nacido en Lima hace 75 años y defensor de los pueblos originarios desde antes de ordenarse, Barreto conoció a Jorge Bergoglio en 1981 en Buenos Aires durante ejercicios espirituales ignacianos. Recordó que cuando le contó al entonces provincial que su madre había nacido y vivido en Flores hasta los 9 años, Bergoglio lo llevó a recorrer el barrio, que era el suyo. Aunque pasó mucha agua debajo del puente y volvió a verlo en otras oportunidades, en Roma y en Aparecida, subrayó que desde que fue electo Papa, al elegir llamarse Francisco, quiso poner al centro el clamor de "nuestra hermana madre Tierra" y el grito de los pobres. Justamente por esto escribió la encíclica Laudato Sí y convocó a un sínodo sobre la Amazonia -un pulmón del mundo bajo amenaza, que tiene una dimensión local y global a la vez, en el que participan 16 representantes de pueblos originarios-, algo años atrás inimaginable en el Vaticano.

"Con este sínodo estamos dentro del Amazonas, en una barca, con ritmo lento, pero bien, aunque haya críticas de gente que está en la orilla, que no está en la barca, que puede insultar con parlantes sofisticados", dijo, aludiendo a los grupos hostiles a cualquier cambio.

-En una entrevista el cardenal alemán, Gerhard Muller, líder de los conservadores, fue al ataque y dijo que ni siquiera el Papa no podía abolir el celibato..

-Muller está en la orilla, no está en la barca. El Papa no va a cambiar ni ha pensado cambiar la ley del celibato y lo ha dicho claramente: 'prefiero morir antes que abolir la ley del celibato'. No quiero discutir con un hermano cardenal, pero la doctrina no se cambia, la doctrina sigue siendo la de la Iglesia católica, pero la doctrina incluye también la doctrina social de la Iglesia y la encíclica Laudato Sí es parte esencial de nuestro compromiso con Dios, con los hermanos y con la creación de la naturaleza. Desconocer la palabra de Dios es desconocer a Cristo, decía San Jerónimo. Desconocer al sucesor de Pedro, en este caso, Francisco, es desconocer a Cristo y estar fuera de la Iglesia.

-¿La ordenación de hombres ancianos casados no sería un cambio de doctrina entonces?

-Una cosa es la doctrina, una cosa es la acción pastoral. Y los viri probati es un cambio pastoral, no doctrinal. El don del celibato es, como dice su nombre, un don de Dios. El celibato recién comenzó en el año 306 en un concilio, el del Elvira, en España. El papa Siricio estaba casado, tuvo que renunciar a su mujer para ser papa en el siglo IV. El celibato se mantiene como don de Dios y no se puede tocar. Pero no es dogma de fe.

-¿La resistencia es a no escuchar el grito de la Tierra y de los indígenas, que pidieron la ordenación de hombres mayores casados, o es resistencia al Papa?

-Es resistencia al Papa, es resistencia a una Iglesia que quiere navegar por ese gran río que es la vida. No nos debe extrañar que haya resistencias porque la resistencia es no aceptar el riesgo de caminar. Quieren una iglesia estática, una iglesia de doctrina, más que de acción pastoral. Quieren una Iglesia contraria a lo que Jesús quería, que es una Iglesia cercana, una iglesia solidaria, una iglesia que realmente responda a las necesidades de las personas y de la misma naturaleza.

-Otro tema de batalla en el sínodo es el rol de las mujeres en la Amazonia, donde ya están actuando casi como sacerdotizas porque bautizan, bendicen matriomonios, escuchan confesiones...

-Sí. En mi arquidiócesis de Huancayo, que está en los Andes, hay comunidades a 7 horas o más de la ciudad, donde hay religiosas que bautizan, celebran la paraliturgia de comunión, hacen su homilía, reparten la comunión, también presiden el matrimonio religioso. ¡Pero esto es la práctica en toda América latina! Por eso nos preocupa mucho que (en el sínodo) digan que no, que no, que la mujer no. ¡Pero si ya está actuando!

-¿Qué habría que hacer entonces?

-A esa hermana, religiosa, consagrada a Dios -que en el fondo es laica, no es parte de la jerarquía-, yo como arzobispo la he autorizado para que celebre matrimonio y la gente lo acepta. ¿Por qué? Porque no hay sacerdotes para poder atender. Estas religiosas al final suelen explicar "esto no ha sido una eucaristía", pero la gente comenta "¡qué bonita ha sido la misa que ha celebrado la hermana!". Y esto lo he escuchado varias veces: "preferimos la misa de la hermana, que la del sacerdote que viene rápido y se va, porque esa hermana vive con nosotros". ¿Entonces cómo negar esta riqueza que tiene la Iglesia? Se ha insistido mucho en el sínodo de que hay que pasar de una pastoral de la visita a una pastoral de la presencia porque la presencia en los pueblos más alejados es a través de las religiosas.

-¿Cree que pasará al final la ordenación de hombres casados ancianos (viri probati)?

-Yo no podría decir eso, pero ya está en la base. Pero también hay que cuidar al Papa: la mayoría somos muy claros que tenemos que responder a esta necesidad pastoral, pero al mismo tiempo cuidar también la Iglesia universal y al Papa.

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