De la guerra al intento de compra: la historia contradice el relato de Trump sobre Groenlandia
La presión del presidente norteamericano reavivó el sentimiento nacionalista danés y los históricos vínculos con la isla más grande del mundo
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Aunque Groenlandia se encuentra prácticamente a la misma distancia de Dinamarca que de Estados Unidos —unos 2000 kilómetros en su punto más cercano— y, desde el punto de vista geográfico, pertenece al continente americano, el gobierno estadounidense nunca se interesó demasiado por lo que el presidente Donald Trump definió despectivamente en el Foro Económico Mundial de Davos como un “pedazo de hielo”.
Solo en 1941, cuando las fuerzas nazis avanzaban por Europa y a pedido del gobierno danés en el exilio, Washington aceptó desplegar tropas en la isla más grande del mundo, en lo que en este caso sería más apropiado llamar su “patio delantero”.
En su particular lectura de la historia, Trump dijo en Davos: “Después de la guerra, devolvimos Groenlandia a Dinamarca. ¡Qué estúpidos fuimos al hacerlo! Pero lo hicimos. Pero la devolvimos. ¡Pero qué ingratos son ahora!“.
Sin embargo, el acuerdo de 1941 reconocía explícitamente que la isla estaba y seguiría estando bajo soberanía danesa. O sea que Estados Unidos nunca tuvo que “devolver” nada tras la caída nazi. Pero sí comenzó a desarrollar un nuevo interés geopolítico en ese territorio, especialmente por la amenaza expansionista que constituía en aquella época la Unión Soviética (URSS).
Así, en 1946, por primera vez tras casi mil años de control escandinavo, el presidente estadounidense Harry Truman (1945-1953) presentó a la corona danesa una oferta formal para comprar Groenlandia por 100 millones de dólares en oro —equivalentes a unos 1700 millones de dólares actuales—.
Sin embargo, aquellos eran tiempos en que los daneses intentaban recuperar con dificultad el orgullo nacional destrozado luego de cinco años de ocupación nazi, y no mostraron disposición alguna a vender territorio soberano.
Aunque entonces no hubo ninguna consulta a la población autóctona de la isla, ochenta años más tarde tanto los groenlandeses como los daneses no están dispuestos a renunciar a ese vínculo milenario, ni siquiera ante una eventual oferta de 700.000 millones de dólares —unas 400 veces superior a la de 1946— que el magnate norteamericano estaría dispuesto a pagar.
Historia milenaria

Históricamente, los habitantes originarios de Groenlandia fueron los inuit (o esquimales), un pueblo formado actualmente por unas 150.000 personas que se extiende por lo que es Groenlandia, Canadá, Estados Unidos (Alaska) y Rusia (Chukotka).
De hecho, el 85% de los 57.000 habitantes que tiene hoy la isla es de familia inuit y solo el 12% de origen danés. La llegada europea a estas tierras se produjo hace poco más de un milenio.
“El descubrimiento europeo de América comenzó en realidad por Groenlandia”, comentó desde Copenhague a LA NACION el historiador de la Universidad de Barcelona, Andreu Alegre, especializado en historia danesa, y director de una empresa turística danesa.
Efectivamente, casi cinco siglos antes de Cristóbal Colón, alrededor del año 900, el explorador noruego Gunnbjörn Ulfsson se convirtió en el primer europeo en llegar a territorio americano al arribar a lo que hoy es Groenlandia. Todos los aventureros y colonizadores que le siguieron llegaron desde el norte de Europa. De hecho, en la actual isla de Terranova, en Canadá, se hallaron restos arqueológicos datados en el año 1021 que confirman la presencia de asentamientos vikingos en América del Norte.
“Resulta muy llamativo el nombre de Groenlandia, ‘tierra verde’ para un sitio cubierto por un gran manto de nieve y hielo la mayor parte del año”, advirtió Alegre. “Casi un siglo después de Gunnbjörn Ulfsson, fue otro noruego, Erik, el rojo, el primer colonizador. Como él venía desde Islandia, ‘tierra del hielo’, pensó en un nombre más atractivo para convencer a los islandeses de emigrar. ‘La gente solo se sentiría atraída a ir allí si el lugar tuviera un nombre favorable’, escribió el propio Erik en las sagas islandesas donde relató la llegada del primer grupo de colonos que viajó de la ‘tierra del hielo’ para establecerse en la ‘tierra verde’“, recordó el especialista.
El conjunto de reinos escandinavos tiene una larga historia de integración y fragmentación. Pero con el paso de los siglos, Dinamarca llegó a consolidarse como un imperio con colonias en distintos continentes: en América —como las Islas Vírgenes, vendidas a Estados Unidos en 1917, una de las cuales fue adquirida décadas después por el financista Jeffrey Epstein—; en África, con asentamientos en territorios de la actual Ghana y otras zonas; y en Asia, donde mantuvo la colonia de Tranquebar, en la India.
En la actualidad, sin embargo, solo Groenlandia y las Islas Feroe permanecen bajo soberanía danesa fuera del territorio continental europeo.
Por las propias condiciones inclementes del territorio groenlandés, los inuit -un pueblo nómada sin mayores organizaciones políticas-, nunca ofrecieron resistencia a la presencia europea. Sólo a mediados del siglo XX surgieron algunos grupos autonomistas e independentistas, pero siempre se trató de iniciativas pacíficas. Hoy existe un Consejo Circumpolar Inuit, que reúne a representantes de Rusia, Canadá, Alaska y Groenlandia, y que expresó su rechazo a la ofensiva de Trump.
“Ya hemos pasado por la colonización y sabemos lo que significa cuando los intereses de otros, naciones y pueblos más poderosos, nos afectan negativamente y cuando las decisiones se toman a miles de kilómetros de nosotros”, dijo la semana pasada Sara Olsvig, presidenta del Consejo Circumpolar Inuit y exmiembro de los parlamentos de Groenlandia y Dinamarca.
Aunque inuits y originarios daneses conviven pacíficamente en Groenlandia y sus idiomas se usan de forma indistinta, donde llamativamente existe más prejuicio contra la población originaria groenlandesa es en Copenhague. “Los inuit que emigraron a la capital danesa suelen tener problemas de alcoholismo, desocupación y muchas veces no hablan danés. Ese es el cliché que existe aquí sobre ellos”, comentó Alegre.
El historiador afirmó que desde la perspectiva danesa existen tres grandes motivos de fondo que impulsan el interés de Donald Trump por Groenlandia. “Primero hay un tema geoestratégico. Con la desglaciación del Ártico, las nuevas rutas comerciales pasarán por allí, y también los barcos militares rusos. Luego está la cuestión de los recursos naturales. Hay muchos yacimientos de gas, petróleo y tierras raras que están sin explotar. Y finalmente es un tema de ego. Indudablemente Trump quiere pasar a los libros de historia como el presidente que agregó este estado que puede llegar a ser el más rico de Estados Unidos. Y, aunque esto ha generado un fuerte sentimiento nacionalista en Dinamarca, si Trump decide ocupar Groenlandia por la fuerza, no imagino al pueblo danés apoyando el envío de tropas para defender la isla“, concluyó Alegre.
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