En un cambio de rumbo, el régimen chino limitará su rol en la economía

El gobierno permitirá una mayor participación privada en los bancos y en las industrias
Cara Buckley
David Barboza
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25 de mayo de 2013  

SHANGHAI.- Es un marcado cambio de política: el gobierno chino planea permitir que las empresas privadas y las fuerzas del mercado desempeñen un rol mayor en la economía de China, la segunda más grande del mundo después de Estados Unidos.

En un discurso ante cuadros del Partido Comunista, con una retórica pro mercado que no se escuchaba desde hacía más de una década, el nuevo primer ministro, Li Keqiang, dijo este mes que el gobierno central reduciría el papel del Estado en materia económica, con la esperanza de desatar las energías creativas de la nación.

Ayer, el gobierno de Pekín también emitió una serie de propuestas que parecen orientadas a demostrar que Li y los otros dirigentes hablaban en serio de reducir la intervención del gobierno en los mercados y de darle a la competencia entre los distintos agentes privados un rol más importante a la hora de decidir inversiones y establecer precios.

Las modificaciones, de tener éxito, podrían convertir a China en un competidor aún más fuerte en el escenario global, al alentar la innovación y ampliar la clase media.

Lo que no está claro es si Pekín podrá reestructurar una economía que es completamente adicta al crédito estatal y las directivas del gobierno. Pero los analistas consideran esos anuncios como los signos más visibles, hasta el momento, de que los planificadores políticos de China piensan seriamente en renovar el modelo de crecimiento de su nación.

"Realmente, es un cambio radical", dijo Stephen Green, economista del banco británico Standard Chartered y experto en economía china. "Se viene hablando del tema desde hace tiempo, pero ahora estamos frente a una agenda explícita de reformas que viene desde la cúpula."

Las propuestas son amplias y fueron elaboradas por la Comisión Nacional de Desarrollo y Reformas, una agencia que decide las políticas de varias áreas de la economía y la industria.

La reforma incluye ampliar el impuesto a los recursos naturales, encaminarse gradualmente hacia la liberación de las tasas de interés de los bancos y desarrollar políticas que "promuevan el ingreso efectivo de capitales privados en las finanzas, la energía, los ferrocarriles, las telecomunicaciones y otras esferas", según la directiva publicada en el sitio del gobierno.

Los inversores extranjeros tendrán más oportunidades para invertir en el sector de las finanzas, la logística, el cuidado de la salud y otros más. "La sociedad toda espera con ansias nuevos avances en las reformas", reza la directiva.

Pocas alternativas

Durante años, los gobiernos, los bancos y las empresas occidentales se han quejado de que el gobierno chino impide la inversión extranjera en la banca y otros servicios para la industria, a pesar de sus promesas de apertura. La reciente directiva no da detalles de los cambios en la regulación sobre la inversión extranjera que los planificadores de Pekín puedan tener ahora en mente.

Los líderes de China también están prometiendo acelerar los esfuerzos para liberar las tasas de interés y flexibilizar los controles al intercambio extranjero, cambios que probablemente reducirían las distorsiones de precios de la economía y harían posible que el mercado fije el valor de la moneda china, el renminbi, o yuan.

El giro no marca el fin del gran Estado chino, dicen los expertos. Difícilmente el Partido Comunista abandone el modelo de capitalismo estatal, rompa los enormes oligopolios que controla el Estado o privatice sectores importantes de la economía que el régimen considera estratégicos, como la banca, la energía y las telecomunicaciones.

Pekín parece ir hacia adelante porque tiene pocas alternativas. Este año, la economía perdió impulso, debido a la caída de la inversión y de las exportaciones a Europa y Estados Unidos. El encarecimiento de la mano de obra y el fortalecimiento de la divisa china también hicieron mella en la competitividad de sus productos.

Los líderes chinos parecen creer que un mayor gasto público podría empeorar las condiciones económicas y que el sector privado debe entrar en el juego.

El boom económico responsable del auge de China en la última década, tras el ingreso del país a la Organización Mundial de Comercio, parece haber disfrazado problemas subyacentes en su fórmula para el crecimiento.

Para tener éxito, los líderes de China deberán enfrentarse a poderosos grupos de interés, así como a los funcionarios corruptos que se acostumbraron a usar su poder político para enriquecerse ellos y sus familias, con sobornos y acciones de las compañías.

Sin embargo, la aplicación de estos cambios, que reducen el gasto público y que confían en el sector privado, podría debilitar aún más la economía en el corto plazo, y elevar el desempleo. Ése es el desafío que enfrentan los nuevos líderes de China al prometer la transformación económica más osada en una década.

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