Guillermo le soltó la mano a Harry y la reina convocó a una cumbre

Isabel II
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Crece la tensión entre los hermanos horas antes de "la confrontación de Sandringham", la reunión pedida por Isabel II
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13 de enero de 2020  

LONDRES.- Horas antes de una reunión clave en la residencia real de Sandringham que definirá el futuro del príncipe Harry y su esposa, Meghan, dentro de la monarquía británica, su hermano Guillermo le soltó la mano cuando afirmó que ahora son "entidades separadas", según publicó ayer el Sunday Times.

El príncipe Guillermo habría confesado a un amigo su decepción ante la intempestiva decisión de Harry y Meghan: "He puesto mi brazo sobre los hombros de mi hermano toda la vida, pero ya no puedo seguir haciéndolo". Guillermo siente que él y Harry, muy unidos desde la muerte de su madre, Diana, en 1997, se han distanciado mucho.

Las declaraciones de Guillermo auguran una reunión tensa para hoy. Las negociaciones ya habían empezado con el pie izquierdo luego de que la reina pusiera un freno al impulso de los duques de Sussex, que anunciaron el miércoles pasado en Instagram -y sin avisar a la corona- que tenían la intención de dividir su tiempo entre Gran Bretaña y América del Norte luego de "dar un paso al costado como miembros de la familia real y trabajar para ser económicamente independientes".

Hoy la reina recibirá a los príncipes Harry y Guillermo y al padre de ambos, el príncipe Carlos, en su residencia de descanso en Sandringham, donde se encuentra ahora, rodeada de asesores. Meghan, que está de viaje en Canadá con Archie, el hijo de la pareja, probablemente participe del encuentro a través de una conferencia telefónica. En el palacio aseguran que la reina está decidida a resolver la situación en "días, no semanas".

Según el Sunday Times, en el encuentro se abordarán varios temas: la magnitud de la asignación financiera que Carlos atribuye al matrimonio, los títulos reales y el alcance de las transacciones comerciales que Harry y Meghan podrán emprender en el futuro. Otros detalles a resolver incluyen las consecuencias impositivas de la presunta mudanza de la familia a Canadá o Estados Unidos y quién pagará el servicio de seguridad para la pareja, que actualmente es financiado por el Estado.

Hasta el momento, la pareja renunció a su parte de asignación mensual, aunque manifestaron su deseo de conservar sus títulos de duques, la protección policial y el uso del Frogmore Cottage, una casa en los terrenos del castillo de Windsor, al oeste de Londres, cuya renovación se pagó con 2,4 millones de libras del erario. Además, registraron la marca Sussex Royal, que cubre ámbitos diversos: desde tarjetas postales y ropa hasta consultorías y campañas caritativas.

Una grieta en la realeza

La decisión de Harry y Meghan de retirarse de sus funciones como miembros de la monarquía británica es el epílogo tras un período de creciente distanciamiento entre ellos y el resto de la familia real. Pasaron la Navidad en Canadá, alejados del Reino Unido. En octubre, Harry había dicho en una entrevista que él y su hermano Guillermo, que está destinado al trono, transitaban "caminos diferentes".

La reina, que aparentemente no había sido consultada, se sintió dolida por el contenido y la forma del anuncio. En respuesta al mismo, el Palacio de Buckingham emitió un breve comunicado oficial que decía que "son cuestiones complicadas que requieren tiempo para ser resueltas".

Otro punto de tensión para la pareja era la relación con la prensa sensacionalista británica. El príncipe Harry -que es el sexto en línea para la corona, después de su padre, su hermano y sus tres sobrinos- siempre culpó a la prensa de la muerte de su madre en un trágico accidente automovilístico en París, en 1997.

La pareja, junto con su hijo, se tomó unas largas vacaciones tras haber expresado su malestar por las críticas de los medios sobre los supuestos caprichos de Meghan Markle y su lujoso estilo de vida. Harry consideraba que la prensa acosaba a su esposa como antes lo había hecho con su madre. El descontento tomó un cariz judicial con varias demandas a diarios que, según la pareja, habían tomado a Meghan como objetivo de un abuso que muchas veces tenía "un trasfondo racial".

La opinión pública, que siempre observó con lupa las idas y venidas de los duques de Sussex, parece mirar con desagrado la decisión de Harry y Meghan. Incluso aquellos que sienten simpatía por la pareja consideran que Harry y su esposa deberían renunciar a todo apoyo económico de la realeza y que el príncipe ya no debería figurar en la línea de sucesión al trono.

La simpatía por la reina, en cambio, fue casi universal. Cuando Isabel II realizó ayer su visita semanal a la Iglesia de Santa María Magdalena en Sandringham (un pueblo en el condado de Norfolk, a 160 kilómetros de Londres), los habitantes del lugar se acercaron a dar aliento a la monarca.

Jean Acton, de 70 años, estaba entre el grupo que esperaba la llegada de la reina frente a la iglesia. "Me siento tremendamente mal por ella", dijo Acton, y agregó: "[Esta situación] sería horrible para cualquier padre o madre, no importa si eres o no de la realeza".

Agencias AFP y AP

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