La campaña europea reaviva la guerra fría entre el Papa y Salvini

El líder de la Liga refuerza su visión contrapuesta a la de Francisco de cara a las elecciones al Parlamento
El líder de la Liga refuerza su visión contrapuesta a la de Francisco de cara a las elecciones al Parlamento Fuente: AFP - Crédito: Andreas Solaro
Elisabetta Piqué
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19 de mayo de 2019  

ROMA.- Siempre hubo una "guerra silenciosa" entre Matteo Salvini, líder de la ultraderechista y xenófoba Liga y hombre fuerte del gobierno italiano, y Francisco. El Papa, que se volvió la voz de los inmigrantes, los refugiados y los excluidos, ha sido blanco de críticas de Salvini desde julio de 2013, cuando visitó la isla siciliana de Lampedusa, símbolo del drama de los desesperados que se ahogan en el Mediterráneo en su intento por alcanzar una vida mejor en Europa.

Ese primer gesto de Jorge Bergoglio escandalizó a los partidos de extrema derecha de toda Europa que viven de su retórica y políticas antiinmigrantes. Una línea que adoptó también Salvini al estrenarse como ministro del Interior y viceprimer ministro de Italia, en junio del año pasado, cuando decidió cerrar los puertos del país a las naves de las ONG que rescatan a los migrantes. "Primero los italianos", es el grito de batalla de Salvini, una figura totalmente antitética del Papa.

Ya desde antes de llegar al gobierno, Salvini, que se proclama católico y que en algunos actos empuña Biblia y rosario, manifestó su discrepancia con la visión de Iglesia abierta a los últimos de Francisco, un papa hijo de inmigrantes. En un acto que encabezó en 2016, repartió remeras con la leyenda: "Mi papa es Benedicto".

En el último tramo de la campaña con vista a las elecciones para renovar el Parlamento Europeo, que se celebrarán el domingo próximo, salió como nunca a flote esa guerra fría entre Salvini y Bergoglio, dos figuras opuestas, pero ambas de gran popularidad en Italia.

La semana pasada, grupos de extrema derecha atacaron a una familia gitana a la que la municipalidad de Roma -en manos de Virginia Raggi, del Movimiento 5 Estrellas- le había asignado una vivienda en Casal Bruciato, un barrio de la periferia de la capital.

En una virtual respuesta a este episodio -uno de los tantos de racismo y xenofobia que se multiplican en los últimos tiempos-, el Papa recibió en el Vaticano a 500 personas de comunidades rom y sinti. "Leo los diarios y sufro. Esto no es civilización", les dijo el Papa, que también saludó personalmente a la familia que fue víctima de la agresión.

"Me alegra que el Papa se haya reunido con chicos rom y sinti en el Vaticano: justamente para tutelarlos, mi objetivo es cerrar todos los campos, identificando primero a quienes viven allí, asegurándome que los niños vayan a la escuela y no sean educados a robar u obligados a vivir en situaciones de degrado, suciedad, violencia o ilegalidad", retrucó Salvini. El ministro del Interior nunca logró ser recibido en audiencia en el Vaticano por Francisco, que algunos analistas consideran el único obstáculo al populismo de ultraderecha en auge en el Viejo Continente.

Ataque

En otro fiel reflejo de la pulseada, Salvini volvió al ataque después del clamoroso episodio protagonizado por el cardenal polaco Konrad Krajevski, limosnero pontificio, que el sábado de la semana pasada bajó por una alcantarilla y reactivó la energía eléctrica en un edificio ocupado por casi 500 personas, al que la empresa eléctrica había cortado desde hacía seis días el suministro por falta de pago. Salvini enseguida exigió al cardenal polaco, rebautizado el "Robin Hood" del Papa, pagar todas las facturas atrasadas. "Apoyar comportamientos ilegales nunca es una buena señal" para darle a la gente, señaló el ministro del Interior, que recordó que también hay muchos italianos "con dificultades" para pagar sus facturas.

"Voy a pagar también las boletas de Salvini", contestó con risas el cardenal polaco, muy cercano al Papa, que explicó que actuó por motivos de "humanidad" y siguiendo el Evangelio. Curiosamente, al día siguiente del acto "ilegal" de Krajevski apareció en el Vaticano, justo al mediodía, en el horario del Angelus, una pancarta enorme contra Francisco. "Bergoglio como Badoglio, stop inmigración", decía el cartel desplegado por Forza Nuova, un grupúsculo neofascista cercano a Salvini, en referencia al general italiano que firmó en 1943 el armisticio con las fuerzas aliadas y es considerado un "traidor" por los fascistas.

La respuesta del Papa llegó unos días después, durante la audiencia general de los miércoles, cuando subió al papamóvil para dar una vuelta a ocho niños refugiados -de Siria, Nigeria y el Congo-, que llegaron a Italia el 29 de abril pasado desde Libia, gracias a un corredor humanitario organizado por la ONU.

¿Cuántos votos cosechará Salvini con sus ataques al Papa, que cuenta con el respaldo de la Iglesia italiana? Imposible saberlo en un país cuya gran mayoría se declara católica, pero donde la crisis pega fuerte y el malhumor es grande.

Muchos piensan que haber atacado al "padre Corrado", un hombre del Papa, fue un gol en contra para Salvini. En Roma todo el mundo lo conoce por repartir de noche comida, ropa y medicamentos a los necesitados. Y desde que se bajó a la alcantarilla para reactivar la luz en un edificio ocupado que desde casi una semana estaba a oscuras -símbolo de la ausencia del Estado- es venerado como un santo.

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